Futbol a destajo

Heriberto Murrieta

La FIFA, arbitraria y unilateralmente decidió, en busca de más dolares, aumentar a 48 el número de equipos para el Mundial 2026

La FIFA, incluyente para apapachar a los débiles en aras de ganar más euros, voraz a la hora de meter las manos en las rebosantes arcas y organizar cochupos indecorosos para vender sedes mundialistas, aumentó, sin decir agua va, el número de selecciones participantes a 48 a partir del Mundial de 2026.

En medio del estupor, federaciones como la alemana o la española pusieron el grito en el cielo porque no fueron consultadas sobre la decisión, tomada unilateralmente por el máximo organismo del futbol mundial al tiempo en que, sorpresivamente, Diego Armando Maradona se ponía positivo y aplaudía la medida. Increíble: el enemigo público número uno de la FIFA, la voz crítica por antonomasia, sacando el incensario para llenar de elogios a Gianni Infantino, el politizado mandamás avecindado en Zurich.

¿Bajará el nivel de calidad futbolística con 48 selecciones? Seguramente sí, porque habrá cabida para equipos que no necesariamente tienen alta calidad a nivel mundial. Esto comprueba que no siempre van de la mano los aspectos deportivos y los económicos y comerciales.

¿Era necesario este aumento desmedido? Futbolísticamente no, en lo absoluto. Este proyecto tiene más de mercadotécnico, turístico y demagógico, que de excelencia deportiva.

¿El Mundial durará más días que los acostumbrados? No, porque la FIFA anunció que seguirá durando un mes. Menos mal, aunque evidentemente habrá más partidos, lo cual llevará al aficionado a la saturación.

Bajeza. Como su apodo lo dice, el “Chucky” Lozano es endemoniado. Los jugadores del León se quejan de que es taimado y provocador.

Lozano es un jugador diferente, encarador, rápido, gambetero. De importación, sin duda. El Ajax ha mostrado interés por el chamaco capitalino. Por lo visto, volvió loco a Diego Novaretti, el defensa del León, el sábado pasado durante el juego fraternal entre Tuzos y Esmeraldas. Pero nada justifica el escupitajo que el argentino le lanzó al jugador pachuqueño. Las patadas y hasta los codazos caben dentro de un deporte de contacto, pero no hay nada más bajo y vil que un escupitajo.

Por eso, aunque el Pachuca seguramente no iba a denunciar la falta para no afectar a su hermano, la Comisión Disciplinaria atinadamente tomó cartas en el asunto y abrió una investigación de oficio sobre el lamentable suceso.

Si ya suspendió a Franco Jara por tirarse un grotesco clavado buscando engañar al árbitro en ese mismo duelo, resultó lógica la sanción de 6 partidos impuesta a Novaretti para establecer así un nuevo parámetro de juego limpio para el incipiente torneo.

No hay pues nada más antiético que un salivazo. Ojalá el Código de Ética se aplique como debe ser en el futbol mexicano.

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