No ha muerto el MP3

Herles Velasco

La música es quizá la manifestación humana y cultural más universal, ningún otro arte iguala la empatía que tiene la música para con los oyentes sin importar lengua, raza o estrato social; la música y lo que nos provoca toca tanto en nuestro inconsciente más primitivo, como en nuestra percepción de sofisticación. Cuando llegó el día en que logramos reproducir canciones en cintas o acetatos y pudimos disfrutar de la música fuera de las salas de concierto fue sin duda una conquista que modificó nuestras costumbres. En esta revolución llegó un tiempo después el MP3, ese famoso formato de audio comprimido que nació a finales de los años 80 en el Instituto Ftaunhofer IIS (en Alemania) partiendo de estudios previos desarrollados en la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Nürenberg.

Uno de los puntos negativos del MP3 es la pérdida de datos en la codificación, sobre todo en velocidades de transmisión por debajo de los 320 kbps, por lo que no es técnicamente el mejor formato para archivar audio con un rango de espectro amplio o complejo; partiendo de estas debilidades han tratado de desarrollarse alternativas con las que se pudiera conquistar un mercado fiel a MP3, pero evidentemente es un formato conocido y aceptado y, aunque seguramente muchos de los usuarios han tenido que migrar a otros formatos, es altamente probable que tengan “tesoros” en formatos MP3, los cuales tendrán que ir adaptando poco a poco. Aunque hoy existen formatos más modernos y eficientes, como AAC o APE, que pueden ofrecer más funciones y una mayor calidad de audio a velocidades de bits mucho más bajos, MP3 siempre fue el más popular entre los consumidores, gran parte de esa fama la ganó gracias a la piratería que en los 90, con programas como Napster, estaba en su apogeo y el mundo se llenaba de MP3. Durante sus años de gloria, MP3 benefició económicamente a muchas empresas como Linux o iTunes, este último que por años nos vendió material en este formato. Sus características y ventajas permitieron la aparición en el mercado de infinidad de dispositivos de reproducción de música.

El pasado 23 de abril, los audiófilos se estremecieron al saber que el programa de licencias MP3 de Technicolor y Ftaunhofer IIS llegaba a su fin. Esto podría sonar terrible, pero no quiere decir que el formato vaya a morir; lo que sí desaparecen son las regalías por licencia, de modo que ya no importa su uso o quienes salen beneficiados por el cobro de las mismas.

Lo más curioso de toda esta historia es que fueron precisamente los creadores de MP3 los que se han empeñado en difundir la noticia de su muerte argumentando que los servicios de multimedia más sobresalientes en todo el mundo ya hacen uso por completo de formatos mucho más “modernos”, como MPEG-H, y que, casualmente (ok, no), contarán próximamente con licencias de pago.

Aun así y a pesar de sus deficiencias y la urgencia (económica) de muchos por matar al MP3, éste no sólo no está en desahucio sino que ahora además es libre. Así que, calma, nuestros “tesoros” musicales aún no han caducado, de hecho les queda mucha vida.

@Lacevos

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