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La información es el combustible para tomar decisiones. Sin ella, no se puede tener una buena calidad de decisiones. De hecho, la poca, mala o tardía información tiene un alto costo para quien debe tomar una decisión en cualquier ámbito, por ejemplo en relación a sus ahorros, a su patrimonio, a su gasto, o la necesidad de contratar un crédito para financiar alguna compra o inversión.
Los economistas califican como una falla del mercado cuando compradores o vendedores toman decisiones ineficientes, precisamente por que unos están en desventaja frente a los otros al no poseer suficiente información. Por eso es tan relevante que los consumidores cuenten con la mayor cantidad y mejor calidad de información posible.
Pues bien. Esto ocurre muy frecuentemente en México. Los pequeños agricultores no tienen información suficiente como para vender sus cosechas al mejor precio y de su falta de información se aprovechan los grandes compradores que les pagan una miseria por sus productos.
Pero también ocurre en mercados más sofisticados y con consumidores con mayores niveles de educación, como el mercado de los servicios financieros. Llama la atención la mala calidad de información que existe para los servicios bancarios o de seguros en el país.
Se supone que entidades públicas como el Banco de México o la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), entre otras tareas, deben proveer información de alta calidad para una toma de decisión eficiente de los consumidores de estos servicios que minimicen sus costos.
Pero eso no ocurre a cabalidad.
Por ejemplo la información comparativa que ofrece Condusef sobre las tasas de interés que se pagan en las tarjetas de crédito de los diversos bancos que operan en el país, es información fechada en septiembre de 2015 -¡hace 8 meses!- en momentos en que los precios en los mercados financieros están cambiando con gran rapidez.
Recientemente Condusef publicó un Catálogo Nacional de Productos y Servicios Financieros y que está disponible en su portal (www.condusef.gob.mx), sin embargo está construido y diseñado de tal manera que no solo no es nada sencillo encontrar la información que se busca, sino que además está presentado en un formato complejo para el entendimiento de un público amplio; al que supuestamente aspira llegar.
Con la información bancaria que procesa y publica el Banco de México pasa algo parecido. Los reportes que publica el banco central sobre los diversos productos bancarios tienen rezagos importantes. Los más actuales están fechados en diciembre de 2015. Sin embargo el más reciente reporte sobre crédito bancario automotriz es de abril del año pasado, y los reportes sobres las condiciones de competencia en mercados como de financiamiento a las Pymes o de tarjetas de crédito, datan de abril de 2015 o mayo de 2013, respectivamente.
Y el mercado de servicios financieros, que hemos ejemplificado, es de los más automatizados y con la mayor tecnología como para difundir información al consumidor prácticamente en tiempo real. Imaginemos, entonces, lo que ocurre con la información que reciben los consumidores en otros mercados, como el de la construcción o el mercado agrícola, que mencionamos al inicio.
Allí, en la mala calidad de la información disponible con la que toman decisiones los consumidores mexicanos, existe una ineficiencia de mercado que, evidentemente, da ventajas particularmente a los grandes banqueros, comerciantes y productores generando ganancias extraordinarias a través de los precios de los bienes y servicios que ofertan.
Hay un vacío de exigencia desde los consumidores hacia los organismos públicos de regulación de mercados, pero también hay una oportunidad de mercado para empresas de información que pueden suplir estas graves carencias.
Twitter:@SamuelGarcia
COME-mail:samuel@arenapublica.com
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