Texto y fotos actuales: Erika Bribiesca Sala

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“Señor, es que mi muñeca ya no ve”, fue lo que le dijo una pequeña niña de tres años al señor Enrique Cervantes Rojas, cuando apenas estaba iniciando su negocio a los 18 años de edad. Se le hacía incluso absurdo el que quisieran reparar esa muñeca, pues ya estaba muy maltratada.

El papá de esa niña – recuerda - era un señor alto, de ojos claro, barba partida, elegante, incluso olía rico a la lejanía. Primero el señor Rojas le había sugerido que la tirara y comprara otra, pero al ver la cara de tristeza de la niña decidió repararla.

La pequeña con su papá se fueron a dar una vuelta y después de una hora volvieron y la muñequita ya “veía de nuevo”, ya tenía ojos y cuerpo nuevos, la había vuelto a pintar, pero eso sí, tenía la misma carita que siempre.

La niña se emocionó y comenzó a brincar y gritar, el papá simplemente se puso a llorar. Le dijo al señor Rojas que la niña llevaba mucho tiempo enferma, pero al parecer su única enfermedad era la tristeza, porque la había llevado a muchos doctores, psicólogos y había gastado miles de pesos en medicinas. Le dijo que “nadie le había dado una sonrisa, una alegría como la que acaba de recibir ahorita. Gracias”.

En ese momento el señor Rojas se dio cuenta que un juguete no es sólo es eso, sino que encierra un sentimiento especial para cada persona.

El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas

El señor Enrique Cervantes Rojas lleva aproximadamente 40 años con su negocio de reparación de muñecas, que se llama “Hospital Rojas”, lo empezó su mamá. Al principio sólo vendía ropita para las muñecas, pero como mucha gente le preguntaba si las arreglaban, decidieron iniciar el negocio.

No siempre han estado en el mismo lugar, incluso hubo un tiempo en el que cerró el hospital y puso un restaurante, pero ahí seguía arreglando muñecas. En realidad, nunca lo dejó. Actualmente su negocio está ubicado dentro del Mercado Lázaro Cárdenas, Adolfo Prieto 234 en la Colonia Del Valle, en el local 274.

Él aprendió a arreglar muñecas porque tuvo un patrón que arreglaba niños Dios e imágenes religiosas, y de ahí aprendió este oficio. Compone de todo tipo, desde hechas de Lladró, de porcelana, muñecas antiguas, Barbies, de pasta, de vinil, les arregla los ojos, les pone cabello nuevo y les pinta la cara con chapitas.

El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas

Recuerda que las muñecas eran de cuerpo de tela, mientras que la cabeza, brazos y piernas se hacían de vinil o de pasta, entonces lo que se echaba a perder más rápido era el cuerpo, entonces hacía un molde con el cuerpo original y con tela nueva rehacía el cuerpo.

Ahora son todas de plástico como las Barbies y cuenta que ese tipo de muñecas son la especialidad de la casa, pues le llegan muchas a su negocio, sobre todo porque les arrancan la cabeza o les cortan el cabello.

El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas

Lo que más le gusta de su trabajo es que “le vuelve a dar vida a las muñequitas”, porque es lo más importante, que los dueños de los juguetes vuelvan a verlos como cuando se los regalaron, que sientan que el tiempo no ha pasado y que los vuelvan a ver bonitos como antes.

Le han llegado muñecas de porcelana o de pasta como rompecabezas, en muchos pedazos, y él lo que hace es unirlos hasta volver a formar la cabeza, los pega y los lima, les vuelve a poner pintura y finalmente quedan como antes de que se rompieran.

El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas

La pintura que les pone puede llegar a durar hasta 90 años, pero ya no están hechas para volver a jugar con ellas, dice. Lo importante es conservar la esencia de la muñequita, entonces muchos sólo quieren que las deje bonitas para poderlas dejar de adorno por muchos años más.

Dependiendo el daño y el tipo de muñeca puede cobrar desde 40 pesos por pintar unas chapitas y en promedio en reparaciones más solicitadas como cambio de cuerpo y arreglo de cabello hasta 200 pesos. Pero a veces ha cobrado más de lo que vale la muñeca y al final la gente lo paga porque para ellos el valor es en realidad sentimental.

Uno de los juguetes más antiguos de la humanidad

El señor Enrique dice que su negocio está en peligro de extinción, porque ya casi nadie hace este tipo de trabajos, y que tal vez solo haya unas 10 personas en toda la Ciudad de México que aún realicen esta labor. En EL UNIVERSAL se publicó una nota el 28 de abril de 2012 contando la historia de Karen una mujer que llevaba, en ese entonces, 14 años arreglando muñecas.

El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas

Karen, otra reparadora de muñecas por más de 15 años, habló con EL UNIVERSAL en 2012. Este año cerrará su taller.

Su taller estaba ubicado en Coyoacán, y en aquella ocasión contaba a este diario: “Siempre digo que yo no reparo juguetes, sino sueños”. EL UNIVERSAL volvió a contactarla para poder saber más de ella y su establecimiento y dijo que justo este año va a cerrar su taller, sin querer dar más detalles de la razón por la que tomó esta decisión.

Las muñecas pueden ser consideradas como uno de los juguetes más antiguos de la humanidad. En México algunas culturas prehispánicas ya daban cuenta de estos objetos que se expresaban en figurillas de barro pintadas o sin pintar, o bien elaboradas de telas.

Las muñecas francesas de trapo estaban de moda en 1919

En 1919 EL UNIVERSAL ILUSTRADO publicó una nota diciendo que “las muñecas de trapo son el juguete predilecto de las niñas francesas” y el título del texto era “Las muñecas de moda”, en la Página de los niños.

La nota cuenta que estas muñecas de trapo comenzaron siendo un amuleto en los días crueles de la guerra y que se les veía colgadas de un avión de caza o en las canastas de compra y que era la diversión de grandes y chicos en aquella región europea. Habían sido inspiración de artistas como Neumont, Hellé y Poulbot.

Eran confeccionadas por mutilados de guerra, “hombres heroicos que luego de luchar por un ideal, regresaban enfermos a la vida tranquila del taller” que estaba a cargo de la señora Lazarki, “de nacionalidad polonesa”, y que este tipo de muñecas estaban dejando atrás a “los antiguos rorros de porcelana las de porcelana o pasta, mofletudos y deformes, con mejillas y labios muy rojos, ojos muy azules y cabellos de un rubio amarillento”. Se les vestía con trajes de distintas épocas y otras usaban trajes de las regiones de Alsacia-Lorena que entonces estaban de moda.

El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas

El texto también cuenta que estas muñecas eran mucho más expresivas que las antiguas y que cada una tenía un gesto distinto: sonrisa, desdén, malicia, ingenuidad. En nuestro país eran bien conocidas, pues en algunas partes de la República Mexicana la hechura de estas figuras era toda una especialidad exclusiva de las mujeres, quienes las hacían con pedazos de telas de talleres de moda.

Las de trapo, narra aquella publicación, tenían la gracia de ser más suaves e imitaban mejor el cuerpecito de un niño y para las mamás tenían la gran ventaja de que no se rompían.

Las muñecas extranjeras que acabaron con las nacionales

Lili Ledy era una de las marcas de muñecas nacionales más conocidas en México, muchas niñas tenían de éstas, el señor Rojas era amigo de las personas que hacían la ropa a las muñecas, tenían una fábrica con diez máquinas, estos vestuarios eran de estambre y se la pagaban por adelantado, a fin de año entregaban toda la producción.

Cuando la fábrica Lili Ledy cerró, en 1985, la de sus amigos también. Aunque ésta no fue la única que quebró, también cerraron marcas como Elizabeth o Muñecas Preciosas. Las fábricas de materiales también se vieron afectadas, como las que hacían ojitos o el cabello, por ello el señor Rojas, cuenta, ya no consigue materiales como lo hacía hace 40 años.

El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas
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La principal causa para que todo esto pasara, fue la importación de muñecas chinas o coreanas a partir de los ochentas, dice. No eran de la misma calidad, costaban 5 o 10 pesos, pero para la situación económica del país, era lo mejor para poder “salir del paso” el Día de Reyes, duraban máximo tres días por su mala calidad.

El instinto materno que da una muñeca

El señor Rojas nos cuenta cómo él cree que las muñecas pueden cambiar incluso la sensibilidad de las niñas y de los niños:

“Las niñas de hoy ya no juegan tanto con las muñecas, ya traen el chip puesto con la Tablet, el iPhone, el celular, ya no se encariñan tanto. Además yo lo veo como peligroso, no tanto por estar al día, porque tienen que estar con la modernidad, con la ciencia, se tienen que actualizar, pero en ese actualizarse están dejando un sentimiento muy aparte que es la maternidad”.

Dice que el sentimiento que trae una niña “no lo desarrolla como tal, entonces ya se vuelven más duras de corazón, ese sentimiento lo van perdiendo, ya no tienen esa dedicación de estar cuidando una muñeca y de cuidarla como un bebé, ahí van desarrollando este sentimiento, el instinto maternal, se está perdiendo”.

“Hoy por hoy no es tanto que las niñas no se interesen por una muñeca, es también que los papás de hoy ya no se los inculcan. El comprarles una muñequita o un juguete que desarrolle su instinto maternal, porque es más fácil distraerlos con ‘te doy la tablet y ya no me des lata’”.

El hombre que revive muñecas
El hombre que revive muñecas

También nos compartió una anécdota de cómo un muñeco puede despertar la sensibilidad de cualquier persona:

“Un militar, que tú dices: un hombre acostumbrado a la vida dura, lloró cuando le arreglé su muñeco de peluche, ese muñeco es con el que seguramente dormía de niño y lo cuidó, lo conservó, era su amigo fiel e inseparable, tú ves al señor por fuera, tan grande y no lo crees, ¿qué tanto encerraba ese muñequito para él? Sólo él y Dios saben”, recuerda este reparador de muñecas.

La fotografía principal es de Kati Horna, "Reparadora de muñecas", Ciudad de México 1965.

Fotos antiguas: Colección Villasana-Torres, EL UNIVERSAL ILUSTRADO

Fuentes: Entrevista con el señor Enrique Cervantes Rojas, EL UNIVERSAL ILUSTRADO y EL UNIVERSAL.

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