Prueba superada

Eduardo Camarena

El juego mostrado por la Selección ante los uruguayos invita a ilusionarse con que el equipo de Juan Carlos Osorio puede ser el campeón

México ganó merecidamente y con autoridad a Uruguay en su presentación en la Copa América del Centenario, en Glendale, Arizona. El triunfo fue bien trabajado por los jugadores mexicanos, con gran disposición en el esfuerzo físico, aplicación táctica, concentración en defensa y ataque y capacidad para adaptarse a las modificaciones en la estrategia durante todo el partido y ante distintas condiciones.

Definitivamente la calidad exhibida en esta ocasión por la escuadra de Juan Carlos Osorio fue notable, dominó la mayor parte del encuentro, lo manejó y controló siempre con ventaja y seguridad, sin titubeos ni flaqueza. El equipo realizó jugadas de mucho nivel técnico, movimientos tácticos efectivos que fueron muy bien ejecutados por todos. El juego de conjunto fue su mayor fortaleza y las acciones individuales marcaron la diferencia en un partido que por momentos pareció complicarse por la fuerza del rival.

Juan Carlos Osorio presentó una alineación que sorprendió al incluir a Néstor Araujo en la zaga, junto a Rafael Márquez y Héctor Moreno, y a Miguel Layún como lateral volante por el costado derecho. La media cancha fue efectiva en la recuperación y en la creación, con Guardado como baluarte y con una gran presencia en la cancha. El equipo fue flexible, tuvo mayor posesión del esférico, más de 60%, claridad para atacar y seguridad en la retaguardia, con Márquez acertado y brillante, como en sus mejores épocas.

Y cuando parecía que el equipo mexicano perdía el control del encuentro y no aprovechaba la superioridad numérica por la expulsión de Matías Vecino y tras el empate de Godín a los 73 minutos, los cambios le funcionaron al técnico Osorio, pues tanto Raúl Jiménez como Lozano fueron determinantes en el vigoroso cierre de partido, justo lo que se necesitaba para conseguir una importante victoria que alienta de manera especial en el arranque del torneo.

Dio gusto ver a la Selección, dominante, concentrada, con capacidad combativa y talento, paciencia para alcanzar el triunfo, sin desesperarse, y tuvo contundencia para ganar un partido que era crucial por tratarse del rival más fuerte del grupo. Es el comienzo apenas de este evento del Centenario, pero esta actuación invita a soñar y pensar que México pueda levantar la Copa.

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