Nicolás Maduro: el príncipe aborrecido

Miguel Alberto Delgadillo Ibarra

 “El príncipe, cuando es querido por el pueblo, debe cuidarse poco de las conspiraciones; pero cuando tiene enemigos y es aborrecido, debe cuidarse de todo y de todos” Nicolás Maquiavelo.

La anterior frase encaja perfectamente con la situación que vive hoy Venezuela, pues si bien en su momento Hugo Chávez con altos índices de popularidad en su país sufrió un golpe de Estado, todo apunta a que el actual presidente Nicolás Maduro se dirige hacia una situación aún más compleja.

Dentro del marketing político, una de las tareas fundamentales no únicamente para ganar elecciones sino para mantener la estabilidad una vez llegando al poder, es la consolidación de una marca.

Con el extinto Hugo Chávez se realizó una campaña de posicionamiento que obtuvo fuerza dentro y fuera de Venezuela, consiguiendo aliados estratégicos en varios países latinoamericanos y consolidando un discurso de izquierda anti-imperialista.

Pero el efecto “Chávez” comenzó a perder fuerza y vigencia a partir del día de su muerte, el 5 de marzo de 2013, pues aunque hubiera designado a su sucesor, Maduro no tenía un perfil similar que pudiera mantener la aprobación ciudadana.

El problema de cobijarse en la sombra del presidente fallecido, es que si bien obtendría el respaldo de sus seguidores, en cuanto pasara el duelo nacional, los venezolanos comenzarían la comparación.

Sería absurdo plasmar a Hugo Chávez como un demócrata que tenía un total apoyo de su pueblo, sin embargo es innegable que a pesar de sus conflictos internos, de la censura aplicada a medios de comunicación y de su polémica política económica, según cifras de Datanalisis en Octubre de 2012, el 44% de los venezolanos se declaraban chavistas.

En 2013 tras su muerte, Maduro pudo llegar a la presidencia con un pequeñísimo margen de ventaja sobre su opositor Capriles, con menos del 1%, en un triunfo que dejó más rastros de melancolía que de victoria.

Tal vez fue su carisma desvirtuado, los errores constantes o las polémicas declaraciones, las que evidenciaron su falta de capacidad no sólo de comunicación, sino de estrategia política para solventar una crisis que cada día crecía más.

Ante la inoperatividad para resolver la carencia alimentaria y de medicamentos, el desempleo y el aumento de la pobreza, las personas salieron a votar en 2015 otorgándole la victoria a la oposición en el congreso y dejando en claro que el siguiente paso, era la presidencia.

Nicolás Maduro optó por la represión y el castigo, sus mensajes y discursos iban impregnados de amenaza por no haber recibido el respaldo ciudadano y esto sólo agravo las cosas.

Los números no mentían cuando en junio pasado la aprobación del presidente rondaba los 20.8% y un 75% declaraba que votaría en contra de una Asamblea Nacional Constituyente.

Los ciudadanos de Venezuela y el mundo, comprenden que el pretender instaurar una dictadura con base en declarar y prorrogar el estado de excepción es inadmisible.

El 4 de mayo, la periodista Gitanjali Wolfermann publicó un artículo en colaboración con distintos consultores y expertos en marketing y comunicación política titulado; “Lo que realmente muestran los videos virales del Presidente Maduro”.

En dicho trabajo se explica cómo Nicolás apostó por una serie de videos difundidos en sus redes sociales, donde se muestra conduciendo por la ciudad acompañado de su esposa y algunos colaboradores del gabinete, incluso jugando al beisbol, intentando enviar el mensaje de control y estabilidad.

Lo anterior resulta contradictorio, cuando en la escena internacional, somos testigos de muertes, presos políticos, heridos y manifestaciones constantes ante la crisis de su país.

Aunado a lo anterior el 30 de julio se realizaron las elecciones de Asamblea Constituyente y estuvieron marcadas por la violencia, irregularidades y autoritarismo.

Como consecuencia países integrantes de la OEA, la UE y la ONU no reconocieron la legalidad de dichas elecciones evidenciando el rechazo a las decisiones del mandatario venezolano.

Con situación cada vez más asfixiante, una revuelta popular incontrolable y el rechazo internacional, el 8 de agosto Nicolás Maduro ha solicitado a la ALBA que convoque a una cumbre para restituir el dialogo latinoamericano.

Mientras tanto queda demostrado que incluso tratándose del mismo país, las situaciones políticas, económicas y sociales cambian, exigen un manejo de comunicación congruente a la realidad y no basta con un video donde el príncipe anuncia tranquilidad, con un país cayéndose a pedazos como escenografía.

FACEBOOK: MIGUEL DELGADILLO IBARRA
TWITTER: @mike_delgadillo

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