El ángel caído

Heriberto Murrieta

El pasado martes, Ángel Reyna acusó de traicionero, mentiroso y falto de valores y profesionalismo a José Manuel de la Torre y también le tundió a su hermano Néstor, otrora director deportivo de la institución tapatía. Asegura que le prometieron jugar y lo dejaron vestido y alborotado. ¿Y cómo no iban a dejarlo con un palmo de narices, si su falta de compromiso era un secreto a voces? José Manuel podrá ser hosco o tenso con la prensa, pero señalarlo como un hombre sin valores ni profesionalismo, él que se ha dedicado a estudiar el futbol metódica y obsesivamente, es un disparo al aire, una falacia absoluta. Poco crédito tiene Reyna para acreditar sus dichos.

La semana pasada, el club había liberado al problemático jugador y lo hizo a través de un irrisorio comunicado. La directiva no se tomó la molestia de revisar la redacción del “machote” y se había dado el lujo de agradecerle a Reyna, en un párrafo de colección, “la disciplina, responsabilidad y profesionalismo que mostró al acatar en todo momento las decisiones e instrucciones del club”. Un auténtico disparate.

Si bien, Reyna no es un centro delantero clavado, siempre se caracterizó por pisar el área contraria y marcar goles con frecuencia, a tal grado que fue campeón goleador del Torneo Clausura 2011, vistiendo la camiseta del América. Todavía funcionó después con el Veracruz, pero entre su último gol con los Tiburones, el 21 de septiembre de 2013, y el único que marcó con las Chivas el 18 de enero de 2015 transcurrieron nada menos que 16 meses entre lesiones y pólvora mojada. Son dos míseros goles en dos años y medio, clara evidencia del declive de un futbolsita ahora desempleado.

A estas alturas del partido, ¿es un jugador rescatable o una causa perdida?, ¿existirá algún osado que se atreva a ficharlo?, ¿algún iluso que crea que lo puede corregir?, ¿la MLS será su destino? Néstor de la Torre nos decía el pasado martes a través de ESPN que en el Guadalajara incluso buscó separarlo de los jóvenes para no contaminarlos.

Hay un hecho contundente: a Reyna ya se le fue el tren. El talentoso jugador que estaba llamado a ser una figura, ha tirado su carrera por la borda. Un lamentable desperdicio.

Fallas. Varios cabos quedaron sueltos tras el Clásico del domingo pasado entre Guadalajara y América. El árbitro Fernando Guerrero anuló un gol legítimo a las Chivas, pues Daniel Guerrero, al rozar el balón, habilitaba a Isaac Brizuela.

Pero hay que decir en su descargo que no contó con las numerosas repeticiones en cámara súper lenta de que gozan comentaristas y televidentes. Aún así, Guerrero tomó demasiado tiempo para decidir la anulación. Además, dejó de marcar un penalti a favor del Rebaño por un empujón de Mares sobre Bravo dentro del área.

Más tarde, Rubens Sambueza insultó al público y Paul Aguilar recibió un golpe en la espalda con un vaso de cerveza, pero ni ‘Sambu’ fue expulsado ni el silbante reportó la agresión a Aguilar, que podría haber acarreado un aviso de veto al estadio del Guadalajara.

El arbitraje pues, sí influyó en el marcador del Clásico de Clásicos del balompié nacional.

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