Sobre la extradición de 'La Barbie'

Alejandro Hope

¿Quería Édgar Valdez Villarreal, alias La Barbie, ser extraditado a Estados Unidos? Según un reportaje reciente publicado en EL UNIVERSAL, esa fue su intención desde su captura en agosto de 2010. Según esa versión, quería desde el inicio irse a su país natal y negociar un arreglo con la justicia estadounidense.

Pero eso encaja mal con la estrategia jurídica que siguió luego de su detención por la Policía Federal. Entre 2010 y 2015, interpuso no uno, sino varios amparos para tratar de detener su entrega a las autoridades del país vecino ¿Por qué habría hecho eso si su intención era irse lo más pronto posible?

Como sea, haya querido o no, el temido jefe de sicarios de la banda de los Beltrán Leyva fue extraditado a Estados Unidos en septiembre de 2015. Y a partir de ese punto, las cosas se desenvolvieron a gran velocidad. En enero de este año, cinco meses después de su arribo a territorio estadounidense, se declaró culpable en un tribunal federal en Atlanta, Georgia.

Eso fue resultado de un arreglo con los fiscales (un plea bargain, como se conoce en la jerga judicial de Estados Unidos). Aún no se difunden los términos exactos, pero muy probablemente involucra una reducción de sentencia a cambio de información sobre socios y cómplices en el negocio del narcotráfico, así como su testimonio en algún juicio específico (como el que se le seguirá eventualmente al Chapo Guzmán, por ejemplo).

Dicho de otro modo, información valiosísima sobre las redes del narcotráfico se quedará allá. Nos llegará a cuentagotas, a discreción de las agencias estadounidenses.

Eso no deja de ser algo deprimente. Al fin y al cabo, las autoridades mexicanas tuvieron a La Barbie durante cinco años. No pudieron extraerle nada. En cambio, los vecinos lograron doblarlo en cinco meses ¿Qué explica esa diferencia?

1. Los fiscales estadounidenses tienen una amenaza creíble. Si Valdez Villarreal hubiera decidido no colaborar, corría el riesgo de pasar el resto de sus días en una prisión supermax, encerrado en una celda de tres metros cuadrados, casi sin contacto humano. No hay en México nada que resulte igualmente amenazante. Aún nuestras prisiones más seguras son vulnerables a la corrupción y la intimidación (como quedó demostrado con la fuga de El Chapo).

2. La fiscalía en el país vecino contaba probablemente con un expediente muy bien armado, con intervenciones telefónicas, testigos protegidos, periciales diversas, etc. Al mostrárselo a los abogados de La Barbie, estos llegaron rápidamente a la conclusión de que no había muchas posibilidades de una sentencia absolutoria ¿Existía en México un expediente de misma calidad? Lo dudo francamente.

3. El acuerdo muy probablemente incluyó una promesa explícita de protección para el capo y su familia. Y esa promesa es creíble: no es muy fácil que un grupo criminal mexicano atente en contra de un testigo de alto perfil como La Barbie al interior de una prisión federal estadounidense ¿Sería igualmente creíble que un compromiso similar de parte de autoridades mexicanas? No es muy probable.

En resumen, esta es una historia de capacidades dispares. Los vecinos tienen policía, fiscales, jueces y prisiones para procesar a personajes como La Barbie. Nosotros no. Y mientras eso sea el caso, no habrá otra alternativa que seguir extraditando a nuestros capos.

En otras cosas. Ya sabemos algo más sobre el sangriento enfrentamiento en Nochixtlán hace algunas semanas. Sabemos, por ejemplo, que la Policía Federal disparó y que tenía enfrente a civiles armados. Pero no sabemos aún quién fue responsable de la muerte de ocho personas. El misterio continúa.

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@ahope71

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