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Los que vivimos en las grandes ciudades vemos pasar los días entre múltiples actividades, el tiempo se va rápido. Y quienes nos despertamos antes de que amanece, cuando menos nos damos cuenta ya cayó la noche y no nos percatamos de todo lo que ocurrió en el día, incluso en nuestras propias familias.
Ha pasado el primer trimestre de este 2016 y, a diferencia de muchos otros años, tenemos mucho que analizar. Se avizoran nuevas oportunidades que se han concretado para nosotros los habitantes de la CDMX.
En estos primeros meses del año hemos pasado de ser Distrito Federal a Ciudad de México; hemos fungido como centro de debates de primer nivel, como el del uso medicinal o recreativo de la marihuana, y hemos sido protagonistas a nivel internacional con la visita del papa Francisco, la cual estuvo llena de mensajes que estremecieron, en muchos niveles, la estructura social y política del país.
Hemos vuelto a altos índices de contaminación que nos obligaron a volver la mirada y a reflexionar sobre nuestra forma de vida y nuestra interacción con el medio ambiente.
En lo privado, que son los temas que nos afectan en el día a día como familias y comunidad, comenzamos el año con estadísticas que evidencian que en medio de toda esta dinámica de ciudad y de país globalizado, nuestros niños y jóvenes enfrentan una dura realidad.
Una realidad que enciende los focos rojos cuando leemos que un millón 798 mil 400 estudiantes de secundaria y bachillerato admitieron haber consumido alguna droga; o que 9.55% de las adolescentes entre 15 y 17 años en el país han estado alguna vez embarazadas, que han abandonando sus estudios, truncado proyectos de vida. Una realidad que nos obliga a detenernos.
Y nos obliga a reflexionar sobre cómo, en medio de esta dinámica citadina, podemos avanzar, lograr una sana convivencia con nuestros semejantes, con el ambiente y, en especial, con los sectores más vulnerables.
Es cuando debemos aprovechar la oportunidad que nos permitirá revitalizar nuestros valores y consolidar nuestro proyecto de Ciudad. Una oportunidad única para acordar la ciudad que queremos. La oportunidad de elaborar nuestra primera Constitución.
Una Constitución que elimine obstáculos que limitan y retrasan el desarrollo de la sociedad, pero que también fortalezca la herramienta fundamental que nos permitirá lograr el cambio: la educación.
No podemos perder de vista a quienes en menos de 15 años tendrán en sus manos las riendas de nuestra Ciudad. La nueva Constitución debe hacer frente a los principales problemas que imperan en el sector educativo:
La deserción —sobre todo a nivel medio superior— vinculada con embarazos prematuros y consumo de drogas y alcohol; la necesidad de mayores espacios educativos; la vinculación de los estudiantes con el empleo; la importancia de actualizar programas de estudios; la capacitación y actualización de las maestras y maestros; y erradicar la violencia, discriminación y exclusión que se vive en los centros educativos.
La educación debe ser eje rector del desarrollo de la capital. Por ello, la nueva Constitución debe garantizar el acceso de todos los ciudadanos a una educación de calidad, laica, gratuita y obligatoria, pero también integral y libre de violencia. Una educación que refleje los principios de igualdad y universalidad, atendiendo el nuevo contexto que la sociedad demanda. Que incluya las nuevas familias homo-parentales, respeto a las preferencias sexuales y a la diversidad ideológica.
A la par, se deben garantizar los medios para impulsar nuevas estrategias, planes y programas que se adapten a las necesidades, intereses y competencias de los jóvenes capitalinos.
En suma, el tema educativo debe ser prioridad en la conformación de la nueva Constitución de la Cuidad de México. De ella dependerán nuestros jóvenes y, por ende, el desarrollo económico, social y cultural de nuestra capital.
Secretaria de Educación de la Ciudad de México.
@Ale_BarralesM
www.alejandrabarrales.org.mx
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