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28/06/2017
01:56
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Hace algunos años leí un artículo que hablaba de cómo la llegada del cine había cambiado por completo la manera en la que los seres humanos percibíamos el mundo. Esa escena de la llegada del tren a la estación que al ser proyectada por los hermanos Lumière logró impresionar (algunos hasta la histeria) a muchos de los asistentes a la sala; algo así como aquella escena de la cinta de 1989 dirigida por Robert Zemeckis, Volver al futuro, en la que Martin (visitando el futuro) cree ser devorado por el tiburón que anuncia la película a través de una proyección holográfica.

En 2017, el director mexicano Alejandro González Iñárritu busca sorpresas similares con su proyecto Carne y Arena (virtualmente presente, físicamente invisible), el cual forma parte de la selección oficial del Festival de Cine de Cannes en su edición 70 y que no fue filmada de manera convencional para ser vista en una cómoda sala de cine (como insiste Almodóvar)

Iñárritu aborda un tema muy vigente, la inmigración. Evidentemente no es la primera vez que lo hace, ya habíamos visto antes cintas como Babel o The Revenant, pero en esta ocasión, Carne y Arena “invita” al público durante casi seis minutos a ser parte de la historia considerada ya como la primera instalación de Realidad Virtual.

La aventura comienza cuando el público (rigurosamente mayor de 16 años) es ingresado a una habitación casi congelada que tiene unas cuantas bancas. Posteriormente, los asistentes tendrán que quitase los zapatos y las medias para ser trasladados a un escenario lleno de arena en la que miembros del staff del lugar les entregan unas gafas de realidad virtual Oculus Rift, un par de audifonos y una mochila.

De pronto comienza la acción y cada uno de los asistentes ha tomado el papel de un inmigrante caminando por el peligroso desierto. Las gafas de realidad virtual les permiten ver a otros personajes en condiciones complicadas en pleno desierto (personas reales que fueron fotografiadas por Lubezki, para luego ser digitalizadas) y de pronto un helicóptero sobrevolando les apunta con su luz mientras se escucha a lo lejos venir a los perros, y entonces el objetivo de González Iñárritu se cumple, hacer que cada uno de los asistentes viva el miedo a flor de piel, ese miedo que seguramente sienten las personas que a diario se internan en el feroz desierto con el objetivo de llegar a Estados Unidos para lograr cumplir el sueño americano.

Carne y arena es sin lugar a dudas un reclamo a las políticas antiinmigrantes del presidente estadounidense a través de importantes logros técnicos. Producida y financiada por Legendary Entertainment y Fondazione Prada. Es una experiencia inmersiva en la que vuelven a trabajar en equipo Iñárritu y Emmanuel Lubezki, así como la productora Mary Parent e ILMxLAB con importantes colaboraciones de personas que han vivido la pesadilla de tratar de cruzar el desierto y que contaron al director sus experiencias.

La instalación comenzó su exhibición en diversos institutos de arte, arrancando con Milán; ahora se presenta en el LACMA (Los Angeles Country Museum of Art) y a partir de agosto el proyecto podrá ser disfrutado en México, en el Centro Cultural Universitario Tlaltelolco.

Valdría la pena asistir y ser testigos de cómo la tecnología que mezcla la realidad virtual con evidentes destellos poéticos, aplicados a un tema tan vigente y que a muchos directa o indirectamente nos ha afectado, suele ser una buena forma de exploración de la condición humana a partir de interesantes retos narrativos en los que el director mexicano invirtió cuatro años.

 

@Lacevos