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Laura, Dylan, Rafa, Regina y María Paula tenían entre 7 y 14 años cuando pisaron un set como protagonistas de un filme. No fue fácil: tuvieron que convivir con una mujer sumida en la locura, presenciar la muerte de un perro y mentirles a unos doctores sin soltar la carcajada.
“Lo bueno es que nos caímos bien todos, sino, hubiera sido muy difícil”, bromea Laura Uribe Rojas, una de las mayores del grupo.
Los cinco forman parte de la nueva baraja infantil mexicana de la cinematografía que se dará a conocer oficialmente con El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja), cinta que estrena este fin de semana.
La ópera prima de Ernesto Martínez Bucio, ganadora en la Berlinale 2025, sigue a uno de unos hermanos que se queda en casa con su abuela esquizofrénica, convencida de que alguien quiere destruir su hogar.
“Me dijeron que me pusiera en un lugar incómodo para mi primera película y cuando estudiaba cine, fue incómodo para mí trabajar con niños”, recuerda el realizador.
El cineasta armó el elenco tras revisar 300 opciones, de manera presencial y virtual. Los elegidos ya soñaban con actuar, aunque aún no sabían que no siempre sería fácil. La cinta se filmó hace casi tres años.
“Cuando me dijeron que había una escena en la que tenía que desplumar una gallina, dije: ‘¡Claro que lo hago!’. Pero cuando llegó el día ya no quería. Entonces la estoy desplumando, y de pronto algo me cayó en el pantalón; quise vomitar, así que terminé en el baño”, recuerda Regina, ahora de 11 años.
Todos, sin excepción, se “hartaron” de escuchar y cantar “Eres”, interpretada por Massiel, parte de una escena crucial en la historia.
Pocos protagónicos infantiles en cine
En los últimos 25 años, apenas y un puñado de películas mexicanas han tenido a niños como protagonistas. Solo algunos permanecen activos en el mundo del entretenimiento.
De la futbolera Atlético San Pancho, el estelar Giovanni Florido ha logrado papeles pequeños como en Deseo, cinta que se estrenará el mes próximo en salas; de La misma luna, Adrián Alonso combina sus llamados con un café que fundó y de Voces inocentes, Paulina Gaitán es el caso más exitoso, logrando una nominación al Premio Platino por su trabajo actoral en la serie Belascoarán.
El año pasado llegó a pantallas Monstruo de Xibalba, en la que su actor, un pequeño de ahora nueve años, solo hizo el casting para probar y no tiene pensado seguir en el ambiente, al menos por ahora.
Quizá por ello, aunque están seguros de querer continuar sobre los escenarios o frente a una cámara, los niños de El diablo fuma... también sueñan con tener otra profesión.
Laura quiere ser diseñadora de modas; Regina, psicóloga; María Paula, muere por hacer teatro musical; Rafa, músico, y Donovan, está pensando, pero Jim Carrey es su ídolo.
“Cuando platico con mis amigos de la escuela (primaria) sólo dicen: ‘¡Qué bueno por la película!’, y ya, hay quien me pregunta cuándo la podrán ver”, cuenta María Paula.
De esto último tuvo responsabilidad el director, pues desde un inicio quiso que todos desmitificaran lo que es ese trabajo. Fueron semanas iniciales de un taller de actuación y luego el rodaje de mes y medio.
“Que vieran que era un trabajo duro, levantarse temprano, repetir muchas veces (la escena). Se filmó en vacaciones y se tomaron unos cuantos día de clases, ellos elegirán lo que quieran hacer, pero ahora ya tuvieron la experiencia”, apunta Bucio.
El diablo fuma..., ganadora a Mejor guion en el pasado Festival de Cine de Morelia (FICM), es una producción de Mandarina Cine.
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