18 | DIC | 2018

Feminicida es sentenciado a 30 años de cárcel en Michoacán

13/07/2018
18:00
Carlos Arrieta / Corresponsal
Morelia, Mich.
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A casi dos años del asesinato de Satya perpetrado al interior de un motel de Morelia, un Tribunal emitió condena de 30 años de prisión a Gerardo “N” tras las pruebas presentados por la Fiscalía de Litigación

Además de un monto de 369 mil 582.40 pesos para la reparación del daño, el Tribunal de Enjuiciamiento en Morelia, sentenció a 30 años de prisión por feminicidio, a un sujeto responsable del asesinato de una mujer ocurrido el 23 de noviembre del año 2016.

Los tres jueces determinaron desde el pasado 6 de julio la culpabilidad de Gerardo “N”, con base a pruebas presentados por la Fiscalía de Litigación de Asuntos Relevantes y Técnicas de Investigación de la Procuraduría estatal.

Y este viernes, durante la audiencia de individualización y a casi dos años del asesinato perpetrado al interior de un motel de la ciudad de Morelia, el Tribunal condenó al acusado a 30 años de prisión, al considerar “medio” su grado de culpabilidad.

El homicidio tuvo lugar al interior de un motel ubicado al poniente de la capital michoacana, donde Satya L fue encontrada sin vida, luego de ser reportada por sus familiares como desaparecida, dos días antes.

De acuerdo a los resultados de la autopsia, la víctima de 37 años de edad murió de asfixia por estrangulamiento, por lo que al avanzar las investigaciones, la Procuraduría de Michoacán ubicó y detuvo a una persona de nombre Gerardo N.

Entre las pruebas que obtuvo la dependencia estatal para solicitar la orden de aprehensión en contra del exconductor de noticias, están los testimonios de los trabajadores del Motel que lo ubicaban en ese lugar con la víctima el día del asesinato.

Además, de que el hombre había maniobrado el vehículo de Satya y los mensajes que habían intercambiado en redes sociales para su encuentro.

Tras su captura, José Gerardo N fue ingresado en el Centro de Reinserción Social (Cereso) “David Franco Rodríguez” y puesto a disposición del Juez de Control, que días después lo vinculó a proceso.

Desde entonces, la defensa del inculpado intentó liberarlo bajo el argumento de que la muerte de Satya había sido resultado de Hipoxifilia (asfixia erótica), a petición de la víctima durante el acto sexual, por lo que se trataba de un homicidio imprudencial.

Por su parte, la Fiscalía echó abajo la hipótesis de la defensa y demostró que de acuerdo al resultado de los dictámenes de exudados oral, vaginal y anal no hubo acto sexual previo al asesinato.

Tras presentar esas y otras pruebas la Fiscalía de Litigación de Asuntos Relevantes, obtuvo a su favor el fallo por Feminicidio, bajo la hipótesis de que el implicado cometió actos de crueldad, previos a la privación de la vida de su víctima.

Las pruebas de la Fiscalía revelaron que la crueldad  se acreditó porque primero, el sujeto golpeó a la víctima, después la sometió y posteriormente la estranguló de manera intermitente durante 15 a 20 minutos.

Con esos argumentos, el Ministerio Público solicitó la pena máxima para el inculpado por el delito de Feminicidio que, de acuerdo al Código Penal, está contemplada hasta en 40 años de prisión. La defensa pidió la mínima de 20 años.

Sin embargo, los jueces del Tribunal de Enjuiciamiento determinaron que el grado de culpabilidad fue “medio” y decidieron imponerle una condena de 30 años de prisión y la reparación del daño por un monto de 369 mil 582.40 pesos.

Durante la audiencia, Josefina, la madre de Satya, dijo estar satisfecha con la sentencia ya que eso representa un acto de justicia; no obstante, dejó en claro que ni todo el dinero del mundo, ni la más grande condena en prisión le van a devolver la vida a su hija.

“Satya fue rica en amor; no tuvo hermanas de sangre, pero sí, muchas de corazón. Hoy por fin cierro este ciclo; se hizo justicia”, expuso Josefina.

Al término de la audiencia, un grupo de mujeres, amigas de Satya, gritaron en la sala de oralidad al inculpado: “ni una más, ni una más; ni una asesinada más”. Gerardo N solo se agarraba la cabeza y, a paso lento, abandonaba el lugar de su sentencia.

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