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El 'delfin' Nuño y el manual de Salinas

Salvador García Soto

Como si reprodujera el esquema que aplicó en su sucesión Carlos Salinas de Gortari, el presidente Enrique Peña Nieto comenzó a alinear todas sus fichas para allanarle el camino al que cada vez parece ya joven delfín: el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, a quien se dirigen todos los reflectores políticos y mediáticos, luego de que Peña le puso en las manos su joya más preciada: la reforma educativa —la más aceptada de sus reformas— para que el novel político empiece a crecer, apoyado por todo el aparato del poder (medios oficiales y oficiosos incluidos) tal como en su momento hizo Salinas con Luis Donaldo Colosio.

Y para limpiarle el camino a Nuño, desde el mismo grupo en el poder alinean a otros aspirantes que podían hacerle sombra. Primero con el golpe demoledor a Miguel Osorio Chong a través del video filtrado de la fuga del Chapo, con el que prácticamente sepultan al secretario de Gobernación en sus aspiraciones; y por el otro lado con un Luis Videgaray que bajó totalmente su perfil, en apoyo a su pupilo Aurelio, y que ahora enfoca sus baterías hacia el Estado de México donde empieza a ser mencionado como aspirante a la gubernatura, para mantener el control en la sede del grupo político.

Así, con el camino despejado al menos en el gabinete, el secretario de Educación es puesto en el candelero nacional como el artífice de concretar la citada reforma, además de armarle desde Los Pinos una suerte de “pacto educativo” con los gobernadores que respaldan a Nuño, en un intento de acercar al joven prospecto la estructura priísta de los estados y volverlo interlocutor con los mandatarios locales.

Al mismo tiempo, Aurelio es arropado y armado para la ruta hacia 2018 con un equipo que por un lado enseña la efectividad y solidez académica de un operador salinista de primera línea como Otto Granados Roldán, y por el otro tiende puentes y pactos con la izquierda al incorporar al ex rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Salvador Jara, quien viene de ser gobernador sustituto de su estado.

Así, todo parece dispuesto —según el manual salinista— para que el joven delfín brille, crezca y sobresalga. Los medios, en especial la TV, hacen su parte y en el gabinete no hay ya quien pueda hacerle sombra. Sus dos compañeros, con los que alguna vez formó La Tríada, están ocupados en otra cosa. Osorio en lamerse las heridas y concentrarse en resolver el tema de seguridad y derechos humanos, tras el golpe que le pegó en el ánimo y en la línea de flotación que lo mantenía como un aspirante a 2018; y Videgaray tejiendo ya las redes que lo llevarían a Toluca, donde los cálculos dicen que su capital político le alcanza para ser el candidato a la gubernatura y cuidar desde allá el feudo de poder mexiquense.

Sólo falta ver qué tan hábil resulta el delfín de Los Pinos para nadar las aguas de la sucesión los dos años que faltan. Es un mar turbio en el que aún hay muchos tiburones y trampas que librar.

 

NOTAS INDISCRETAS… Cuentan que el ejecutivo de la televisora pidió audiencia con el secretario para tratar “otros temas”, días después de que se difundiera el escandaloso video. “No es buen momento para que se reúnan nuestros jefes”, le contestó el colaborador del funcionario al enviado de las estrellas. De ese tamaño era el coraje y el dolor de lo que en esa secretaría sintieron como “traición”… En Oaxaca cada vez son más fuertes las versiones que señalan que el gobernador Gabino Cué hizo un pacto político con el presidente Peña Nieto para impulsar la candidatura de Gerardo Gutiérrez Candiani al gobierno del estado en 2016. El apoyo al ex líder de Coparmex, dicen, sería el pago de Gabino por el apoyo de la Federación para liberarlo de sus secuestradores de la Sección 22 que en los últimos cinco años gobernó Oaxaca. El único problema es que Gutiérrez Candiani no tiene arraigo ni pinta en las encuestas, donde puntean tres aspirantes: el senador Benjamín Robles, por el PRD —y en un descuido hasta por Morena— y por el PRI el también senador Eviel Pérez y el director del Infonavit, Alejandro Murat… En Puebla la jugada de Rafael Moreno Valle se llama Antonio Gali, quien encabeza las encuestas por la gubernatura. Gali sería candidato de una alianza PAN-PRD con la salvedad de que el alcalde de Puebla no piensa afiliarse a ninguno de los dos partidos y pretende ser apoyado como “candidato ciudadano”; aunque también podría llamarse “candidato del ciudadano (gobernador)”… Los dados mandan Serpiente. Caída libre.

 

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