Así pagaremos el muro de Trump

Luis Cárdenas

Dos cortes estadounidenses, la del Distrito Este de Nueva York y la del Distrito Norte de Illinois, reclaman el decomiso de al menos 21 mil millones de dólares al Cártel del Pacífico del Chapo Guzmán. El dinero, señaló hace poco la embajada de México en Estados Unidos, sería repartido de manera proporcional entre ambas naciones, eso, claro está, si primero lo encuentran.

Aunque no hay un acuerdo uniforme al respecto de la cantidad, el tráfico de droga entre México y Estados Unidos representa más de 40 mil millones de dólares al año. Algunos estudios suben el estimado a casi 100 mil millones si se agrega el valor que toman algunas drogas en los puertos de allá para su exportación a Europa.

Solamente con lo decomisado al Chapo, si la cantidad se concretara, alcanzaría para pagar casi tres muros al gusto de Donald Trump en la frontera mexicana. El muro tiene un costo estimado de 8 mil millones de dólares.

México entonces, de alguna forma, claramente indirecta, estaría pagando por la ignominia del muro con una ignominia superior: el muro estaría construido con el dinero decomisado por el tráfico de drogas que pone high a los estadounidenses y baña de sangre a nuestro país.

Gente cercana al equipo de Trump, no al Partido Republicano, reveló la estrategia del pago del muro a este reportero, una estrategia que tendría como eje fundamental la labor de inteligencia financiera que detectaría diversos bienes, propiedades y cuentas, que serían decomisadas a favor del gobierno de Estados Unidos por el simple hecho de que ese dinero contaminó su sistema financiero. La estrategia podría incluir el congelamiento de bienes derivados de la corrupción de varios políticos mexicanos que apoyaron al narcotráfico.

Cualquier idea de “expropiar” las remesas es estúpida por ser claramente ilegal, me dijeron.

Según la fuente, Trump no ganó por la “mal entendida” animadversión con México que no existe, sino por el hartazgo de la sociedad estadounidense con la corrupción de las empresas multinacionales con Washington. Inclusive, las primeras acciones de sus 100 días de gobierno pretenden atacar justamente ese tema: el cochupo de los cabilderos con las empresas en el Capitolio, la compra desvergonzada de legisladores, dicen.

Y en el ataque a la corrupción —pretenden investigar de fondo también la que cometen las empresas gringas con el gobierno mexicano y afecta a sus intereses, ahí, en la competencia pareja— estará la clave de la renegociación del TLC.

Ponen este ejemplo: En México a las empresas de Estados Unidos (y de Asia, su principal competidor) les regalan terrenos, no les cobran impuestos y además explotan a sus trabajadores, eso no es libre comercio.

El martes le cuento más sobre la negociación del TLC.

DE COLOFÓN.— A punto de estallar un escándalo en el PRD, viajes en jet privado desde Acapulco y la vinculación de grupos criminales con gobernantes. Todos son iguales.

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