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Reflexiones olímpicas

Nelson Vargas

El final de los Juegos Olímpicos de Río deja reflexiones que esperemos sean aprendizaje para el siguiente ciclo, para los siguientes cuatro años. Al final se consiguieron cinco medallas —tres de plata y dos de bronce—, pero no por ello se deben dejar de lado los problemas que pasaron los deportistas mexicanos para competir y disfrutar de esta justa. Desafortunadamente son experiencias que se repiten en cada sexenio, por la falta de un proyecto que lleve a los atletas por el camino menos complicado, lo que ha provocado que México tenga estos sobresaltos.

A pesar del mal inicio en Río, en cuanto a resultados, al final se tuvo a un importante número de deportistas entre los primeros 16 lugares de disciplinas, incluso, disciplinas que no se tenían en el presupuesto, lo cual también es un llamado de alerta para que las autoridades se den cuenta que no pueden concentrar el apoyo solamente en aquellos que proyectan para conseguir medallas.

El deporte, los deportistas, las selecciones nacionales deberían ser un proyecto de nación. Sin embargo, este cambia de acuerdo al “contentillo” de quien llega a dirigir el deporte nacional. Cada ciclo olímpico nos encontramos con que la persona que llega a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, responsable de dirigir el destino del deporte en el país, quiere cambiar todo o regresar al pasado, lo que sin duda ha producido desequilibrio.

No nos quitamos el lastre histórico que representa la presencia del Comité Olímpico Mexicano, que al tener la relación directa con el Comité Olímpico Internacional, cree que son los que deben desarrollar el deporte en nuestro país y no es así. Esto sucedió al inicio de este sexenio, cuando el entonces dirigente de Conade prácticamente entregó el control de todo al comité y no se vieron resultados, por el contrario, existía una buena relación pero los atletas seguían con problemas en la planeación de su desarrollo.

Está claro que el COM, o comité de cualquier país, tiene la obligación de ser una cancillería del deporte, de apoyar y avalar a las delegaciones, pero no más. A partir de los juegos de Londres y en estos de Río, quienes decidieron qué atletas asistirían fueron las federaciones internacionales, que trabajan con los criterios que deben cumplir los aspirantes a olímpicos. El COM piensa que su deber es formar las selecciones nacionales, pero esas selecciones son proyectos de nación, las forman los ministros del deporte con un trabajo coordinado con todas sus federaciones.

Otro problema que vivimos en Río fue una descoordinación total entre las federaciones, el COM y la propia Conade. El criterio del nuevo director del deporte en México, quien tiene poco más de un año al frente de esta institución y quien quiso poner orden sin tener un consenso con las propias federaciones para darle rumbo al deporte nacional, fue equivocado. Ese conflicto no fue sano y aprovechándose de eso, el COM, como toda la vida, buscó sacar para su beneficio.

Ojalá esto nos sirva de experiencia para que la gente que tiene el poder de decisión en este país haga los cambios necesarios y un mejor trabajo de aquí a cuatro años. En esta situación que se destapó en Río, los menos culpables son los deportistas, quienes desgraciadamente han llevado su propia agenda por falta de dirección de la autoridad. A algunos les funcionó y consiguieron llegar a las esperadas medallas, a otros no.

Muchos de ellos han buscado patrocinios en espera de tener mejores ingresos y hasta pagar su preparación, pero debe haber un orden. Que no descuiden su carrera deportiva, que lo hagan con mucho tacto y cuidado para que después no les cuestionen sus movimientos.

Por supuesto que hubo resultados con las medallas de plata de María del Rosario Espinosa en taekwondo, Germán Sánchez en clavados y de Guadalupe González en la marcha de 20 kilómetros, y los bronces de Misael Rodríguez en boxeo e Ismael Hernández en pentatlón moderno. Hay que resaltar actuaciones como el cuarto lugar en el lanzamiento de martillo de parte de Diego del Real o el noveno puesto de Alberto Álvarez en el salto triple, entre algunos otros. También el dudoso cuarto lugar de Paola Espinoza en el individual de plataforma 10 metros. Imaginen lo que hubiera sido con un mejor programa de trabajo y con los recursos bien distribuidos. Debemos entender que en México hay igual o más potencial que en otros países como Colombia, Venezuela o Puerto Rico, pero que tenemos que saber sacarle provecho.

La autoridad debe trabajar para que no pierdan la orientación en el trabajo y el sentimiento de competencia. Los deportistas son la razón de ser de quienes trabajamos en el deporte y tenemos que cuidarlos, que exista un trabajo en conjunto de las federaciones, COM, Conade e instituciones que promueven el deporte para arroparlos cada que salen a un evento internacional para que sientan un entorno de tranquilidad.

De igual manera involucrar a los padres de familia, apoyarlos para ver a sus hijos. Buscar que la delegación sea un orgullo nacional y no descuidar el entorno.

Pero mientras los dirigentes del deporte en nuestro país se mantengan sentados en su nube de poder y no le den su lugar a los atletas, entrenadores y hasta a los padres de familia (como lo hacen países como Estados Unidos, Australia, Japón, Colombia, Gran Bretaña, Chile, Alemania, Canadá o Brasil), mientras eso no suceda y no los apoyen en todo momento, no les den tranquilidad, el deporte va a seguir de la misma manera y volveremos a sufrir en espera de esos buenos resultados dentro de cuatro años.

Profesor.

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