En La Casa del Túnel migrantes derriban la barrera del idioma

Voluntarios dan clases de español a extranjeros; el lugar se ubica a unos 3 m del muro fronterizo

En la organización tienen cerca de 50 alumnos que terminaron la preparatoria y quieren continuar sus estudios o adaptarse a la frontera y conseguir un trabajo (FOTOS: JOEBETH TERRIQUEZ. EL UNIVERSAL)
Estados 16/06/2018 04:39 Gabriela Martínez / Corresponsal Actualizada 04:57
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Tijuana.— Desde la azotea, en una casa blanca de madera y dos pisos, cubierta por los rayos del sol que apenas se esconden del lado del océano Pacífico, se escucha una serenata de palabras en diferentes lenguajes y acentos; unos suenan más al cálido sonido de las islas caribeñas; otros, con mayor fuerza, no dejan duda que alguien, en esa esquina es del Medio Oriente. Es como si la Torre de Babel estuviera dentro de ese hogar, que hace más de una década sirvió para traficar droga.
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La vivienda se ubica a unos tres metros del muro que divide a México y Estados Unidos, en la colonia Federal, en Tijuana. La mezcla de idiomas ocurre todos los viernes desde febrero de 2018, cuando unos 30 voluntarios de la organización Espacio Migrante decidieron dar clases de español para extranjeros en La Casa del Túnel, un sitio donde en 2004 se descubrió una construcción —bajo la vivienda— que cruzaba la frontera y servía para traficar sustancias hacia la Unión Americana.  

“Esto de dar clases no se nos ocurrió a nosotros, fueron algunos chicos haitianos los que nos contactaron… igual que los mexicanos en Estados Unidos vienen a buscar mejores oportunidades, está la barrera del idioma, por eso es tan importante este lugar”, explicó la presidenta de Espacio Migrante, Paulina Olvera Cáñez.
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Inicialmente unos 15 haitianos llegaron con la ola que migró a esta frontera desde 2016, para pedir refugio al gobierno estadounidense, pero con el arribo de Donald Trump a la presidencia se quedaron varados en Tijuana, con las puertas cerradas y el riesgo de una deportación casi segura si decidían entrar a Estados Unidos.

Desde ese entonces el grupo prácticamente se cuadruplicó. Según los cálculos de Paulina, tienen cerca de 50 alumnos —la mayoría de entre 20 a 35 años— que terminaron la preparatoria y quieren seguir sus estudios o simplemente buscan adaptarse a la frontera para conseguir un trabajo.

Gracias, su primer palabra. A diferencia de otros estudiantes, Sherline llegó a Tijuana junto con su esposo hace medio año. En ese tiempo consiguió trabajar en dos restaurantes y a pesar de no dominar el idioma, pronto empezó a escupir su primera palabra en castellano: gracias.
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“Yo escuchaba música todo el tiempo, veía programas. Mis favoritas son las de Selena”, comentó Sherline, de 27 años, quien sabe casi todo el repertorio de la cantante texana y reina del tex-mex, para luego cantar tímidamente, frente al resto de los alumnos y maestros voluntarios, “como la flor… como la flor…”, y estallar entre risas.

Las clases son improvisadas, los voluntarios que apoyan a los extranjeros son otros alumnos universitarios de San Diego, Tijuana, o incluso hay quienes en plena maestría se dan el tiempo de perderse en la azotea de La Casa del Túnel, para enseñar a otros cómo querer al español que hablan en la frontera norte de México.

La demanda por dominar el lenguaje en la frontera crece; en la clase de español que inició con jóvenes haitianos también se integraron ciudadanos de África, Palestina y Turquía.
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De acuerdo con el último reporte del Instituto Nacional de Migración (INM), en 2016 un total de 87 extranjeros solicitaron una “tarjeta de visitante por razones humanitarias” en Baja California, para 2017 fueron 2 mil 887, y durante el primer cuatrimestre de 2018 la cifra alcanza los 42.

Aunque las solicitudes son principalmente de migrantes de países que dominan el español, durante los últimos dos años han llegado al estado, la mayoría a Tijuana, personas de naciones sin una noción del lenguaje local. Por ejemplo, hace dos años sólo un africano pidió la tarjeta por razones humanitarias; el año pasado se sumaron a la petición 2 mil 728 haitianos, cuatro brasileños, un iraquí y 21 africanos.
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Paulina explicó que algunos sólo quieren comunicarse, otros piden apoyo más complejo, como dominar el lenguaje además de prepararse para los exámenes de admisión a las universidades locales.

“Tijuana se está convirtiendo en destino para muchos migrantes, sobre todo ahora con la administración de Trump, que está cerrando más la frontera. La ayuda no es nada más cuando van llegando, sino se están adaptando y necesitan un lugar adónde ir o una puerta dónde tocar”, dijo la activista.

 

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