Ley gastronómica poco apetecible

Francisco Madrid Flores

Soy un convencido de que la gastronomía es un poderoso motor de atracción de las corrientes turísticas, y en el caso de México un importante elemento diferenciador

En la agonía del pasado periodo ordinario de sesiones, el 29 de abril, la Cámara de Senadores aprobó la expedición de la Ley Federal de Fomento a la Gastronomía Mexicana cuya minuta se encuentra ahora en tránsito para su eventual discusión en la Cámara de Diputados.

Soy un convencido de que la gastronomía es un poderoso motor de atracción de las corrientes turísticas, y en el caso de México un importante elemento diferenciador, al que contribuye la singular declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por parte de la Unesco para La cocina tradicional mexicana, cultura comunitaria, ancestral y viva - El paradigma de Michoacán.

De acuerdo con un estudio realizado recientemente por la Universidad Anáhuac para el Fondo Sectorial de Turismo del Conacyt y la Sectur, se ha establecido que la actividad más recurrente realizada por los turistas es, precisamente, la de ‘probar la gastronomía local’, lo que hacen el 91% de los extranjeros y el 76% de los nacionales.

No es un secreto reconocer que la búsqueda de una experiencia culinaria de excepción es una condición deseable para, cada vez, un mayor número de personas, para quienes se ha acuñado, incluso, la denominación de foodies. En un mundo en dónde el turismo es parte del estilo de vida global, esta tendencia ha tomado carta de naturalización dando pie al turismo gastronómico. Es emblemático de este fenómeno la estimación de que alrededor de diez millones de turistas internacionales que visitan España (un 15% del mercado total) lo hacen motivados por la experiencia gastronómica hispana, la que, por cierto, hace mucho tiempo dejó atrás la fórmula de ‘la paella y la sangría’.

Me parece, a tono con lo anterior, que la iniciativa del actual gobierno de impulsar una Política de Fomento a la Gastronomía, es, por demás acertada, al igual que lo es el liderazgo otorgado en este propósito a la Secretaría de Turismo, así como la definición de concurrencia de responsabilidades por parte de otras dependencias gubernamentales, en este propósito que suma, incluso, a la Secretaría de Hacienda.

No obstante, aun teniendo en cuenta que todo suma, esta Ley Federal de Fomento a la Gastronomía Mexicana suma… bastante poco. El Senado de la República, que convoca a una reunión para el próximo miércoles para presentar la Ley (aparentemente en un ejercicio post mortem), perdió una valiosa oportunidad de construir un andamiaje transexenal y se limitó a dar carácter de ley a la Política del Ejecutivo en un breve texto de catorce artículos, seis de los cuáles presentan la existencia de un Consejo Consultivo que ya está constituido. El instrumento en cuestión es, básicamente, declarativo y –paradójicamente en esta cuestión– carente de dientes; no asigna ni derechos ni obligaciones, no se atreve a sugerir incentivos fiscales u otro tipo de estímulos –por qué no quitarle el IEPS al vino mexicano, por ejemplo– , no aborda hechos concretos como la apuesta por las denominaciones de origen; es omisa en definir un acercamiento a la solución de la problemática de la industria restaurantera, elemento toral de la cadena de valor, inmisericordemente acechada por la fatídica triada que actúa de manera sinérgica conformada por la sobrerregulación, la desleal competencia que supone la informalidad y la corrupción asociada a estos fenómenos. Por cierto, en un país campeón en obesidad infantil y otros padecimientos asociados a malos hábitos alimenticios, parece insignificante la contribución de esta Ley para revertir estos graves problemas de salud pública.

Una Ley como esta es francamente inocua. Es cierto que otros países y regiones han emprendido iniciativas para impulsar su gastronomía. Es el caso de España, Perú y de Escandinavia, pero como me comentaba hace unos días Rafael Ansón, Presidente de la Academia Iberoamericana de la Gastronomía, no se debe esperar mucho del gobierno en estos menesteres.

En fin, veremos que dice la Cámara revisora, aunque la experiencia orilla a pensar que el proceso legislativo puede avanzar, sin que por ello vaya a pasar algo sustancialmente diferente.

Director de la Facultad de Turismo y Gastronomía de la Universidad Anáhuac México.

Twitter: @fcomadrid

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