Los triunfos claros no necesitan justificación

Eduardo Camarena

Saúl ‘Canelo’ Álvarez derrotó por decisión unánime a Miguel Ángel Cotto el sábado anterior en Las Vegas con puntuaciones a su favor por 6, 8 y 10 unidades de diferencia. La pelea fue muy cerrada, pareja, de dominio alterno, ninguno de los contendientes estableció control absoluto, por lo que la abrumadora ventaja que concedieron los jueces en sus tarjetas a favor del mexicano no refleja lo ceñido del combate y eso ha generado polémica y controversia.

Ambos boxeadores se mostraron muy cautelosos en sus estrategias; Cotto realizó una pelea a distancia, de mucha movilidad, buscó estar lejos de los puños de su rival, se trasladó en el ring casi siempre en reversa o a los costados y aunque tiró muchos golpes careció de puntería y contundencia.

Álvarez, por su parte, trató de presionarlo, caminó permanentemente para adelante, acosándolo, pero escatimó al soltar las manos, le faltó combatividad, lo que le habría permitido plasmar su mayor poder de puños y su ventaja de siete kilos en el peso sobre su contrincante. Lució más por sus movimientos de cintura y habilidad para esquivar los golpes de su contrincante, que por su vocación ofensiva. Por lo tanto, su actuación no fue convincente.

En realidad, se registraron muy pocos intercambios de metralla y fueron escasos los momentos de acción emocionante a lo largo de los 12 episodios. Los impactos sólidos conectados por uno y otro fueron esporádicos y prevalecieron más los golpes fallados y a los brazos. Resulta tan absurdo dar una ventaja tan amplia a Álvarez como hacerlo a favor de Cotto. La pelea estuvo muy equilibrada y podía inclinarse a cualquier lado o terminar en empate.

¿Ganó realmente el ‘Canelo’?. En mi opinión, no. La pelea se realizó bajo las condiciones que Cotto estableció desde el primer round con su movilidad y estilo elusivo. Seguramente sabía de la gran desventaja que tenía en el peso y no se paró a intercambiar golpes. Supo controlar a su adversario, lo maniató, lo hizo fallar repetidamente y cuando fue conectado, sí resintió el poder de puños del mexicano, acrecentado por su gran ventaja en la báscula. Empero, ‘Canelo’ no pudo reflejar claramente y con amplitud esa gran superioridad y prerrogativa en el peso. Con mayor combatividad, cerràndole correctamente las salidas y disparando más golpes podía noquearlo.

Con todas estas circunstancias, el boricua hizo lo suficiente —en nuestra particular opinión— para llevarse el triunfo, ajustadamente, con ventaja de un par de puntos, no más. Pero, al ser una contienda tan pareja no es descabellado pensar que lo más justo habría sido un empate o que ‘Canelo’ ganó por estrecho margen, igualmente sólo por un par de unidades de diferencia. Aquí es cuando uno comprende por qué se pronuncia en estos casos la repetida frase de que “el boxeo es un deporte de apreciación”.

Cuando el triunfo es claro y convincente no necesita justificación. Y en este caso se ha tratado de “argumentar” una victoria que sólo en la óptica de los jueces Burt Clemens, Dave Moretti y John McKaie resultó amplia y holgada.

 

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