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La agresión que nos amenaza

25/11/2016
02:15
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La moneda mexicana no se desvaloriza desde que Donald Trump anunció que continuaría la construcción del muro fronterizo. El peso ya perdía valor ante los aumentos súbitos en la demanda de dólares como consecuencia de la emigración de capitales. Este fenómeno ha sido la mayor constante del actual gobierno de Enrique Peña Nieto.

La fuerte presión ya existente del capital dinerario será una poderosa arma de la Casa Blanca para lograr la “cooperación” del gobierno de México. Por ello, habría que preguntarnos, ¿qué hará el gobierno mexicano frente al eventual cumplimiento de las promesas de Donald Trump?

Hay dos temas de la mayor importancia: la expatriación masiva de mexicanos y la posible administración maniobrera del TLC. En ambos puntos se puede crear un fuerte conflicto.

México no está preparado para absorber en breve plazo a un par de millones de mexicanos de regreso. Aunque durante los ocho años de la presidencia de Obama fueron repatriados más de 2.5 millones, Trump anuncia ahora expatriaciones rápidas, pues las considera como el primer paso de un plan migratorio de su gobierno.

En cuanto al TLC, Trump no tiene facultades para denunciarlo sin la autorización del Congreso, pero podría dar órdenes para cierta clase de represalias por supuestas violaciones a las normas del tratado. El acoso comercial serviría para presionar al gobierno mexicano a una revisión del TLC acorde con las demandas de empresarios, granjeros y sindicatos estadounidenses.

¿Tiene Peña un plan respecto de estos dos temas? No, no lo tiene. Si lo tuviera ya lo habría manifestado de alguna manera, es decir, ya se habría adelantado a Trump para que éste supiera lo que podrían implicar sus movimientos al respecto.

Imaginemos sólo que Trump confeccionara una lista de aranceles compensatorios sobre productos mexicanos acusados de dumping o de cualquier otra irregularidad dentro del TLC. Miles de millones de dólares saldrían del país con la consecuente mayor desvalorización especulativa del peso. Se produciría una espiral inflacionaria, una revolución de las tasas de interés y una pérdida de ingresos reales de la inmensa mayoría, con sus consecuentes impactos en el mercado interno, lo que indica recesión. Para hacer algo, el gobierno de Peña estaría sentado al día siguiente en una mesa con Estados Unidos para aceptar el inicio de la revisión del TLC. Pero entonces México ya habría perdido, ya no se pensaría en una “modernización”(?) del tratado, como ha dicho Peña sin pensarlo mucho, sino en una revisión.

Cualquier cosa que diga el nuevo gobierno de EU que pueda interpretarse como algo hostil a México se va a convertir en una estampida de búfalos hacia el norte. Habría por ello que preparar una batería de medidas de regulación económica que al menos permita organizar una resistencia nacional.

El problema de fondo no es Trump, sino que durante muchos años los sucesivos gobiernos de México siguieron saldando la balanza de pagos y cubriendo el déficit presupuestal con instrumentos de alta liquidez. Desde 1994 ese camino ya se había revelado como equivocado pero los gobernantes han seguido el mismo rumbo.

Esos mismos políticos jamás creyeron lo que muchos intelectuales les señalaban: en Estados Unidos se gestaba un malestar por la forma en que se ha conducido la globalización. En México, aunque las grandes y poderosas empresas de importación y exportación se han mostrado satisfechas, el problema es que la economía está un tanto peor que en el norte porque la forma en que se administra la globalización ha llevado al país a dejar de lado cualquier intento de generar una plataforma de exportación con tecnología propia: la industria manufacturera que vende en el exterior decenas de miles de millones de dólares anuales maneja tecnología que no es suya, que es de empresas extranjeras. Hacemos cosas pero no progresamos. Estados Unidos ha perdido muchos puestos de trabajo y se ha generado una competencia brutal e inicua entre los trabajadores calificados pero sigue en la vanguardia técnica y recibe por ello inmensas regalías. ¿Cómo combinar y modificar en un instante estas dos realidades creadas en décadas?

Hay que volver a pensar la globalidad, pero también se requiere urgentemente diseñar una política de defensa. Lo peor es que Peña no es capaz de hacer ninguna de las dos cosas.

Ex legislador e integrante del PRD