16 | SEP | 2019
Irene Ramírez Juárez, de 34 años, quiere volver a trabajar en la venta de semillas y dulces en los cruceros de la ciudad. Foto: DAVID CARRIZALES. EL UNIVERSAL

Irene Ramírez es mamá de 10 hijos y por trámites le niegan apoyo de Jefas de Familia

28/03/2018
01:27
David Carrizales / Corresponsal
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Tras el nacimiento del último bebé y el abandono del esposo llegó la ayuda; por trámites no es beneficiaria del apoyo Jefas de Familia, de $500 al mes

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Monterrey.— Sin trabajo, sin saber leer, ni escribir y abandonada por su pareja cuando estaba a punto de dar a luz al décimo hijo de ambos, Irene Ramírez Juárez, de 34 años, vio cambiar su suerte. Desde que Fabián nació, el pasado 31 de enero, su condición precaria comenzó a transformarse, como si el pequeño hubiera traído bajo el brazo “fortuna” para toda la familia.

La descendencia de Irene y Martín Andrés Pedro está conformada por Fabián, Esmeralda, Sara, Santiago, Irene, Vicente, Celina, Alejandra, Daniel y Ana Lizbeth, con edades que van de un mes y medio a los 17 años.

Fue en febrero cuando comenzaron a ocurrir las modestas pero sustanciales mejoras. Ello, gracias a la difusión de su historia en una televisora local y a que su marido los dejó, cuenta Irene.

La familia vive en un predio irregular de la colonia La Alianza, una zona popular que se ubica a sólo 20 kilómetros de Monterrey, la llamada “Capital industrial de México”, en un estado que presume contar con el menor índice de pobreza y el segundo de mayor ingreso per cápita del país.

Habitan una casita de láminas y tablas, con piso de tierra y formada por una sola pieza de aproximadamente 8x4 metros, que sirve de sala, cocina, comedor y dormitorio. Al fondo, el sanitario está separado por una cobija que hace las veces de puerta. Hasta hace unos días, la taza del baño estaba casi hasta el tope, porque el pozo donde se descargaban los desechos había agotado su capacidad.

Pese a las carencia propias, sus vecinos comenzaron a compartirles alimento; en el barrio viven comerciantes, pepenadores y familias de alta marginación social que dependen de la economía informal para sobrevivir.

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Tras conocerse su historia, la familia ha recibido ropa, colchones, comida, un comedor de medio uso, una parrilla de gas LP y la reconstrucción de su casa. (FOTO: Emilio Vasquez. EL UNIVERSAL)
 

La reconstrucción. Después llegó ayuda de la agrupación "Cadena de Favores", puesto que su representante, Blanca Marcial, ha gestionado y aportado apoyos para hacer su situación “más llevadera”.

Ropa, colchones, comida, un comedor de medio uso, una parrilla de gas LP, la reconstrucción de la casa con láminas y maderas nuevas, así como el nuevo sanitario, son parte de los beneficios que han recibido.

El domingo 18 de febrero, señala Irene, jóvenes guiados por la señora Marcial reconstruyeron la vivienda, dando prioridad al servicio sanitario. El siguiente fin de semana nuevamente la visitaron para “echar” la mitad del piso de cemento.

Blanca Marcial, dice, se conmovió tanto con el caso que asumió el compromiso espiritual de ser madrina de bautizo de ocho de los 10 hijos de Irene, mientras que su hija, Leslie Puente, lo asumió con los dos chicos restantes. La ceremonia se celebró en la Parroquia de Santa Filomena, de la colonia La Alianza, el pasado 10 de marzo.

El futuro. Irene quiere volver a trabajar en la venta de semillas y dulces en los cruceros de la ciudad, para ello, afirma, no ve problema en llevarse al pequeño Fabián terciado a la espalda, pues así lo hizo con los otros niños.

Argumenta que necesita dinero para pagar los 15 o 20 pesos que le piden en la escuela primaria para que Vicente, Irene y Santiago tengan derecho a presentar exámenes. Dos de los mayores, Celina, de 12 años, y Alejandra, de 13, no fueron admitidos en la primaria debido a su edad, por lo que acuden dos días a la semana al Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA) para aprender a leer
y escribir.

Sarita, de tres años, quiere ir al kínder. Y Daniel, uno los mayores, cuida a uno de sus abuelos, mientras Ana trabaja para apoyarla con los gastos de la casa.

Irene detalla que no puede depender sólo de la ayuda que le brinda su comadre Blanca y otras personas. “Vendiendo semillas y dulces, aquí en Sendero, no saco mucho, pero por lo menos para darles de comer una tortilla, luego me piden algo para la escuela y no tengo para darles”.

Sin embargo, cuando se le pregunta qué necesita para salir adelante, responde “no sé”, pero reconoce que nunca ha tenido un refrigerador, que lava a mano y que para la educación de sus hijos faltan útiles básico como libretas, lápices y borradores. Admite lo difícil que resulta apoyar a sus niños con las tareas, si ella no sabe leer ni escribir. Los maestros la mandan llamar y lo único que puede hacer, dice, es insistirles que estudien “para que no estén como yo” y cuando crezcan tengan un trabajo.

Asegura que no ha podido gestionar el apoyo del gobierno estatal para Jefas de Familia, de 500 pesos mensuales, porque en su credencial de elector aparece su antiguo domicilio en el municipio de Escobedo, y tendrá que obtener una carta de un juez auxiliar para acreditar su residencia.

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Blanca Marcial, de Cadena de Favores, asumió el compromiso espiritual de ser madrina de bautizo de ocho de los 10 hijos de Irene Ramírez. (FOTO: Archivo. EL UNIVERSAL)

Vivir en la marginación. Irene Ramírez considera estar acostumbrada a lidiar con la pobreza desde que vivía en la zona rural de su natal Amealco, Querétaro, lugar que abandonó hace más de 25 años juntos con sus padres y hermanos para buscar en Nuevo León un mejor porvenir.

En su tierra donde el maíz, el frijol y los nopales eran la fuente principal de alimentación, dice, “fue a la escuela muy poquito tiempo”, por lo que no pudo aprender a leer y escribir. Su padre le prometió que en Monterrey le daría escuela, pero eso nunca ocurrió.

De adolescente, mientras combinaba el cuidado del hogar con la venta de dulces Mientras, también convivía con jóvenes provenientes de Querétaro, fue así como conoció a Martín Andrés Pedro, con quien, a los 15 años, hizo vida de pareja en unión libre.

Después, su numerosa prole los obligó a buscar un lugar propio para vivir y se asentaron en La Alianza. Sin embargo, Irene pasó a ser la jefa de familia, pues Martín se fue de la casa, dejando sólo 200 pesos para el gasto.

La mujer supo que su esposo ya no volvería al darse cuenta de que se había llevado hasta la ropa sucia y al “caerle el 20” de que se llevó varios pantalones y camisas limpias, argumentado que hacía frío. Hoy más que nunca, dice Irene, lucha por mejores condiciones para sus hijos.

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