La Fiesta fluye

Heriberto Murrieta

Durante su reciente congreso en San Miguel de Allende, la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia presentó un interesante resumen de todo lo ocurrido en materia ganadera durante el año pasado.

Se lidiaron tres mil 130 animales, mil 631 por matadores, 774 por novilleros, 320 por rejoneadores y 405 por toreros de distintas categorías en festivales.

La ganadería que más bovinos lidió fue La Paz, un total de 67. La vacada que envió a los cosos el mayor número de toros fue Begoña (47) y la que más novillos jugó fue El Vergel (40). A pesar de las numerosas críticas de los antitaurinos, muchas de ellas basadas en mitos inconcebibles, hubo un 5.6 por ciento de incremento en la cantidad de animales lidiados en festejos formales, en comparación con el año anterior.

Se registraron 25 indultos, tres de ellos de Fernando de la Mora y Boquilla del Carmen, y las ganaderías con más toros de vuelta al ruedo fueron Barralva (2), Santiago (2) y Marco Garfias (2).

La Asociación dio 18 festejos con 50 novilleros y 59 ganaderías en ocho plazas, dentro del exitoso certamen ‘Descubriendo a un Torero’, cuyo vencedor fue Héctor Gabriel Ferrer.

Durante 2015 se dieron en México 504 festejos formales con 147 matadores, 159 novilleros y 28 rejoneadores. Se organizaron 381 festejos más que en Francia, un país con una extraordinaria infraestructura para montar espectáculos taurinos. Joselito Adame y Antonio García ‘El Chihuahua’ empataron con el mayor número de paseíllos, un total de 32, seguidos por Octavio García ‘El Payo’ y Arturo Macías con 29.

No se dijo en el congreso pero cabe agregar que únicamente el 6 por ciento de todo el universo de toros que pastan en las ganaderías nacionales es enviado a las plazas. El restante 94 por ciento tiene una larga vida con los mejores cuidados y alimentación.

Existen en México 267 ganaderías, o sea, 267 espacios absolutamente ecológicos que se verían afectados si se llegara a prohibir la tauromaquia, un espectáculo que merece ser respetado de la misma manera en que los taurinos respetamos a quienes prefieren no asistir a las plazas.

El olé que enamora. Manuel Polidura Devesa (apellidos santanderino y alicantino, respeticvamente) es un gran aficionado de 81 años de edad. Junto con su hermano Alfonso tiene nada menos que 80 obras de Pancho Flores, el mejor pintor taurino que ha surgido en México.

Don Manuel me cuenta que cuando era niño, su padre no quería que fuera adepto a los toros. Sin embargo, viviendo en la calle de Río Atoyac, cerca del Ángel de la Independencia, se escuchaban claramente los olés emocionados que gritaba el público al ver torear a Silverio Pérez en la cercana plaza de El Toreo de la Condesa en 1943. Aquellos alaridos fueron irresistibles para él y lo hicieron aficionado para toda la vida.

A mí me sucedió algo parecido, con la diferencia de que mi padre sí quería que fuera taurino y desde niño me inculcó la afición. Pasé mi infancia en la calle de Bartolache número 1129 en la colonia Del Valle, a ocho cuadras de la Plaza México, y percibir los olés de 45 mil gargantas en las grandes tardes de Manolo Martínez no hizo sino afianzar mi gusto por la Fiesta de los toros.

 

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