Fidel, Fidel… qué será de Cuba sin él

José Cárdenas

Fidel Castro desata pasiones de guerra entre devotos de una revolución congelada y exorcistas del demonio encarnado en el dictador

Castro fue figura imponente. Será un condenado demonio recordado con odio, rencor… también admirado soldado, último gran protagonista de la Guerra Fría, ícono de la segunda mital del Siglo XX; el más longevo estadista del Tercer Mundo; histórico, plantando cara comunista, desafiante, resistente al vecino distante… imperial y amenazante.

El comandante Fidel fue gigante; excepcional, complejo y aplastante. A nadie le fue indiferente.

Conspirador, testarudo, y maestro en la estrategia que veía en las derrotas victorias disfrazadas.

Padre protector, severo, soberbio y mesiánico; ambicioso, audaz, voluntarista, valiente, autoritario implacable, dictador que confiscó libertades y propiedades; sometió a la población a penurias sin paralelo… sin margen de disenso.

A los logros del régimen castrista en educacion, salud, combate a la desnutrición y hasta el deporte, debe contraponerse la oscuridad del totalitarismo, la persecución de disidentes, creadores y homosexuales; la represión de cualquier manifestación contraria al Partido Comunista, y la cancelación de cualquier posible democracia en la isla.

El “compañero” Fidel Castro polariza, por haber traicionado los ideales democráticos; desata pasiones de guerra entre devotos de una revolución congelada en utopía envejecida, y aquellos exorcistas del demonio encarnado en el dictador de barbas y uniforme militar.

Aún en la última década, dizque retirado por las dolencias de la ancianidad, el Comandante fue guía ideológico; presencia permanente.

Héroe y villano, líder y tirano.

Fidel no fue unidimensional; no se le puede pintar en blanco y negro, sin matices, que quitó a un dictador para apropiarse el poder. Aquel 1 de enero de 1959, Estados Unidos perdió un cómplice para ganar una de sus peores pesadillas; Cuba, laboratorio y santuario de la izquierda insurgente.

Jesús Silva Herzog Márquez escribe: “Los cubanos no podrán escuchar de Castro más que alabanzas. En el periódico único volverán a leer los cuentos que saben desde niños. El heroísmo infinito, la epopeya de la sierra, la resistencia frente al imperialismo, las conquistas de la Revolución. Tal vez aparezca alguna referencia a sus críticos, pero en los medios oficiales recibirán el trato de siempre. Quienes dudan de las hazañas, quienes hablan de sus costos, quienes denuncian la tiranía no son personas: son gusanos. Animales blandos y repugnantes que se enroscan bajo tierra alimentándose de los despojos. Imposible ser humano y ser contrarrevolucionario”.

Fracasaron, sí, quienes intentaron construir en Cuba la sociedad perfecta. Fracasaron también quienes buscaron 638 veces acabar con él.

Miles de voces antípodas desbordan medios y redes sociales; solo confirman al muerto inmortal.

Un grande a quien sus acólitos le prohibieron pensar en pequeño.

EL MONJE LECTOR: “Fidel no accederá al cielo de los héroes, de las leyendas que desde la paz del sepulcro se hicieron íconos. Los muertos no se equivocan. A Fidel Castro lo absuelve y lo condena cada uno, cada quien, cada cual”, sentencia el Premio Nobel Mario Vargas Llosa. ¿De veras, con Fidel, termina de morir el Siglo XX?

@JoseCardenas1

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