PIB turístico: ¿lo estamos midiendo bien?

Pablo Álvarez Icaza Longoria

El desempeño de la actividad turística ha sido pobre en los últimos años, incluso por debajo de la que ha registrado la economía en su conjunto. El bajo dinamismo del PIB turístico respecto del PIB nacional se muestra al comparar la tasa media anual de crecimiento (TMAC) de ambos entre 2003 y 2015, 2.2% vs. 2.6%, respectivamente. Estos comportamientos resultan ilógicos y hasta contradictorios con lo que se esperaría de un sector que ha reportado un fuerte dinamismo en los servicios de alojamiento en los últimos años.

La teoría económica nos dice que el gasto turístico es muy elástico respecto al ingreso. Esto quiere decir que cuando se presenta una caída en el ingreso, los gastos que primero recortamos son los paseos, vacaciones salidas fuera, etc., es decir, priorizamos lo básico como la alimentación, renta, educación, salud, etc.

En este sentido, hubiésemos esperado que en años de recesión como el 2009, que además fue el de la influenza H1N1, el PIB turístico hubiese caído más que el PIB nacional, pero no fue así: -4.5% vs. -4.7%; por el contrario, en 2010, año de recuperación, el PIB turístico creció 2.3% vs. 5.1% del nacional.

Para la medición económica del turismo, Inegi elabora desde 1998 la Cuenta Satélite del Turismo de México (CSTM). En este documento se señala que: “La descripción del turismo se basa fundamentalmente en la relación que existe entre la producción y el CT [consumo turístico], esto es, por la parte del consumo total de los visitantes éste queda cubierto mediante los bienes y servicios que se ofrecen en el país, tanto característicos como conexos.”

El extraño comportamiento del PIB turístico es resultado de una metodología que además sobrestima la participación en el PIB nacional (8.6% en 2014). El valor del turismo se infla, porque se incluye una parte del mismo que procede del consumo de residentes que no es turístico. Se tomó el criterio de que en las áreas geoestadísticas básicas (AGEBs) clasificadas como turísticas, el valor agregado bruto (VAB) proporcionado por los establecimientos procedentes de actividades conexas sea catalogado como característico. Por ejemplo, el consumo de un restaurante en la colonia Polanco en la Ciudad de México es considerado como turístico, aunque el mayor porcentaje provenga de residentes y no de turistas, es decir, de personas que trabajan en las oficinas de la zona o de quienes viven en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

El inconveniente de esta metodología, no sólo es que sobrestima la importancia económica del turismo al incorporar consumo procedente de residentes que no están haciendo un gasto turístico, sino que al agregar una parte ajena al mismo distorsiona el comportamiento turístico. Es decir, en el afán de destacar la importancia económica del turismo por su participación en el PIB nacional, se elaboró un estadístico que no refleja bien lo que debiera representar.

La actual metodología de la CSTM, cuyo esfuerzo no dejo de reconocer como encomiable dados los pocos recursos con los que se elabora, pudiera ser mejorada sin echar todo por la borda. Pero no puedo dejar de hacer hincapié en que habría que reconsiderar algunos supuestos subyacentes que provocan que los resultados no sean satisfactorios. Recordemos que la Cuenta Satélite hace el vínculo del enfoque de la demanda con el enfoque de la oferta del turismo. El origen del problema es que éste no está bien resuelto.

El CT se refiere al valor de todos los bienes y servicios turísticos (característicos y conexos), que el visitante adquiere en México, antes, durante y después de los viajes realizados. El hecho de que el consumo en los conexos está sobrestimado, también se refleja en que la participación del consumo turístico en el consumo privado sea muy elevada (17.9% en 2014). En este sentido, los montos de gasto turístico estimados en la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto en Hogares y de otras encuestas de gasto turístico, se alejan mucho de las cifras registradas en la CSTM.

Sin embargo, la medición del PIB turístico no dejará de hacerse por el lado de la oferta puesto que “esa variable se cuantifica por el VAB que es generado por las actividades productivas y no por el uso que se hace de la producción.”

En este sentido, la sobrestimación de éste repercutirá en la del consumo turístico, porque finalmente la CSTM es un marco armonizado de oferta (las actividades que generan los bienes y servicios para satisfacer las necesidades de los visitantes) y demanda turística (el consumo de los visitantes), que se “equilibran” a partir de un método que se conoce con el de fluir de bienes.

Ha llegado el momento de que Inegi revise la construcción de indicadores, como lo está considerando con el de la distribución del ingreso de México, para describir la realidad de la manera más creíble.

Maestro en Economía
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