La iglesia que hizo suya San Juditas

Mochilazo en el tiempo

Cada año miles de feligreses se reúnen a las afueras del Templo de San Hipólito. Este recinto religioso fue construido por encargo de Hernán Cortés en honor de los españoles que murieron en la Noche Triste y en la actualidad quienes lo visitan, cada 28 de octubre, lo hacen para celebrar a su patrono San Judas Tadeo

Texto y fotos actuales: Perla Miranda
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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Salvar la vida de un ser querido, solucionar problemas legales, conseguir un empleo o librar a parejas adolescentes de embarazos no deseados son algunas de las peticiones que cada día cientos de mexicanos le hacen a San Judas Tadeo, conocido como el patrono de las causas imposibles.

La fiesta de este santo se celebra el 28 de octubre de cada año, sus fieles se reúnen en la iglesia de San Hipólito localizada en  el cruce del Paseo de la Reforma y Avenida Hidalgo para festejar a su protector.

Es mediodía y los rayos del sol son inclementes con las personas que esperan entrar al atrio, entre vendedores de figuras de yeso, veladoras, escapularios y demás objetos con la imagen del apóstol esperan pacientes que inicie la misa y que su santito sea bendecido una vez más.

En la demora hay quienes deciden mitigar el hambre con la señora que grita “sincronizadas, tres por diez, lleve sus sincronizadas” o compran las clásicas congeladas de rompope para ver si el calor se hace más soportable. 

En la acera que está frente al templo se ve una figura de San Judas Tadeo en tamaño real, se confunde con la gente, pareciera que también está impaciente por escuchar la homilía del sacerdote, algunas personas se acercan, le tocan la el rostro, se persignan ante él, otros más le cuelgan escapularios.

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Óscar Lira es dueño de este santo, todos los días 28 viene a la iglesia de San Hipólito y le recuerda a su beato que no ha olvidado su promesa, sabe que aún le quedan 11 años de misión.

Emocionado este hombre de 23 años relata a EL UNIVERSAL que hace nueve años tuvo la fortuna de ser padre, entonces era un adolescente de 14 años, al igual que su novia y ahora esposa. “Mi mujer se vio delicada, mi hija tuvo problemas al nacer, yo no quería que le pasará nada a ninguna de las dos, por eso me encomendé a San Juditas, le pedí que salvará a mi familia y si me hacía el favor yo vendría todos los días 28 a escuchar misa con su figura, para pagarle”.

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Óscar estaba acompañado de su hermano, aunque admite que hay ocasiones en que su hija y esposa llegan con él para agradecer. No luce fatigado, a pesar de que ha andado a pie desde el Toreo de cuatro caminos, “salgo de casa y tomo un camión, a la gente le da curiosidad verme con mi santo, ya de Toreo me vengo caminando, pero no me pesa, cuando uno viene con fe es fácil, si reniegas ¡huy! ahí si se friega la cosa”, dice sonriendo.

El joven de piel morena dice que antes no había problema en su peregrinar, pero ahora se tienen que cuidar entre feligreses de la delincuencia. “Si te descuidas tantito ya se acercan y piden que para el pomo o comida, a veces ya se manchan y piden el celular o cosas de valor, pero San Judas siempre me cuida”.

Se escuchan los altavoces de la iglesia, la misa está por comenzar.

El templo que mandó construir Cortés

Muchos se congregan en este santuario, pero pocos saben que en un inicio esta iglesia era una Ermita. De acuerdo con el libro Seis siglos de historia gráfica de Gustavo Casasola. En el lugar donde fue derrotada y muerta la retaguardia de los conquistadores españoles, en la trágica Noche Triste se levantó una Ermita por el soldado Juan Garrido encargada por el conquistador Hernán Cortés en memoria de los guerreros que murieron a manos de los mexicas el 1 de julio de 1520.

Por algún tiempo se llamó la Ermita de Juan Garrido, después la de “Los Mártires” por último se le dio el nombre de San Hipólito porque el 13 de agosto de 1521, cuando se conquistó a la Gran Tenochtitlán era día de ese santo, incluso en el atrio de la iglesia se encuentra una piedra labrada en la que se narra esta leyenda.

En 1567 el templo era de adobe ya lucía maltratado, entonces se formó un patronato para remodelarlo y el 20 de enero de 1777 se inauguró.

De acuerdo con el sitio web los Misioneros Claretianos, en 1892 el templo fue entregado de parte de Arzobispo Pelagio Labastida a estos misioneros. Sin embargo, la Revolución afectó la atención de este templo y hasta 1919 se reabrieron sus puertas.

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 Para 1931 esta construcción fue declarada Monumento Nacional y en 1955, dentro del perímetro del templo, se fundó la Escuela Academia para Sordomudos. En ese mismo año, a través de Bienes Comunales se consiguió el espacio detrás del púlpito para convertirlo en Capilla de San Judas Tadeo; su imagen fue trasladada al altar principal en 1982. 

Un santo adorado por los jóvenes

Un par de jóvenes se aproximaron al ver que tomaba una fotografía de la piedra esculpida, antes mencionada.

—¿Por qué le tomas foto al muro? —preguntaron.

—No es al muro. Le tomo foto a lo que dice —respondí.

—No pues guao —sonrieron.

Antes de que partieran les pregunté por qué se habían hecho devotos de San Judas Tadeo, primero se negaron a contestar pero después Mario, de 15 años dijo:

—No tiene mucho que decidí venir, por mi voluntad, ya va como medio año. Le pedí que mi novia no estuviera embarazada, imagínate nos matan en casa, pero Juditas se portó re chido. Fíjate, un día vine, le pedí y en unas horas mi novia me escribió que había sido falsa alarma. Prometí que ya me cuidaría y que vendría cada mes.

Pedro también es fiel del santo, aunque él sólo ha pedido no reprobar en sus clases de inglés y que su mamá no se dé cuenta de que se perforó la lengua hace un par de meses.

—Oigan, ¿a ustedes les gusta el reggaetón?

—No, nosotros no venimos a monear —respondieron los jóvenes.

Afuera de la iglesia, a lado de un puesto de cachitos de lotería están Daniel Sánchez, su hija y nieta, aunque ellos son creyentes de este mártir no asisten a misa para cumplir una manda propia. El hermano menor de Daniel se electrocutó y su madre pidió que si San Judas lo salvaba por un año haría collares y los regalaría a la gente que asistiera a festejar al santo.

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Por mala suerte, la señora Hernández sufrió un accidente y no pudo acudir para cumplir su promesa y en representación suya fue Daniel. A sus pies está un santo de yeso que le llega arriba de la cintura, en su cuello hay casi un centenar de rosarios  de color  rosa.

“Ay manita, si es bien milagroso, yo vengo desde la Villa, no vengo caminando, para que voy a mentir, nos venimos en metro o camión, lo importante es estar aquí y escuchar la misa, regalar los collares, tenemos que cumplir porque él siempre cumple lo que le pedimos”, dice Daniel mientras separa con paciencia los collares.

En 2015, una nota de EL UNIVERSAL consignó que más de 30 mil feligreses asistieron a la Iglesia de San Hipólito el 28 de octubre. 

Contra la delincuencia

El señor Reyes camina alrededor de la iglesia, en la parte delantera de su cuerpo carga una mochila y en ella hay un santo la cara es de fibra de vidrio. Tiene más de 20 años de serle fiel y acudir a misa los 28 de cada mes.

San Judas liberó a su hermano de un secuestro. “Todos creíamos que ya no lo veríamos, no teníamos para pagar el rescate, pero de corazón le pedimos y nos lo devolvió”, cuenta conmovido.

La figura hecha de papel mache no la hizo él, se la regalaron. Reyes relata que en estas dos décadas nada ni nadie le ha impedido asistir a misa y celebrar a su ángel guardián.

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Se despide y al mismo tiempo empieza a tararear: “La labor de este gran santo no tiene comparación, tú le pides un milagro y nunca dice que no, le rezas su novenario y él cumple tu petición”.

Los últimos rayos del sol se ocultan, pero aún se ve llegar a muchos devotos, al fin que todavía es 28, les quedan un par de horas para rezar, pedir y celebrar a su santo. 

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Foto antigua: Archivo de EL UNIVERSAL y Colección Villasana-Torres.
Fuentes: Sitio web los Misioneros Claretianos, libro Seis siglos de historia gráfica de Gustavo Casasola y entrevistas con Óscar Lira y feligreses a las afueras del Templo de San Hipólito. 

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