Por varias noches, los cineastas Valentina Leduc y Juan Carlos Rulfo fueron miembros de colectivos europeos y mexicanos que enfrentaron a compañías que destrozaban a la naturaleza.

En Alemania se unieron a jóvenes que buscaban preservar un antiguo bosque afectado por una mina; en Puebla se sumaron a las comunidades que cerraron una compañía dedicada a vender agua y que había secado todo a su alrededor.

Y en España siguieron a los pobladores que quitaban los eucaliptos ordenados por el gobierno, pero los cuales se incendiaban constantemente afectando al ecosistema.

“Era importante hacer visibles la gravedad de los daños y los éxitos de su lucha. Por ejemplo, en Alemania lograron rescatar 10% del bosque y hacerla la zona protegida. Era mostrar cómo una acción se puede volver colectica y transformar y cambiar situaciones que creemos imposibles”, cuenta Valentina.

Los tres casos están en Los sueños que compartimos, que este fin de semana llega a la Cineteca Nacional.

Entre colectivos

El docu inicia en un utópico año 2050, en el que hay una organización comunitaria y articulación de resistencias alrededor del mundo, a partir del viaje transatlántico de comunidades mayas zapatistas.

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La hechura de esta producción comenzó en 2021, cuando el grupo zapatista llamado Escuadrón 421, constituido por cuatro mujeres, dos hombres y unoa otroa (expresión de su lenguaje incluyente) de sangre maya, se subió aun barco conocido como La Montaña para llegar al Viejo Continente y comenzar lo que se llamó La travesía de la vida, en la que se reuniría con colectivos también defensores de la tierra.

“Era un viaje histórico que nunca había pasado y para mí era importante documentarlo; me puse a investigar sobre los colectivos que los estaría recibiendo; me llamaron la atención los de Alemania y España”.

Para ese viaje, ella y Rulfo, quien ahora fungió como director de fotografía, reunieron dinero entre su familia y paulatinamente se fue añadiendo más gente como el productor Eduardo Díaz Casanova.

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Ya entre los colectivos, los cineastas optaron por vivir con ellos.

“Desayunar ahí, lavar los platos, todo lo que ellos hacían y eso nos dio la posibilidad de intimidad, de estar ahí al grado tal de que vivimos un desalojo.

“Nunca fue hacer extractivismo, fue escuchar cuando se podía tomar algo y cuando no, cuidar identidades y eso nos permitió un mayor acercamiento, porque no es que sea algo tomado con una cámara desde afuera”.

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Salamandra Producciones, de Bertha Navarro y Alejandro Springall, es la compañía productora.

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