La imagen de Duarte y las maletas del PRI

Miguel Alberto Delgadillo Ibarra

El partido en el poder buscará conservar la Presidencia empleando toda la maquinaria gubernamental, empero el descontento social nos hace pensar que las maletas del PRI en Los Pinos están hechas.

Uno de los casos más polémicos de la política mexicana en tiempos recientes, es el del gobernador con licencia y ahora prófugo de la justicia Javier Duarte de Ochoa, por todo lo que gira alrededor de su imagen –y como lo menciona el consultor Álvaro Gordoa: “imagen es percepción”– desglosaremos la percepción que generó desde el inicio de su mandato y cómo se fue transformando hasta llegar al escándalo que hoy representa su nombre.

El investigador Pedro Miguel Barrientos Felipa en su trabajo “El Marketing del partido político en el gobierno” explica la relación existente entre el marketing electoral que busca ganar unos comicios y el marketing de gobierno, encargado de las acciones que se realizan una vez que se asume el cargo enfocado al cumplimiento de las promesas.

Por lo anterior, debemos recordar que Javier Duarte llegó al poder con muchas dudas que involucraron el cuestionable papel y la relación con su antecesor en el cargo Fidel Herrera, aunado a la reñida elección que libró abanderando a la coalición “Veracruz para adelante” conformada por los partidos; PRI, PVEM y PRV, que ganaría después del fallo del tribunal electoral, con una ventaja menor a 100 mil sufragios.

Ante la sombra acosante de un triunfo dudoso, en su toma de posesión Duarte de Ochoa haría alusión a realizar “Un gobierno honesto y firme que dirigiera sus acciones en la legalidad”, marcando así una directriz en su comunicación gubernamental.

Es preciso mencionar, que una parte fundamental del impacto y consecución de objetivos de la mercadotecnia política, dependerá de la congruencia y credibilidad que logre generar en los ciudadanos, pues por más inversión en campañas publicitarias que den a conocer las labores de gobierno, si la realidad no coincide con la percepción de los ciudadanos, el resultado será insuficiente.

No es complejo comprender que los niveles de aceptación y aprobación de los gobernantes, tengan una curva que comienza en un punto alto cuando se han ganado recientemente las elecciones y que va decreciendo con el accionar que el servicio público demanda, pues todo ejercicio de gobierno lleva a cabo reacciones de los distintos sectores que se ven involucrados.

Sin embargo, la situación en Veracruz fue tan grave que alcanzaba constantemente los titulares nacionales, la criminalidad a la alza y las muertes cotidianas, la represión contra los medios de comunicación que involucraron decenas de decesos de periodistas al grado de considerar al estado como uno de los más inseguros para ejercer la profesión, las desapariciones forzadas, la violación de derechos humanos, los escándalos de corrupción, los desfalcos económicos exorbitantes y diversos conflictos de interés, fueron recurrentes.

Lo anterior se vio plasmado en una encuesta (Beltrán Juárez y Asociados, Abril 2015) donde calificaron con 4.1 reprobando su gestión.

La imagen y posición política de Duarte cambió a tal grado que su transformación física quedó en segundo término. En 2012, cuando el presidente Peña era candidato, en el extinto programa Tercer Grado declaró que uno de los representantes del nuevo PRI, era precisamente el entonces gobernador jarocho.

4 años después, en el foro “Impulsando a México” el primer mandatario mexicano dijo no recordar dicha alusión.

Y es que la mala imagen de los representantes, inevitablemente permea en la imagen de los partidos y fue precisamente esto, lo que llevaría a desprenderse al ex candidato priísta a gobernador Héctor Yunes Landa de toda relación con Duarte y a pesar de eso, perdería la elección en junio pasado.

Por una causa similar, la Comisión Nacional de Justicia Partidaria del PRI suspendió sus derechos partidistas en septiembre y el pasado 25 de octubre lo expulsó oficialmente, en una apuesta del actual dirigente Ochoa Reza por devolverle credibilidad a la organización que encabeza.

Si alguien tiene duda de los poderosos efectos que el marketing político puede tener (voluntaria o involuntariamente) basta con revisar el video donde Javier Duarte de Ochoa da su mensaje de despedida después de solicitar licencia; a su espalda la imagen enmarcada de Enrique Peña Nieto, enviando la señal inconsciente del nexo existente, luego enfocamos la mirada en el rostro del gobernador, impávido y con aparente alexitimia que no concuerdan con el contexto de alguien que tiene tantas imputaciones por aclarar.

No cabe duda que el partido en el poder, buscará mediante consultores, estrategas y publicistas conservar la Presidencia empleando toda la fuerza de la maquinaria gubernamental, empero el descontento social por tantas acciones equivocadas que se coronan con un gobernador que anuncia su huida en televisión nacional, nos hacen pensar que las maletas del PRI en Los Pinos están hechas.

FACEBOOK: MIGUEL DELGADILLO

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