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Jóvenes cambian rutina por inseguridad

La mayoría de los estudiantes en Guadalajara ahora avisan a dónde acudirán o intercambian su ubicación por medio de apps ante los riesgos

Inseguridad cambia rutina a jóvenes en Jalisco
La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en Guerrero, y la de los estudiantes de cine en Tonalá, Jalisco, impulsó a la juventud a salir a las calles a para exigir a los gobiernos estatales garantías de seguridad (FOTO: ESPECIAL)
Estados 28/05/2018 03:48 Raúl Torres / Corresponsal Jalisco Actualizada 13:55

Guadalajara.- Ante el aumento de inseguridad en la Zona Metropolitana de Guadalajara, los jóvenes han modificado sus hábitos cotidianos y ahora están más pendientes a tomar medidas de seguridad y protección para evitar ser víctimas de un delito.

La mayoría de ellos coincide en que un parteaguas para su generación fue el primer caso de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa y recientemente el de los tres estudiantes de cine de la Universidad de Medios Audiovisuales (CAAV), supuestamente eliminados en Tonalá el pasado 19 de marzo, lo que impulsó a este sector a hacer movilizaciones en las calles y exigir al gobierno del estado garantías de seguridad.

Deyaret Garfias camina entre miles de personas, levanta el puño cada que grita una consigna, cree en ellas y se siente decepcionada de la forma en que las generaciones que la anteceden han permitido que la violencia en este país prolifere.

Tiene 18 años y cubre su largo pelo negro con una gorra de beisbol, hace unos meses llegó de Sonora a Jalisco para estudiar en la Universidad de Guadalajara y mientras marcha en una de las manifestaciones para exigir la aparición con vida de Salomón Aceves, Marco García y Daniel Díaz, los tres estudiantes de cine de la Universidad de Medios Audiovisuales (CAAV) desaparecidos en Tonalá el 19 de marzo, se muestra desconfiada cuando se le pide una entrevista.

“En estos tiempos ya no puedes confiar en nadie, tienes que cuidarte de todos”, se justifica.

En su opinión, el 26 de septiembre de 2014, cuando desaparecieron los 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, quedó grabado en la memoria de los jóvenes del país porque se dieron cuenta de que a cualquiera lo pueden desaparecer.

Antes de seguir su marcha, la joven afirma que han tenido que aprender a cuidarse de otras formas, que hoy es casi impensable no avisarle a alguien más dónde estás y con quién.

Asegura que tras lo ocurrido con los estudiantes en Guadalajara, sus padres están más preocupados y le llaman más a menudo para saber cómo está.

Óscar Juárez es estudiante del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y coincide en que lo ocurrido en Ayotzinapa fue un parteaguas para los jóvenes y más para los que han decidido participar en movilizaciones de protesta.

Desde hace algunos meses él se ha involucrado en el tema de los desaparecidos en Jalisco y se ha vinculado con Por Amor a Ellxs, organización de familias que están en búsqueda de algún ser querido desaparecido. “Pero ahora con el tema de los compañeros del CAAV es algo que nos interpela aún más porque son compañeros con los que compartimos círculos sociales y lugares de recreación”, señala.

En su universidad varios de sus conocidos utilizan la tecnología para compartir en tiempo real su ubicación, se mandan mensajes para saber dónde se encuentran, o para discutir si el sitio en el que se van a ver si es totalmente seguro.

“Ya no es solamente un trámite eso de avisar dónde estás, hay algo más de fondo; también hemos creado grupos de confianza a quienes avisarles por si tienes un problema, pero creo que nos faltan protocolos y saber qué hacer en casos de emergencia”, indica.

No bajar la guardia

En opinión de Daniel Hurtado, estudiante de la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA), hay muchas cosas por aprender para mantenerse seguros en estos tiempos, como no almacenar información importante en tu teléfono celular para evitar que durante un robo o secuestro los delincuentes puedan obtener datos que les den ventajas.

La verdad es que tenemos miedo de salir, ya no sólo en la noche, también en el día, y aunque tratas de tomar precauciones, como no salir solo o cargar poco dinero, no hay medida que te asegure que no te pasará nada”, afirma.

Afirma que no son sólo las desapariciones, que éstas tal vez son una de las caras más crueles de la inseguridad, pero que la vida cotidiana se ha visto trastocada, pues prácticamente todos conocen a alguien que ha sufrido algún tipo de violencia.

Considera que las autoridades de todas las universidades deberían compartir información, crear mapas de riesgo en torno a los campus y crear protocolos institucionales de prevención y reacción.

Por lo pronto, como parte de una comunidad universitaria, afirma que este asunto ya ha sido planteado a las autoridades de la institución en la que estudia y se han mostrado abiertas a trabajar porque son conscientes de que la prevención y autoprotección deben ser prioritaras.

Para Irving Quintero, del Tecnológico de Monterrey campus Guadalajara, lo ocurrido con los tres estudiantes de cine fue un detonante que ha obligado a muchos jóvenes a tomar mayores medidas de prevención.

“Hay aplicaciones para saber dónde se encuentran tus amigos, los recorridos que han hecho, a qué distancia están”, señala.

Aunque coincide con los demás en que algo se activó en los jóvenes a partir de lo ocurrido con los normalistas de Ayotzinapa, afirma que después la situación se diluyó y se permitió que la violencia se expandiera.

“Creo que por desgracia, los mexicanos, cuando estamos en el momento más denso de la situación es cuando tomamos más acciones, pero una vez pasada la situación empezamos a bajar la guardia”, indica.

Quintero piensa que tras lo ocurrido con los estudiantes de cine es necesario tomar acciones concretas y no volver a estar expuestos.

Señaló que a través de la Red Interuniversitaria de Jalisco (REDi) se ha planteado una agenda común que busca que las universidades de todo el estado trabajen de forma conjunta para homologar protocolos de actuación ante emergencias y luego bajar esa información al alumnado, lo que implicaría que millones de jóvenes en la entidad pudieran tener una mejor capacidad de reacción.

También los emprendedores

Pero no sólo los universitarios han tenido que modificar algunas de sus conductas para tratar de evitar la violencia y la inseguridad; el tema también es cotidiano entre los que han emprendido sus propios negocios o tienen una empresa.

“No es posible que en nuestras oficinas tengamos que poner cámaras, personas de seguridad y hasta rejas, nos volvemos espacios encarcelados y lo que queremos son espacios libres donde todos podamos transitar”, dice Hayk Muradian, presidente de los jóvenes empresarios de la Cámara de Comercio de Guadalajara.

Considera que el tema de la seguridad se ha vuelto un tópico cotidiano en la charla informal de los jóvenes, pues de cada 10 al menos tres han tenido algún problema, desde robos y asaltos hasta problemas mayores.

“La inseguridad nos está obligando a no salir a los espacios públicos y a encerrarnos en espacios privados con determinadas medidas de seguridad, lo que es absurdo”, señala.

Muradian señala que incluso hay encuestas sobre el uso de armas entre jóvenes y en ellas se refleja que muchos de ellos han optado por adquirir una como forma de protección, lo cual, en su opinión, no abona a la solución, pues representa un mayor peligro y genera más violencia.

Ante esta situación, han presentado una agenda prioritaria para los candidatos al gobierno y uno de los puntos medulares es la de seguridad, tema en el que proponen la creación de una “alerta metropolitana de desaparición” y la implementación de islas de seguridad con botones de pánico en sitios públicos.

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