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Carta abierta a ‘La Chofis’

Heriberto Murrieta

Estimado Javier:

Estimado Javier:

No soy nadie para dar con-sejos, ¡faltaba más!, pero recientemente cumplí 50 años y algo espero haber aprendido.

Ahora mismo estás en boca de todos, eres una figura en ciernes, pero me atrevería a sugerirte que mantengas los pies, los hábiles pies en la tierra. Y digo hábiles porque tienes una gambeta enloquecedora y una facilidad natural para el regate que te permite engendrar en segundos opciones claras de gol.

Buscas frecuentemente “la individual”, eres atrevido y descarado. Te mueves en el frente de ataque con un dinamismo que deslumbra. Eres ligero con el balón en los botines. Conduces bien en el espacio corto y atesoras el pique desquiciante. Encaras a los defensas y los dejas patidifusos.

Decía el narrador Jorge Pietrasanta durante el partido del domingo pasado contra los Pumas que en los entrenamientos les pintas la cara a tus rivales. Eso hará que vayan por ti con la espada desenvainada, pero no permitas que las patadas apaguen tu frescura ni cohíban esa dosis de valor que se necesita para jugar al futbol.

En una liga con exceso de extranjeros y naturalizados, da gusto que surjan jóvenes mexicanos con tantas cualidades porque representan el futuro de la Selección Nacional. Para no ir más lejos, los Juegos Olímpicos están a la vuelta de la esquina y tú podrías estar ahí.

Quisiera, por último, remitirme a tus orígenes en Torreón. Brotaste en CESIFUT, el centro de formación de futbolistas de donde han surgido estrellas como Oribe Peralta, Juan Carlos Medina y Rodolfo Salinas. Su fundador Salvador Necochea es un hombre con valores. Hazlos tuyos. Si no pierdes el rumbo a pesar de las ofertas, la fama y el dinero, estoy seguro de que llegarás muy lejos.

El ser homónimo de ‘Chabelo’ me hace recordar que eres prácticamente un niño con todo el mundo por delante. No pierdas la gran oportunidad que significa ser futbolista profesional. Toma nota de aquellos que se olvidan de que la carrera es corta y echan a perder su vida deportiva con indisciplinas y falta de profesionalismo.

Oye chamaco, y no seas gacho, devuélvele su cintura a Darío Verón.

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