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La confrontación como estrategia

En EU dominan las dicotomías: estás a favor o en contra del presidente, eres liberal o conservador, proteges a los ilegales o al Estado de derecho
29/04/2017
02:03
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Chicago, Illinois.- Estados Unidos es una nación profundamente dividida y el actual presidente, Donald Trump, no ha hecho sino acelerar esa tendencia. Los estadounidenses viven aislados en el mundo en que se sienten cómodos, consumiendo información exclusivamente de fuentes liberales o conservadoras según sea su preferencia.

A tres meses de asumir el poder, Trump tiene el nivel más bajo de aprobación de inicio de mandato (54% lo aprueba y 40% lo desaprueba, según una encuesta realizada por el diario conservador The Wall Street Journal y la cadena de televisión liberal NBC).

Este estudio de opinión también muestra que la mayoría de votantes independientes reprueban el accionar de la administración y, por otro lado, que la base conservadora de Trump continúa apoyándolo pese a su falta de efectividad y a su manera poco ortodoxa de conducirse.

La esperanza de que la polarización de las campañas terminara con la elección se derrumbó ante los contantes embates que el presidente lanza contra rivales políticos, ilustrado en declaraciones incendiarias que distraen a la opinión pública de los atolladeros en que ha caído su gobierno y sus colaboradores.

Hasta ahora han sido algunos jueces quienes han mostrado el mayor contrapeso a las políticas del mandatario. Estos miembros del poder judicial detuvieron la puesta en marcha de las órdenes ejecutivas que buscaban negar la entrada a Estados Unidos de ciudadanos originarios de países de mayoría musulmana, así como la orden que castiga a las municipalidades que protegen a los indocumentados.

¿La respuesta del presidente? Una serie de vituperios que descalifican el accionar de los garantes de la aplicación de la ley. Aunque también hay que decir que Trump no está solo. La cadena de televisión conservadora Fox News llama “jueces liberales” a quienes obedeciendo la Constitución frenaron al Ejecutivo.

Hoy por hoy, en este país dominan las dicotomías: estás a favor o en contra del presidente, eres liberal o conservador, proteges a los ilegales o al Estado de derecho, y cada bando acusa de “extremistas” a aquellos con quienes se está en desacuerdo.

Volviendo al poder judicial, es verdad que la objetividad pura no existe pero también lo es que el deber del poder judicial es interpretar y ejecutar la ley, no imponer sus opiniones o sentir personal. Por ello, la intención explícita de Trump de nominar a “magistrados conservadores” a la Suprema Corte violenta la aspiración de un sistema imparcial y profesional.

El otro dique político llegó sorpresivamente del interior del Partido Republicano. La autodenominada fracción parlamentaria “Freedom Caucus”, integrada por legisladores de ultraderecha, que fueron los responsables de parar los cambios al sistema de salud prometidos por Trump. Esta ala radical también fue culpable de la renuncia de su anterior líder en la Cámara Baja, John Boehner, de paralizar al legislativo durante el gobierno anterior y seguramente contribuyó a que el cabello del presidente Barack Obama se tornara blanco.

El fuego amigo continuará si la ambiciosa reforma fiscal de Trump, que incluye recortes masivos de impuestos, dispara aún más el déficit nacional. Esto anticipa que los legisladores de ultraderecha y los libertarios monten una oposición activa a los planes presidenciales que prometen dinamismo económico si se adopta su plan fiscal.

Otros rivales son los medios de comunicación no alineados con el gobierno, no sólo los tradicionalmente liberales como la televisión de MSNBC, el diario The New York Times o los blogs de The Huffington Post, sino aquellos que por ser críticos del presidente han sido relegados por el poder.

En el crispado ambiente, los medios centristas como The Washington Post, CNN y Politico han radicalizado sus coberturas exhibiendo claras tendencias antiTrump.

Estas políticas editoriales enfocadas en reafirmar los prejuicios ideológicos de sus respectivas audiencias, sumado a la confrontación como estrategia que usa el presidente, sólo pueden anticipar la continua decadencia de la que solía ser la democracia más antigua y estable del mundo.

 

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