Indignidad y olvido

Raúl Rodríguez Cortés

Donald Trump pisó el miércoles la capital del país al que más ha ofendido y de su boca no salió ni una sola disculpa, que era lo mínimo que se exigía del encuentro incomprensible, indigno e inútil para los intereses nacionales, que sostuvo en Los Pinos con Enrique Peña Nieto a invitación de nuestro Presidente.

Millones de mexicanos vimos entrar a nuestra casa a quien nos llama violadores y criminales. No sé si Peña Nieto le haya exigido en privado la satisfacción que jamás ofreció en público. Trump declaró, tras la visita relámpago, que habían hablado del muro fronterizo que promete levantar, pero que no abordaron el asunto de quién lo pagaría. El Presidente de México, dos horas y media después, vía Twitter, aseguró haber dejado muy claro que no será nuestro país el que lo pague, como pretende el millonario racista.

La noche del miércoles, ya en Phoenix, Arizona, en un evento organizado por su equipo de campaña para hablar de su propuesta migratoria, Trump reiteró: el muro se construirá y los mexicanos no saben que tendrán que pagarlo al cien por ciento. ¿Será que ya quedaron que no hay bronca con el muro y que nosotros lo pagamos?

No podía ser más desastroso: Peña Nieto, sin obtener nada a cambio, le regaló al sicópata gringo un encuentro y una fotografía que lo legitimó como interlocutor, cuando las más elementales reglas diplomáticas establecen que un jefe de Estado sólo dialoga con otro jefe de Estado. Es tal la confusión y la torpeza que ya ni siquiera el gobierno respeta nuestro principio constitucional de no intervención, tan pisoteado por los anteriores dos gobiernos panistas en detrimento de nuestra soberanía, al involucrarse, inútilmente, en el proceso electoral de Estados Unidos.

¿Quién asesora a Peña Nieto? ¿Qué papel jugaron en esto su secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu y su embajador en Washington, Carlos Manuel Sada Solano?

Si en Los Pinos se pensó que era una genialidad de estadista reunirse con Trump, pero también con Hillary Clinton, según las invitaciones cursadas el viernes 27 de agosto, lo que en realidad se logró fue asestarle una puñalada por la espalda a la candidata demócrata que podría llegar a ser una mejor aliada de México en ese y otros temas relevantes de la relación. ¿Irá a venir Hillary después de esto? Y, si lo hace, ¿se cobrará el agravio?

Lo que se logró también fue que Peña Nieto se viera débil, precisamente cuando su aprobación en México apenas rebasa el veinte por ciento y cuando las inefables calificadoras, como Standar & Poor’s, se atreven a señalar que el crecimiento de México ha sido mediocre, no tanto por la implementación de las reformas que ellos mismos recomendaron, sino por la ingobernabilidad y la delincuencia.

¿Qué necesidad había de involucrarse en un tema, el migratorio, en el que los políticos de Estados Unidos, sean del partido que sean, siempre se opondrán a la legalización de esa mano de obra indocumentada?

Claro que los planteamientos sobre el tema hechos por Trump son desastrosos. Pero el de otros republicanos y el de los demócratas sólo cambia en el matiz.

Aquí le informaba el viernes pasado que durante los últimos dieciséis años han sido deportados de Estados Unidos tres y medio millones de compatriotas, casi uno cada hora. Eso ocurrió durante los gobiernos de William Clinton, George Bush y Barack Obama. Con este último, demócrata, se alcanzó en 2013 la cifra más alta de deportaciones, incluidas las de residentes permanentes expulsados hasta por infracciones de tránsito. Y Clinton, demócrata también, fue el que inició la construcción del muro.

La diferencia, pues, es de matices, y en medio están millones de mexicanos: tanto los que viven amagados cotidianamente por la deportación, como los que ya han sido devueltos y encuentran escasas oportunidades de empleo y un apoyo gubernamental cada vez más disminuido con los recortes presupuestales.

El “Programa de Repatriación Humana” implementado en el gobierno de Felipe Calderón, sólo destinó 41 pesos de apoyo para cada repatriado, según la estimación hecha por Inés Balaca en la tesis de posgrado que presentó ante el Colegio de la Frontera Norte.

En el gobierno de Peña Nieto el programa cambió de nombre: “Somos Mexicanos”. Enfrenta las mismas limitaciones presupuestales, pero cuenta con el plus de que a los repatriados se les da Seguro Popular por tres meses.

¡Qué desastre y qué tragedia!

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@RaulRodriguezC

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