México y las reformas de Trump

Rogelio Ramírez de la O

Una de las inquietudes que tiene la mayoría de inversionistas extranjeros con intereses en México es sobre dos asuntos fuera de nuestro control.

El tema es la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Otro es la construcción del muro en la frontera con Estados Unidos. El antecedente es que el presidente Trump quiere revisar el tratado y construir un muro para que el primero beneficie más a Estados Unidos y el segundo obstruya la inmigración desde México. Hasta hoy no ha podido iniciar la renegociación del TLCAN ni la construcción del muro porque partes de su Congreso no están de acuerdo con él.

De manera que hay dos escenarios tomando como base el éxito o no de la agenda de Trump. En un primer escenario, el éxito de su agenda sería negativo sobre México por lo menos por dos factores: una revisión del TLCAN quitaría a México ventajas que a su vez se traducirían en menores exportaciones, aunque éstas sean de maquila. Aun así, habría pérdida de empleo. El otro es seguramente un fortalecimiento del dólar y por lo tanto mayor depreciación del peso.

En un segundo escenario, Trump sólo tendría éxito a medias o aun menos. Aquí Estados Unidos se mantendría encerrado en un crecimiento relativamente bajo, administrando sus propios problemas sin ver que su economía mejora sustancialmente. No se materializarían sus planes de infraestructura o de reforma de impuestos. Este escenario sería positivo para México, pues las revisiones al TLCAN serían superficiales y el dólar no se apreciaría mucho, lo que apoyaría la estabilidad del peso.

Hoy parecería que el éxito de Trump ya no ocurrió, pues en su mejor momento perdió la batalla sobre la reforma que quería hacer del sistema de salud (Obamacare). Esta propuesta ni siquiera se atrevió a presentarla al Congreso, al saber que no tenía el apoyo total de los congresistas republicanos.

Dicha derrota aumenta la probabilidad de que tampoco le aprueben su propuesta fiscal de reducir impuestos. Un problema con esta propuesta es que, aunque la reducción de impuestos en ese país sea necesaria y podría beneficiar la actividad económica y el empleo, tiene el sesgo de favorecer más a quienes tienen más ingresos.

Por otra parte, como los republicanos no quisieron siquiera considerar su propuesta de impuesto en favor de las exportaciones y en contra de las importaciones (que funcionaría de manera similar al IVA mexicano), la reducción de impuestos que plantea no sería compensada con un aumento de recaudación de monto similar. Eso causaría mayores déficits fiscales y un aumento de la deuda pública, la cual es 100% del PIB estadounidense, misma que Trump prometió reducir.

Sería prematuro declarar a Trump como el reformador que no pudo siquiera arrancar. Aunque gran parte de su posible fracaso obedecería a sus propios hábitos de trabajo, pues no debió delegar estos proyectos delicados en personas que no compartían su visión, una lección es que las defensas del sistema para resistir cambios son muy grandes. No por nada la globalización tiene casi 30 años en auge y se defiende aun después de una gran crisis global que no acaba de superarse.

Trump ganó la elección y lo hizo con esas promesas de reformas. Aun así, los poderes establecidos hasta ahora han podido bloquear o diluir sus propósitos originales. La contradicción no está resuelta. Pero una lección inevitable, como también se aprendió del “Pacto por México”, es que las amplias agendas de reformas tienen menos probabilidad de éxito que reformas escalonadas que progresen de lo fácil a lo difícil, como lo hizo Margaret Thatcher.

Analista

económico. [email protected]

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