#PanamaPapers y su conexión con la violencia

Mauricio Meschoulam

La vasta mayoría de las 240,000 compañías creadas por la firma son legítimas, indica Mossak Fonseca, hoy ya famosa por las revelaciones de los #PanamaPapers o Documentos de Panamá. Un gran análisis de Consultoría Meraki, coloca el dedo en la llaga: el implícito. Al hablar de una vasta mayoría cuyos recursos son de procedencia lícita, debemos asumir que hay una minoría de personas o actores cuyos recursos no lo son. Ese es justo el punto: las redes compartidas entre actores lícitos e actores ilícitos de toda índole, así como las múltiples ramificaciones que, cual efecto mariposa, ello pudiera tener. Quizás lo más importante de la globalización se relaciona con las interconexiones, los factores que enlazan condiciones y territorios aparentemente lejanos o no vinculados entre sí. ¿Qué tiene que ver un astro del deporte con un líder político del Sur de Asia, y cómo su proceder puede, sin desearlo, alimentar eventos que suceden en Medio Oriente o África? Los #PanamaPapers no exhiben más que a una sola firma -sabemos que existen muchísimas más- pero sí arrojan señales que nos permiten comprender al menos una porción del tipo de planeta en el que estamos viviendo.

Un primer elemento, evidente, es el cómo muchos empresarios, compañías o actores quienes no necesariamente han obtenido sus recursos de manera ilícita utilizan esquemas y redes similares o incluso las mismas, que quienes sí han obtenido sus recursos de manera ilícita. El dato a registrar acá, por consiguiente, tiene que ver mucho más con la existencia de estas redes, con los sistemas y mecanismos que utilizan, que con las cuestiones técnicas que pudieran legitimar una buena parte de su actividad. ¿Por qué? Porque si estos son mecanismos y esquemas atractivos para organizaciones criminales o actores que operan al margen de la ley, aunque no sea la “vasta mayoría” de quienes los utilizan, entonces combatir todo lo relacionado con crimen organizado requeriría un esfuerzo colaborativo entre los estados para cerrar el paso a los múltiples huecos que estas actividades están exhibiendo en estos momentos. Lo que hay que entender es que se trata de un mismo sistema, sin importar si ese sistema contiene elementos técnicamente legítimos o no. Por ejemplo, la investigación documenta que la actividad de las grandes organizaciones terroristas se facilita y reproduce cuando existen redes criminales operando en distintos países o regiones (GTI, 2015). Algunas de estas redes trafican droga, otras trafican combustible, armamento, artefactos o productos ilícitos. Otras redes trafican personas. Otras redes lavan y movilizan el dinero. Pero sin la existencia de estas redes, no se explica el financiamiento y el poder que han adquirido ciertas organizaciones terroristas como ISIS. Así, hace unos años un reporte dio a conocer que Hezbollah, una milicia libanesa chiíta que ha cometido gran cantidad de atentados terroristas, compartía redes de lavado de dinero con los Zetas, una organización criminal mexicana que, si bien tiene motivaciones muy diferentes a las de Hezbollah, blanquea sus recursos no solo mediante los mismos métodos, sino mediante los mismos actores. No es que específicamente Mossak Fonseca facilite el financiamiento de grupos terroristas, sino que en estos momentos se pone al descubierto de manera contundente la existencia de un problema sistémico, algunas de cuyas partes son empleadas por actores no-estatales de carácter violento de distinta naturaleza y orígenes.

En esencia de lo que estamos hablando es de corrupción y de esquemas que nutren la desigualdad, no en una parte del mundo, sino en todos lados. La cuestión es que, de acuerdo con investigación procedente de distintas fuentes (Fajnzylber, Lederman y Loayza, 2002; Enamorado, López-Calva, Rodríguez-Castelán y Winkler, 2014; IEP, 2015), justo ambas variables se encuentran correlacionadas con la violencia y con la falta de paz. No en el 100% de los casos, pero sí en una gran mayoría, mientras más corrupción y más desigualdad se tolera en una determinada sociedad, esa sociedad tenderá a ser menos pacífica, esencialmente porque la corrupción y la desigualdad son algunos de los entornos en los que la violencia mejor se mueve.

Es decir, estamos ante un planeta en donde el terrorismo se encuentra en franco crecimiento, en donde la proliferación de actores no-estatales de carácter violento tiende a provocar severas disrupciones en el orden mundial y en donde la falta de paz golpea a sociedades tan distintas como México, Pakistán o Siria. Estamos en un mundo en donde millones de personas tienen que dejar sus hogares huyendo de la violencia o la falta de respeto a sus derechos. En un mundo en donde la pobreza y la desigualdad siguen siendo la marca de regiones completas. Ese es el mundo que hoy se entera de los #PanamaPapers y de cómo existen mecanismos que promueven entornos ideales para que en ellos se mueva la corrupción y la criminalidad. No es que no lo supiéramos. Pero nunca se había exhibido una evidencia de semejante tamaño.

Así que si de verdad existiera el interés en atenuar el impacto del terrorismo, reducir la violencia y construir condiciones de paz (no es lo mismo) para países tan lejanos como Siria o tan cercanos como el nuestro, lo primero que necesitamos comprender es que las revelaciones de los Documentos de Panamá no se encuentran desvinculadas de esas condiciones, puesto que reducir la corrupción, combatir esquemas que promuevan la desigualdad, y descubrir y desmantelar entornos que favorezcan la criminalidad, son temas que se encuentran en el meollo de la construcción de paz desde la raíz.

Twitter: @maurimm   

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