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La colonia que tuvo alguna vez un “géiser” y un pozo petrolero

Una característica inherente a la Ciudad de México es su capacidad de sorprendernos, eso pasó cuando su cielo, al norte de la capital, fue dominado por un chorro de agua que emergió de la tierra y, años más tarde, por la punta de una torre de extracción petrolera
17/05/2017
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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Fotografía actual:
Sócrates Vera
Diseño Web: Miguel Ángel Garnica

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La Ciudad de México pareciera ser un inmenso cofre lleno de tesoros que emergen de vez en cuando para dejarnos conocer cómo eran sus recovecos en tiempos pasados, permitiéndonos generar conexiones entre lo que hoy existe y aquello que nunca veremos.

Dichos tesoros son los que suelen dotar de identidad a un barrio, ya sea por la historia de su nombre, de la zona o por la repentina aparición de “algo” sin precedentes; tal fue el caso del terreno que hoy en día ocupa la Colonia Estrella, al norte de la ciudad. En esta ocasión EL UNIVERSAL se acercó a Sócrates Vera, cronista de la zona, para que nos compartiera la historia de varios sucesos que han marcado la vida del barrio.

El “géiser” de 45 metros

A pesar de que la colonia nació como tal en la década de 1930, a inicios del siglo pasado, específicamente en 1907, brotó de la tierra un sorprendente chorro de agua producto de la perforación de un pozo artesiano (Hoyo profundo que se excava para extraer el agua contenida entre dos capas subterráneas impermeables; el agua procede de un nivel superior a estas capas y por ello tiene presión suficiente para salir a la superficie de manera natural). De inmediato la gente comenzó a llamarlo géiser, ya que era un fenómeno muy parecido.

La altura de dicho chorro fue de 45 metros y, de acuerdo con el cronista, los habitantes de la zona estaban seguros que el agua desaparecería en cuestión de días, pero no fue así. El géiser estuvo activo año y meses, volviéndose un atractivo turístico natural a las afueras de la ciudad —recordemos que por mucho tiempo, lo que era considerado como Ciudad de México sólo comprendía el perímetro de lo que hoy llamamos Centro Histórico—.

Su aparición forzó a que vecinos y las autoridades hicieran algunas maniobras para que el agua no se desperdiciara tanto y que poco a poco fuera adquiriendo fama. No necesitó de muchos esfuerzos para convertirse en algo “llamativo”, ya que en ese entonces no había edificios altos que dominaran el cielo citadino y sus 45 metros de altura lo hacían visible en toda la zona. Llegó a ser tan conocido que hasta la cigarrera del Buen Tono, de gran fama en ese entonces, le tomó fotografías para ocuparlas dentro de su publicidad.

“La ubicación exacta del géiser aún la estoy afinando, podría ser entre las calles de Azabache y Amatista o entre las calles de Malintzin y Talismán. Justo llegó a mis manos una foto que apunta al poniente y me da una nueva pista, de que quizás solía estar entre Talismán y Joyas, muy cerca de Azabache”, explica Sócrates.

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El “géiser” se originó en 1907 pero no se trataba de un fenómeno geológico, sino que fue un gran chorro de agua que salió del suelo y alcanzó una altura de 45 metros.

En la búsqueda de petróleo

El subsuelo de algunas zonas al norte de la ciudad era rico en minerales a principios del siglo pasado, había agua ferruginosa, agua con minerales de Fierro, pozos artesianos y chapopoteras. Además de que era un proveedor importante de queroseno de la Ciudad de México, un líquido que servía para las lámparas. Por todo esto, se pensó que por la zona podría haber también existencia de petróleo e iniciaron las exploraciones.

“Las primeras búsquedas de petróleo datan de la década de 1860, ya que entre 1862 y 1904 fueron construidas otras torres en diferentes lugares de la Hacienda de Aragón —que era inmensa y la colonia Estrella está dentro de los terrenos que la comprendían—. La primera torre estaba detrás del antiguo convento de Capuchinas, otra muy cerca de las avenidas de Cantera y Acueducto de Guadalupe, y una más muy cerca de la de Acerina”, comparte el cronista.

Pero fue a finales de los años 20 que se levantó en las actuales calles de Acerina casi esquina con Avenida Joyas, una torre de extracción de petróleo que tenía como propósito el explotar ese recurso tan preciado y del que hubo evidencia en esos terrenos.

De acuerdo con el cronista, este tema es sumamente controversial ya que muchas personas afirman que todos los que invirtieron para estas exploraciones fueron víctimas del ingeniero estadounidense que lideró la búsqueda. Lo cierto es que la tecnología no era tan precisa como ahora y la búsqueda de petróleo conllevaba perforar el suelo y “ver qué salía”.

Sin embargo, Sócrates considera que como en la mayoría de los negocios, una inversión puede o no puede funcionar: “para mí, el ingeniero actuó de buena fe. Él se dedicaba a hacer pozos artesianos y tenía cierto prestigio en el ámbito petrolero de la época”.

Los esfuerzos no rindieron frutos y la famosa torre de extracción nunca estuvo en producción ni funcionamiento, pero sí logro convertirse en otro ícono en el imaginario colectivo de la zona.

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“La torre de extracción de petróleo se encontraba en la calle de Acerina, casi esquina con Avenida Joyas”, comentó Sócrates, a la vez que nos decía que esta construcción es más conocida por los habitantes de la zona que el mismo géiser, ya que los vecinos la recuerdan o tienen registro fotográfico de su existencia. A pesar de ello, no se tiene el dato exacto de su desaparición. Colección Sócrates Vera, década 1930.

Dentro de su investigación, Sócrates encontró que el famoso paisajista mexicano, José María Velasco, pasó en La Villa sus últimos años de vida y por lo tanto capturó en sus lienzos la zona norte de la capital.

En ese periodo de tiempo, el pintor solía viajar en tranvía hacia La Villa desde el Centro y gustaba de subir a los cerros y capturar el Valle de México desde diferentes ángulos “en varias de ellas se ven las calzadas de Guadalupe y de los Misterios, así como algunas edificaciones de la Hacienda de Aragón y las acequias que venían desde el sur. Sin saberlo, pintó los terrenos de lo que hoy es la colonia Estrella y muchas de las señas que luego pudieron verse en mapas de la zona”, detalló.

Nace una estrella

Ya para finales de los años veinte y principios de los treinta se fraccionaron los terrenos de la Hacienda de Aragón y nacieron fraccionamientos -valga la redundancia- que después serían colonias. Una de ellas fue la Estrella, que se encuentra cerca de la Villa de Guadalupe entre la Calzada de Guadalupe y la Avenida Ferrocarril Hidalgo, colindando al norte con Malintzin y al sur con Avenida Victoria.

El desarrollo del fraccionamiento tuvo cierta relación con la planta automotriz que estuvo en lo que hoy es la Plaza Tepeyac, desde los años veinte hasta 1983 y, al ser una planta que demandaba a cientos de empleados, algunos de ellos empezaron a adquirir predios del Fraccionamiento Estrella. Ya para la década de los ochenta, la planta fue trasladada a Cuautitlán y se convirtió en la plaza, que aún conserva cierta parte de la estructura de metal original de la planta, como lo son algunas columnas y el tanque de agua.

Otro de los sitios emblemáticos de la colonia es el Parque María Teresa, mejor conocido como “Parque de los Cocodrilos”. En sus primeros años el parque contaba con un chapoteadero con una pérgola de cada lado y, como todos buenos mexicanos, tanto los habitantes como los visitantes estaban fascinados al poder jugar con el agua mientras tomaban el sol.

En 1957 se inauguró una fuente central con un ángel y una garza, que acompañaría a los cocodrilos y pelicanos de cemento característicos del parque.

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Tomas comparativas del “Parque de los Cocodrilos” en los años cuarenta y en la actualidad. Cabe mencionar que el parque fue remodelado en 2011 y ya no cuenta con una fuente central. Colección Sócrates Vera y Archivo Fotográfico EL UNIVERSAL.

Al preguntarle sobre qué lo motivo a convertirse en cronista del barrio, Sócrates nos contó que todo fue por azares del destino, cuando le tocó ser parte de los comités ciudadanos de la Ciudad de México y le tocó poner en marcha la iniciativa de que los habitantes de una colonia valoraran y cuidaran su “barrio”, la única forma de hacerlo era dando a conocer su historia.

Él se acercó con la gente de mayor edad y que llevaba más tiempo viviendo en la colonia Estrella para saber qué había pasado. Recabó información y después se dio a la tarea de verificar todo lo que sus vecinos le comentaban en archivos históricos, hemerográficos, digitales y obviamente, fotográficos.

“Yo llegué a vivir aquí en el 68 y poco a poco me fue llamando la atención la historia que rodea a toda la zona de la Villa de Guadalupe. Fui descubriendo más y más, y me sentía como cuando encuentras la estampita que te hacía falta del álbum. Me gusta mucho redescubrir mi colonia, cada foto nueva que encuentro provoca que se me ponga la piel “de gallina” dijo entre risas.

En cuanto a la labor de promoción y difusión de la historia del barrio, Sócrates afirma que se han realizado pláticas con los vecinos y han promovido cápsulas o pequeñas publicaciones en medios de comunicación, logrando así que otros habitantes de la colonia se interesen por la historia que contiene la zona donde viven, “pero aún no siento que sea un conocimiento común, ni arraigado”, se lamentó.

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Edificio del antiguo Orfanato de San Antonio y Santa Isabel de la Fundación Mier y Pesado, en los años treinta. El inmueble estilo Art Déco, se conserva hasta la actualidad y marca los límites entre las colonias Industrial y Estrella. Colección Villasana Torres.

Fotografía antigua: Colección Villasana–Torres y Cortesía Sócrates Vera.
Fuentes: Sócrates Vera, cronista de la zona. Artículo “Cocodrilos en el parque” de Lidia Arista, EL UNIVERSAL.