Presupuesto 2017, cuando las cifras se descuadran

Pablo Álvarez Icaza Longoria

José Antonio Meade, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SCHP), presentó el paquete económico para 2017 el pasado día 8, un día después de que remplazó a su predecesor Luis Videgaray, quien se vio obligado a presentar su renuncia, luego de que su “genial idea” de invitar a Donald Trump resultó contraproducente, al favorecer un fuerte repunte en la campaña del candidato republicano.

Un editorial de The Economist captó de manera elocuente la gravedad del error al plantear que si Trump llega a ganar la contienda en noviembre, los mexicanos nunca se lo van a perdonar al Presidente, que finalmente es el responsable.

Cuando Meade se presentó ante los medios, los primeros cuestionamientos que se le hicieron era que el tipo de cambio difícilmente promediaría 18.2 en 2017, cuando ya estaba en un escalón mucho más alto y cuando todavía faltaba una tercera parte del año. Semanas después, salió a justificar que las proyecciones se habían hecho con las condiciones prevalecientes a finales de agosto y que se podrían revisar los supuestos macroeconómicos.

Es importante recordar, que en el proceso de aprobación de la Ley de Ingresos y del Presupuesto de Egresos, el plazo máximo que tiene la Cámara de Diputados para aprobar los ingresos estimados es el 20 de octubre y del 31 para la de senadores, que es lo que da la suficiencia al gasto para el próximo año.

Un tipo de cambio mayor tiene su parte positiva porque eleva los ingresos en pesos de la factura petrolera y ayuda a frenar el déficit de cuenta corriente. En años pasados no representaba un peligro porque las exportaciones petroleras habían ayudado a mantenerlo en un nivel aceptable. Sin embargo, Banco de México ya ha advertido que si la depreciación de paridad llega a traspasarse a los precios —los famosos efectos de “segundo orden”— se verá obligado a subir las tasas de interés de manera más agresiva. El problema es que tasas de interés más altas, elevan el costo de la deuda pública, encarecen el crédito y repercuten negativamente en la inversión y el consumo.

Un menor dinamismo de la inversión afecta el crecimiento, porque reduce el efecto multiplicador; una moderación del consumo privado también repercute en un alza más baja del PIB. La SHCP está estimando un crecimiento del PIB de 2.3% para el próximo año, pero si de 1.8% como estoy previendo, repercutirá en un menor aumento de los ingresos tributarios. La autoridad está suponiendo un incremento de estos de 9.7%; al no alcanzarse la meta de recaudación, va a tener que ajustar el gasto durante el ejercicio del próximo año, diciendo de nueva cuenta que será “un recorte preventivo”.

Cabe recordar que en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) para 2017 se señaló que “la fortaleza de los ingresos tributarios permitirá compensar totalmente la caída en los ingresos petroleros”.

Se está presupuestando una caída de los ingresos petroleros de 15.7% el próximo año; sin embargo, a diario nos enteramos de noticias sobre eventualidades que hacen dudar de ello, como el incendio del buque Burgos, el estallido de ductos por robo de combustible y accidentes en plantas petroquímicas o de refinerías.

Aunque se ratificó el compromiso de no crear nuevos impuestos, ni incrementar las tasas de los ya existentes, en la prensa ya se reactivó la propuesta de elevar el impuesto a los refrescos y a los productos chatarra.

Si bien los CGPE 2017 destacan que, “el proceso de consolidación fiscal tendrán que descansar en reducciones del gasto programable”, y que no se incrementarán los impuestos existentes, podría retractarse de ello alegando el combate a la obesidad.

El gasto de capital se reducirá 26.8% en términos reales en 2017. La autoridad apuesta a promover la participación del sector privado en el desarrollo de infraestructura a partir de las Asociaciones Público Privadas (APP), que implican esquemas de financiamiento a la larga muy onerosas para las fianzas públicas, y que son formas de “corrupción legalizada” que terminan significando una enorme sangría, como lo han sido las concesiones a OHL.

La inestabilidad financiera no ha desaparecido del todo. Aunque Trump perdió el primer debate presidencial, dejo tres cuestionamientos que lo pueden favorecer posteriormente: 1) acusar al TLC de que se está llevando empresas a México y volvió a sacar a relucir la decisión de Ford de trasladar la armadora de autos compactos, aludiendo a la pérdida de empleos en Pennsylvania y en Ohio, estados clave para las elecciones; 2) prometió reducir los impuestos de 35% a 15%, si bien es una propuesta ampliamente populista, entre los americanos genera muchos votos, y; 3) explotó bien la imagen de Giuliani y la “ley y el orden” para resolver el problema de la inseguridad.

Paradójicamente, el temor a Trump del gobierno mexicano se puede volver una profecía autocumplida. Es un factor tan perturbador que puede obligar a tomar una decisión en disyuntiva (trade-off) muy incómoda: priorizar los equilibrios externos dejando que el tipo de cambio se deprecie; o frenarla evitando que se genere el traspaso hacia la inflación con alzas de tasas de interés.

Maestro en economía
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