El líder del PAN: entre la mentira y la ambición

Raúl Rodríguez Cortés

El asunto que tiene en este momento a Ricardo Anaya en el ojo del huracán es resultado de una suma y de una resta realizadas a partir de datos declarados y montos investigados. Pero este simple ejercicio, pulcramente realizado por EL UNIVERSAL, lo evidencia como un mentiroso y sacude sus ambiciones presidenciales.

El líder del PAN declaró en su 3de3 ingresos anuales por un millón 158 mil 333 pesos que más el millón 503 mil 964 pesos de ingresos declarados de su esposa, suman un ingreso anual familiar de 2.6 millones de pesos.

El Gran Diario de México reveló que Anaya tiene a su esposa y a sus tres hijos viviendo en un exclusivo fraccionamiento de Atlanta, y con información en su poder documenta que el gasto anual por mantener ese estilo de vida se estima en cuatro millones 500 mil pesos.

Si usted hace una resta con esas dos cantidades resultará que a los ingresos declarados por el dirigente panista le estaría faltando un millón 837 mil 703 pesos para poder sostener un ritmo de vida que no incluye, por cierto, los gastos de él en la Ciudad de México.

No se cuestiona con esto el derecho de todos a acumular riqueza legítimamente y usarla en los proyectos personales o familiares que se nos dé la gana. El tema aquí es haber mentido y no poder demostrar ahora cómo le hace para pagar lo que no podría con los ingresos declarados que obtiene.

Con estos datos a la vista es obvio que Anaya mintió, él que tan rabiosamente acusó de lo mismo a López Obrador, cuando el líder de Morena declaró en su 3de3 ingresos mensuales por 50 mil pesos y no poseer bienes muebles ni inmuebles a su nombre.

Nadie creyó que eso fuera posible, pero hasta ahora nadie le ha demostrado lo contrario a El Peje. Por contra, sí se ha demostrado la mentira de Anaya, pero éste, incrédulo como es, tampoco cree que vivir en una residencia estadounidense de cinco recámaras, con salida a un lago, sea un lujo. El simplemente le está dando a sus hijos la misma oportunidad que dieron a él sus padres: aprender correctamente el inglés y conocer otra cultura.

Todo esto hace sentido con lo que dejan ver algunas pinceladas de la vida política del líder blanquiazul.

Cuando el hoy senador Roberto Gil Zuarth era secretario particular de Felipe Calderón, se trajo a Anaya como subsecretario de Turismo. Le resolvió así el desencuentro que había tenido con su jefe, el entonces gobernador de Querétaro, Francisco Garrido Patrón, de quien era secretario particular. Gil se iría después a coordinar la campaña presidencial de Josefina Vázquez Mota y con ambos se llevó a Anaya, quien después de la derrota presidencial panista fue diputado y secretario general del partido, en la presidencia de Gustavo Madero. De éste, al igual que de Gil, se distanció (si no es que los traicionó), para alzarse con el liderazgo del PAN.

Anaya atribuye los señalamientos que hoy se le enderezan a la envidia de las fuerzas partidistas derrotadas en las más recientes elecciones estatales, pero también al fuego amigo que hoy le disparan los panistas que impulsaron su carrera y que le exigen, si pretende la candidatura presidencial, que renuncie a la dirigencia del blanquiazul y deje el piso parejo en la competencia.

Pero Anaya se mantiene y recurre a todas las herramientas a su alcance. Incluso fue a tocar base a Los Pinos hace un par de semanas. Lo recibió el jefe de la oficina de la Presidencia, Francisco Guzmán, a quien, se asegura, le dijo que había una guerra en su contra dentro de las filas de Acción Nacional.

En el encuentro, que duró alrededor de una hora, habría deslizado sutilmente que al Presidente y al PRI les conviene que siga al frente del PAN, ya que sólo él les garantizaría una agenda común rumbo a las elecciones del año entrante en el Estado de México y las presidenciales de 2018.

También, en el contexto de esa reunión, según fuentes de Los Pinos, Anaya le habría confesado a Guzmán que, en efecto, se ha buscado que la panista Josefina Vázquez Mota (la única que por cierto sigue de su lado) encabece una coalición con el PRD para el Estado de México, pero que él estaba seguro que esa posibilidad naufragará por dos razones: lo que llamó la guerra intestina del PRD y las exigencias planteadas por Vázquez Mota para aceptar, a saber, el manejo independiente de los recursos de campaña, una senaduría plurinominal en caso de perder, otra más en la que ella decidiría la circunscripción, y nueve posiciones de diputados, entre plurinominales y de mayoría relativa, en la próxima Legislatura de la Cámara de Diputados.

Estas son tan sólo unas pinceladas de la personalidad del líder panista: entre la mentira y la ambición.

@RaulRodriguezC

raulrodriguezcortes.com.mx

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