¿Censurar narcoseries, en serio?

José Cárdenas

Las buenas conciencias han tomado el Congreso. Senadores y diputados se unen para emprender una cruzada contra las narcoseries que transmite la televisión. La verde Lía Limón, en San Lázaro, y el perredista Zoé Robledo, en el Senado, son los encargados de abanderar la causa para desterrar de la ‘caja idiota’ historias que, según ellos, encumbran a los cielos a barones de la droga.

Los indignados dicen que las concesionarias de televisión violan la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión y el artículo 4º de la Constitución.

Según Limón y Robledo, El Cártel de los Sapos, El Patrón del Mal, La Reina del Sur, y otros culebrones por el estilo, mezcla de realidad y ficción, promueven la apología del crimen y la violencia y hacen ver al narcotráfico como un modelo de vida.

En estricto sentido, tienen razón, salvo por un par de detalles.

Limón y Robledo se erigen como defensores de la salud social, pero caen en la vieja tentación paternalista, impregnada en el ADN de casi todos los políticos mexicanos. En su idea de protegernos, pretenden negarnos el derecho a decidir. Las teleseries en cuestión están diseñadas para público adulto, capaz de ejercer libre albedrío y obligado a tener responsabilidad con el resto de la familia. Los señores legisladores, incluso, al proponer que las producciones se transmitan después de la media noche, nos tratan como menores de edad o peor, recurren al pretexto del noble fin para ejercer el nefasto recurso de la censura.

Según el productor televisivo Epigmenio Ibarra, creador de El Señor de Los Cielos, antes de quitar las narcoseries se debe acabar con los narcopolíticos, pues las historias que vemos en pantalla no hacen sino reflejar lo que sucede en una realidad dominada por los jinetes del Apocalipsis.

Las historias del narco responden a la coyuntura del país, al solaz y esparcimiento de un público morboso, adicto al consumo del tema en una cultura donde las drogas tienen presencia contante, constante y sonante, desde hace décadas.

Zoé Robledo y Lía limón ponen la pelota en la cancha de la subsecretaría de Normatividad y Medios y la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía, de Gobernación, donde la autoridad ahora tiene la palabra para definir el futuro de los polémicos programas. Difícil pensar que saldrán del aire, aunque reubicarlas en lo más profundo de la noche es una posibilidad nada lejana para hacer valer la Ley General para los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes.

EL MONJE CALAVÉRICO: El secretario de Gobernación ve a media docena de ex gobernadores que no hicieron la tarea para combatir la inseguridad. No dio nombres, pero aquí está la lista de los incumplidos: Marcos Covarrubias, panista de Baja California Sur; el dizque perredista Ángel Aguirre Rivero y el académico Rogelio Ortega, de Guerrero; los priístas Fausto Vallejo, el Templario Jesús Reyna y el ex rector nicolaíta Salvador Jara, de Michoacán, más los impresentables ‘pollitos’ en fuga: el ex priísta Javier Duarte, de Veracruz, y el ex panista Guillermo Padrés, de Sonora. Vaya ‘listón’ de ‘prietitos’ en el arroz nacional; todos son calacas políticas de quienes no quedan ni los ‘huesitos’.

@JoseCardenas1

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