Guadalajara

Kía es una cangurita de seis meses de edad que perdió a su mamá, Anya, por problemas cardiacos. Ahora, los cuidadores de la villa australiana del Zoológico de Guadalajara, en especial la médico veterinario Alma Ortega, se encargan de darle los cuidados básicos y especiales a la pequeña cría de canguro Rojo.

Los canguros son marsupiales, pues se engendran en el útero de la madre, pero terminan por desarrollarse en una especie de bolsa, agarrados a las glándulas mamarias, mismas que contienen tres diferentes tipos de leche para la alimentación en cada etapa de crecimiento. La gestación es de tan sólo un mes y nacen midiendo dos centímetros y pesando un gramo, además son ciegos, sordos y no tienen las patas desarrolladas.

Alma es la encargada de alimentar a Kía, para lo que utiliza un sustituto de leche especial para canguros, importado de Atlanta y el cual evita que padezca deformaciones en patas o problemas digestivos; su dieta se complementa con croquetas, también especiales. Los expertos esperan que en unos seis meses inicie una dieta que incluya verduras.

Armada con un morral para bebes y cobijas, Alma sustituye el marsupio para hacer sentir segura y cómoda a Kía, y así comienza el día. “Si el clima es el indicado la sacamos a saltar y a husmear el que será su hogar. Cada tres horas hay que alimentarla y luego estimularla para ayudarle a defecar y orinar”, explica.

Los cuidados para la cangurita tienen que ser las 24 horas. Con la ayuda de un manual, Alma debe seguir al pie de la letra cada uno de los requerimientos.

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“La crianza de un canguro es muy larga y pesada por las diferentes etapas de crecimiento que tienen”, dice Alma. Kía estará en exhibición una vez que concluyan con su crianza y sea un canguro fuerte e independiente.

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