El academismo impávido de Jesús Córdoba

Heriberto Murrieta

A la muerte del juez de plaza Jesús Dávila, de quien hablábamos en este mismo espacio hace ocho días, se sumaron esta semana las del matador retirado Jesús Córdoba y el apoderado José Manuel Espinosa, fallecido la víspera en la Ciudad de México.

Jesús Córdoba llegó a su posición histórica en el toreo de arte vía Gaona-Garza-Solórzano-Calesero, con la singularidad de que nació el 7 de marzo de 1925 fortuitamente en los Estados Unidos, país defensor de los animales que mira con susto y rechazo el sacrificio de toros en el rito hispánico de la corrida, adoptado en gran parte de América Latina. Su padre, Benjamín Córdoba Razo, era un hombre de campo que laboraba en un rancho ubicado en San Francisco del Rincón, Guanajuato, pero en 1920 se vio en la necesidad probar suerte en los Estados Unidos.

El día más feliz de su infancia fue cuando su padre le avisó que se regresaban a México. Tenía diez años cuando dejó el país de las barras y las estrellas para avecindarse junto con su familia en León, Guanajuato.

Córdoba despegó el 18 de julio de 1948 al presentarse como novillero en la Plaza México, sin sospechar que a finales de ese mismo año obtendría la alternativa tras una sensacional temporada de novilladas en la capital, al lado de Manuel Capetillo y Rafael Rodríguez. Fueron bautizados por la periodista Esperanza Arellano ‘Verónica’ como ‘Los Tres Mosqueteros’, con el hidalguense Paco Ortiz como el ‘Dartañán’ de la triunfal historia. Esa temporada, ‘El joven maestro’, llamado así por José Octavio Cano del diario Esto, toreó nada menos que ocho tardes y ganó la Oreja de Plata, a pesar de que Ortiz había conquistado el rabo del segundo de la jornada. Entre el valor espartano de Rodríguez y la embriagante expresividad de ‘Capeto’, Córdoba emergió como un torero de corte clásico.

Tomó la alternativa el 25 de diciembre de 1948 en Celaya de manos de Fermín Espinosa ‘Armillita’ con un toro de Xajay. Confirmó su alternativa en la Plaza México el 16 de enero de 1949 de manos del propio maestro Fermín, ante el testimonio del venezolano Luis Sánchez ‘Diamante Negro’ con un astado de La Punta. El 4 de febrero de 1951 le cortó el rabo a ‘Luminoso’ de San Mateo en La México y pocos días después, el 11 de marzo, realizó su mejor faena en dicho escenario al bravo y noble ‘Cortijero’ de Zotoluca (le cortó las dos orejas).

Al año siguiente empezó a despuntar en redondeles españoles. Toreó en España en 1952, 1953, 1954, 1956 y 1966, avecindándose en Salamanca. Confirmó su alternativa en Madrid el 21 de mayo de 1952, de manos de Pepín Martín Vázquez y llevando como testigo a José María Martorell, con toros de Fermín Bohórquez. En la Feria de Abril de Sevilla del 53 logró la hazaña de conquistar dos salidas a hombros por la Puerta del Príncipe. Fue cuando impresionó al crítico Ricardo García ‘K-Hito’: “El mexicano Córdoba es el torero de la muleta planchá”. Después de su quinta y última temporada española, un desencuentro con el empresario Ángel Vázquez a principios de 1967 precipitó su retiro de los ruedos. Entonces empezó a trabajar como representante de las compañías de un amigo suyo ante Petróleos Mexicanos.

Matador atildado de excelente corte y valor sereno fue Chucho Córdoba. Discreto con el capote, toreaba con la muleta con sobriedad y firmeza de pies. Se cruzaba y cuando el toro humillaba, le corría la mano con temple, llevando la embestida, sin dejarla pasar, quedando siempre bien colocado para ejecutar el siguiente pase. Pragmático, buscó siempre la limpieza y la pureza para dominar 50 mil mentes y hacerlas reaccionar desde los graderíos. Se “ponía”
y aguantaba hasta lo último an-
tes que claudicar y quitarse, permaneciendo impávido ante los
pitones. Tanto así que en medio de las críticas sobre su supuesta frialdad, sufrió catorce cornadas de consideración.

Como juez de plaza se caracterizó por su rigurosidad. Cuando él estaba en el biombo, era difícil cortar una oreja. En este sentido, Córdoba se esforzó por dar seriedad a los festejos en el coso más grande del planeta.

Cierre. Con un cartelazo culminará hoy la Temporada Grande 2015-2016 en la Monumental Plaza México, que registrará un lleno imponente en los tendidos numerados para ver a Pablo Hermoso de Mendoza con dos toros de Los Encinos, y a Enrique Ponce, Fermín Rivera y Octavio García ‘El Payo’ con seis ejemplares de Teófilo Gómez. Transmitiremos la corrida a partir de las 4:25 de la tarde a través de Unicable.

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