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Teltipan.- Gerardo fue despedido con lágrimas pero también con aplausos y con el silbato de los taxis de sus amigos y compañeros del transporte público. Él fue una más de las víctimas de la explosión del ducto en San Primitivo en Tlahuelilpan , Hidalgo.
La pequeña iglesia de la comunidad es hoy el lugar más triste pero también donde las familias encuentran consuelo. En esta población, dicen los vecinos, serán más de 20 las personas que serán sepultadas.
Hoy le tocó a Gerardo Preciado Cornejo , de poco más de 40 años . Él trabajaba como taxista y el viernes por la tarde salió en compañía de su hijo, un joven veinteañero que hoy está grave en el hospital, a buscar un poco de combustible gratis, tal vez para su taxi, cuentan sus conocidos.
El ambiente es de consternación. El sacerdote pide durante la misa por todas las víctimas, los que fallecieron y los que están heridos. “Vamos a pedir por las personas heridas en este percance, por sus familias, hijos que sufren esta circunstancias”.
También por la salud del hijo de Gerardo, Andrés Preciado, quien esta en el hospital.
En esta homilía rezó porque el pueblo tenga principios morales y éticos que, dijo, ayuden a actuar correctamente en la vida y a no desviarse en el camino, “es un reto para todos luchar por un mundo más justo y fraterno, especialmente aquí en nuestra República mexicana, estado y municipio, seguir esforzándonos para vivir correctamente porque si tenemos principios y valores los niños, adolescentes y jóvenes sabrán moverse correctamente en este mundo, pero se necesita el testimonio y ejemplo de los mayores”.
Durante la ceremonia, los familiares, hijos y esposa de Gerardo tomados de la mano rodearon el féretro para acompañarlo en sus últimos minutos. Al término de la misa esperaba la carroza fúnebre y un contingente de taxis y combis, “te llevamos en el corazón Gera, descansa en Paz”.
Sus amigos y compañeros de trabajo lo recuerdan como un hombre alegre que gustaba de la gente. Durante tres años, dicen, trabajó en la ruta dando servicio a sus vecinos. Hoy acudieron a despedirlo, “era un hombre bueno y merece aplausos”, señalan.
El féretro sale de la iglesia en hombros de ocho de sus vecinos y amigos, seguido por una banda de música que lo acompaña al panteón de la localidad.
Ahí nadie olvida que este solo es uno de los sepelios que le esperan al pueblo, un barrio que hoy se viste de luto y que no podrá olvidar a sus muertos.
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afcl
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