Echevarría y Del Mazo: las estrategias del triunfo

Miguel Alberto Delgadillo Ibarra

El eslogan de una campaña política se convierte en una pieza fundamental durante el proceso y el día de los comicios. Los asesores deben recopilar en una frase el mensaje principal sobre la cual se desarrollará el trabajo de comunicación

Los ganadores de la elección de gobernador en los estados de Nayarit y Edomex evidenciaron estrategias de marketing marcadas por la coyuntura política nacional y local que dieron como resultado victorias obtenidas de formas muy distintas.

El eslogan de una campaña política se convierte en una pieza fundamental durante el proceso y el día de los comicios. Los asesores deben recopilar en una frase el mensaje principal sobre la cual se desarrollará el trabajo de comunicación, considerando factores como el pasado inmediato, el contexto, el candidato y por supuesto la ciudadanía.

El camino a la segunda alternancia
Cuando se organiza una campaña de oposición deben explotarse dos claves: el señalamiento a los errores del gobierno en turno y la esperanza de cambio.

“Un nuevo tiempo para Nayarit” fue la punta de lanza con la que Antonio Echevarría García atraería a un gran porcentaje del electorado.

Representando a una coalición conformada por 4 partidos de oposición, aprovechó su papel como ciudadano y empresario, para desligarse de la clase política que se encuentra mal calificada en la percepción social.

En su línea discursiva marcó el tiempo de los dos últimos gobiernos priístas en la entidad, empañados por escándalos y apostó por tres principales ejes propositivos; combate a la corrupción, mejora de los servicios de salud y generación de empleo.

La inexperiencia política por la que fue atacado por sus adversarios, se convirtió en un punto a favor dentro de la opinión pública, pues al no haber vivido nunca del erario público le permitió posicionar la frase “tengo las manos limpias”.

Enfocando su campaña en la cercanía con las personas, salió adelante con disciplina, capitalizando el hartazgo con su imagen fresca que representaba una renovación moral, ante un ambiente de “malestar social” derivado de las administraciones federal y estatal.

Finalmente es preciso mencionar que las encuestas nacionales y locales siempre le dieron una amplia ventaja sobre su más cercano competidor, por lo cual una de las principales tareas del grupo de asesores fue disminuir al máximo los riesgos que pudieran convertirse en errores.

De esta forma, Antonio Echevarría cumplió todos los pronósticos convirtiéndose en el único ganador con una diferencia de más de 10 puntos porcentuales.

Todo por la joya de la corona
Siendo el estado mexiquense el de mayor número de electores a nivel nacional, era la gubernatura más deseada por la actual administración federal, no únicamente por valor estadístico, sino por que representa la conservación de su bastión político por antonomasia.

Ahí el panorama fue más complejo, no sólo porque Alfredo del Mazo es primo del presidente peor evaluado de los últimos años, sino porque el crecimiento de Morena en el estado, rumbo a las elecciones presidenciales de 2018, se convirtió en un problema.

Del Mazo y sus colaboradores eligieron el eslogan “Fuerte y con todo”, pues era precisamente la orden que se había recibido para retener el poder, posicionando su conocimiento y experiencia en la administración pública.

La imagen de un puño simulando un mazo comunicaba toda la fuerza política y económica que se recibiría por parte del gobierno federal. La cantidad de secretarios de Estado que visitaron la entidad fue una prueba clara.

Como la administración de Eruviel Ávila también es priísta, Del Mazo optó por la “mejora continua” es decir no erradicar los logros de su antecesor, si no seguir el camino planteado añadiendo tareas imperantes, por ejemplo en el rubro de la seguridad.

No se puede dejar de mencionar que su triunfo (de acuerdo con los conteos rápidos) se logró con la fragmentación del voto de izquierda con la figura del candidato perredista Juan Zepeda, que sorprendió a propios y extraños jugando un papel determinante.

Con una pulverización del voto opositor dividido en tres frentes y apostando a una campaña corporativista, de movilizaciones y tarjetas, el PRI concretó una misión casi obligada, empero deja sabor agridulce, pues la figura de AMLO sigue vigente y como favorita para llegar a la Presidencia.

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