El voto y sus formas: elecciones 2016

Miguel Alberto Delgadillo Ibarra

En las campañas políticas una de las palabras más reiteradas es “voto”, por esta razón dentro del marketing político encontramos distintos tipos de sufragios, cada uno de ellos juega un papel clave a la hora de inclinar la balanza hacia una opción política y convertirla en ganadora.

Los investigadores Andrés Valdez Zepeda y Delia Amparo Huerta Franco abordaron la temática en su artículo “¿Qué mueve a los votantes?” y a continuación explicamos algunos de los más interesantes.

El voto inercial o también conocido como “cultural”, es sin duda uno de los más arraigados en la ciudadanía mexicana, que se vincula con la costumbre para apoyar a un partido. Este voto estuvo presente durante el siglo XX y aún en la actualidad se sigue presentando como un bastión electoral, principalmente para el PRI.

Otro de los votos arraigados en el país es el “corporativo”, que consiste básicamente en la incidencia de los líderes de organizaciones en la decisión electoral de sus agremiados o integrantes. Lo anterior se pudo apreciar en el año 2006, cuando el SNTE encabezado entonces por Elba Esther Gordillo decidió apoyar al candidato Felipe Calderón Hinojosa, produciendo así una diferencia que lo haría ganar en unos comicios bastante cerrados.

Uno de los más numerosos en un país con altos niveles de pobreza como el nuestro es el voto de “hambre”. En este, el objetivo primordial de los electores es poder obtener un beneficio inmediato para solventar sus carencias. Esta situación quedó documentada en las elecciones presidenciales de 2012, donde tarjetas Monex-Soriana fueron repartidas a miles de personas (Sin Embargo, 2013).

En tiempos recientes y ante el debilitamiento de la credibilidad de los partidos políticos, un voto que ha tomado fuerza y presencia es el “personalizado”. Aquí se aprecia un proceso de individualización de las campañas, donde se consideran más los atributos, trayectoria e imagen personal, que la ideología de la institución que lo respalda. La máxima expresión de éste tipo de sufragio lo vemos en las candidaturas independientes, donde los aspirantes buscan diferenciarse de los competidores pertenecientes a partidos, mostrando una faceta ciudadana y más cercana al electorado.

No podemos omitir el voto de “ira”, éste voto se produce ante el hartazgo e inconformidad de los electores hacia candidatos, partidos o ideologías. Cabe resaltar que este tipo de voto interviene como un factor de peso en las alternancias políticas, lo cual genera la oportunidad de permitir el acceso al poder a nuevas o diferentes opciones políticas.

El voto “nulo” se liga a la insatisfacción con las propuestas políticas que se ofertan en campaña, aunque también puede producirse ante un error o equivocación del ciudadano al momento de sufragar, produciendo que su voto no cumpla con las condiciones para ser considerado como válido.

Aun cuando el abstencionismo es la antítesis del voto, la figura de no participar en los comicios ha tomado protagonismo en los últimos años como resultado de la percepción ciudadana no sólo de la política como tal, sino de la credibilidad en los procesos y por lo tanto de las instituciones que fungen como árbitros de las contiendas.

Después de este pequeño análisis, asociaremos cómo podrían presentarse los distintos tipos de votos en las elecciones del próximo 7 de junio del presente año.

Según datos del Reporte Electoral Integralia (febrero,2016) de los 12 estados que renovarán gubernatura, 6 de ellos han mantenido a un partido (PRI) en las 2 últimas elecciones para dicho cargo, lo cual nos muestra una tendencia de un voto cultural hacia el partido. Empero en el estado que tiene mayor porcentaje de relevancia electoral respecto a la lista nominal nacional (Veracruz- 7.0%) se calcula una alta competitividad electoral, lo cual puede presentar también un voto de ira de los ciudadanos en contra de la administración estatal encabezada por Javier Duarte.

Respecto al voto corporativo, existen 2 entidades que resaltan en este rubro: Oaxaca, ya que históricamente la sección 22 y las disputas entre el SNTE y la CNTE han sido participantes activos en la vida política estatal. Otra entidad donde el sindicato más numeroso de Latinoamérica puede ser trascendental es Puebla, pues el actual gobernador Rafael Moreno Valle es identificado como cercano a la ex lideresa de dicha organización y el apoyo del gremio puede ser vital para mantener a su partido (PAN) en el poder.

Respecto al voto de hambre son 5 los estados que tienen mayor porcentaje de su población en la pobreza (Coneval, 2014): Oaxaca (66.8), Puebla (64.5), Tlaxcala (58.9), Veracruz (58.0) y Zacatecas (52.3). En dichas entidades este voto será significativo y los programas asistenciales serán los principales operadores políticos a favor del partido en el poder.

Respecto a la personalización del voto según el Tercer Reporte Electoral de Integralia, publicado el 31 de marzo de 2016, existen 9 candidatos independientes que ya han presentado solicitud de registro y que se apegarán a éste tipo de sufragio para figurar en la contienda.

Finalmente, según datos del INE de las pasadas elecciones federales 2015, el porcentaje de votos nulos alcanzó el 4.7%, mientras que el abstencionismo se presentó en un 53% del padrón electoral, donde los estados con mayor abstencionismo fueron: Chihuahua, Aguascalientes, Quintana Roo y Tlaxcala, todos con más del 60%, por lo que los partidos y candidatos deberán prestar especial atención en este sector pues se convierte en un nicho realmente atractivo.

En conclusión, la interacción electoral cambia y las razones para emitir el voto en una u otra dirección son dinámicas, por ello la importancia de que los expertos en campañas electorales consideren todos y cada uno de los elementos que pueden consolidar un triunfo en las casillas.

FACEBOOK: MIGUEL DELGADILLO

TWITTER:@mike_delgadillo

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