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Trump y el pueblo versus los medios deshonestos

Luis Cárdenas

Trump acertó en algo que nos cala a los que trabajamos en la prensa: dejamos ya de ser el reflejo de la sociedad y nos distanciamos de nuestro origen

¿Cómo podemos definir a un medio de comunicación masiva, particularmente, en su responsabilidad informativa?, ¿es un contrapeso o es una comparsa del sistema?, ¿es un reflejo de la sociedad?, ¿es un mosaico de diversas voces con diversos puntos de vista que ayudan a formar opinión pública?, ¿es una institución que busca “la verdad”?... Puede ser todo eso y más o puede no ser nada de lo anterior, sin embargo la única definición certera, fría y hasta radical si se quiere, la encuentro extremadamente simple: un medio de comunicación masiva es, sobre muchas cosas, una empresa lucrativa.

Desde la masificación de la prensa la información ha sido un negocio redituable y en muchos casos legítimo, un medio de comunicación con credibilidad también presenta buenos dividendos a sus inversionistas y sirve como un contrapeso a las tentaciones del poder.

Creo, aunque hay un debate valiosísimo y muy rico en contra de mi postura, que inclusive la información presentada con enfoques positivos a los intereses económicos de las corporaciones que poseen a los medios es también parte del ejercicio democrático y de la sana convivencia de ideas en la opinión pública; para nadie es un secreto, por ejemplo, que Fox News tiene una clara tendencia republicana y que CNN, por el contrario, posee una inclinación más bien demócrata. Hay público para ambos. Hay mercado para ambos.

Sin embargo, con la llegada de las redes sociales que han sido capaces de magnificar la postura de medios, periodistas, comunicadores y ciudadanos independientes a los grandes intereses corporativos, se ha presentado un fenómeno evidente en la sociedad: los medios “tradicionales” hemos perdido credibilidad y nos hemos debilitado en grados alarmantes, al punto de que algunos poderes pueden aprovecharse de la situación para incidir en acciones contrarias a la libertad misma.

Trump regaña a los medios en su cara; para el presidente de Estados Unidos la mayor parte de la prensa es deshonesta, vendida, inquisidora y conspiradora, una maquinaria de intereses mezquinos que trabaja en su contra y trabaja también en contra del pueblo, porque según Trump, él es la encarnación de los intereses de pueblo.

Jode mucho, pero Trump tiene un punto a su favor que nos cala hondo a los que trabajamos en la prensa: desde hace tiempo dejamos de ser parte del pueblo, dejamos de ser el reflejo de la sociedad y nos volcamos a un lenguaje, a un estilo, a una manera de hacer periodismo que nos distanció de nuestro origen. No somos unos vendidos, al menos no la mayoría, tenemos posturas diversas y muy ricas para poderlas aportar a la opinión pública en nuestros diversos trabajos periodísticos, reportajes, opiniones, debates, etc.

Empero, optamos por hablarle a un círculo minúsculo y obviamos a la gente, nos alejamos del “pueblo”.

El gobierno no debería, como lo hace hoy la Casa Blanca, exigirnos nada porque se supone que somos la representación de la sociedad que le debe exigir al gobierno, más bien es la ciudadanía la que debería de exigirnos como lo hizo, justo a la ciudadanía que nos debemos, justo la ciudadanía que nos demandó escucharla y a la que ignoramos y le fallamos.

¿Dónde quedó el tiempo donde la gente confiaba en su periódico, en su estación de radio, en su noticiero de televisión, en sus periodistas? Nos urge recuperar nuestro origen, habrá que reventar la cómoda burbuja de nuestros laureles antes de que otros terminen por reventar las libertades que gozamos.

DE COLOFÓN. Enhorabuena por el mensaje de ayer en Los Pinos pero llegó muy tarde.

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