La (casi) misión imposible de Ochoa Reza

Miguel Alberto Delgadillo Ibarra

La estrategia de Peña-Ochoa es arriesgada y con pocas posibilidades de efectividad, pues va en contra de la lógica

Hace algunos años, en una entrevista realizada por Jorge Ramos a Denise Maerker sobre el entonces gobernador Enrique Peña Nieto, la periodista apuntó “Es joven pero no es nuevo, es el PRI y tampoco es un nuevo PRI, es joven y es priísta, punto”, años más tarde ésta frase embona perfectamente para el hombre que hace unos días fue designado para sanar y fortalecer al Revolucionario Institucional.

El martes 12 de julio, el michoacano Enrique Ochoa Reza rindió protesta como nuevo dirigente nacional de su partido, envuelto en la polémica alrededor de su militancia y en la forma en la que fue designado.

El ex director general de la CFE ha declarado tener cercanía con el grupo compacto del gobierno federal pues ha colaborado en distintos momentos con Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong y Aurelio Nuño, siendo dicha relación una de las principales causas de su designación.

Más allá de las diversas críticas por su trayectoria política y por sus capacidades, en lo que respecta a su discurso se encuentran diversas incongruencias, que en el ámbito del marketing político pueden afectar gravemente su imagen y la de su partido.

La tarea de Ochoa Reza se antoja compleja desde un inicio, basta con analizar los datos arrojados por la encuesta de preferencias electorales rumbo al 2018 realizada por Parametría (junio, 2016), en donde se aprecia que después de mucho tiempo, el PAN aparece como puntero con 32% respecto al 24% del PRI.

Por tales circunstancias, en distintas intervenciones de Enrique Ochoa se ha mostrado con una imagen enérgica y joven, buscando recuperar el ánimo y la fuerza de su organización, pero ha cometido varios errores que agravian su situación interna y externa.

Ha declarado en varias ocasiones -El principal activo que tiene el partido es el Sr. Presidente Enrique Peña Nieto” donde pareciera cerrar los ojos ante la realidad sobre la percepción que la ciudadanía tiene del mandatario.

Hace apenas unos días “La encuesta nacional trimestral de Aprobación Presidencial EL UNIVERSAL/ Buendía y Laredo” indicó que el 63% de los encuestados reprueba mucho o algo la gestión del ejecutivo federal, por lo que no parece una idea sensata mencionar que su principal activo político es el político más devaluado del país.

Además, repite constantemente palabras como: crítica, autocrítica y modernidad, donde ésta última es la que más escasea en su institución, muestra clara de ello es la forma en la que fue designado, sin realizar consenso con las bases, enviando el mensaje y la imagen del viejo PRI.

No se puede pasar por alto la gira que pretende realizar por las 32 entidades federativas con propósito de escuchar a las diferentes corrientes y sectores, intentando enviar la señal de cercanía con los militantes y simpatizantes, empero lo que realmente deja en claro, es que esa gira busca principalmente que lo conozcan, ya que para la mayoría de los ciudadanos es desconocido.
Otra de las frases que con apenas unos días ya han afectado su credibilidad es: “Los mexicanos estamos hartos de la corrupción y de la impunidad”, cuando la administración federal y varias estatales encabezadas por su partido, son las principales involucradas en dichos escándalos, la renuncia de Virgilio Andrade y el perdón muy a destiempo del presidente son la evidencia más contundente.

La repetición constante de que irá por los funcionarios corruptos, no tendrá efecto alguno en la ciudadanía, hasta que se lleven a cabo acciones concretas que sean palpables para la sociedad malhumorada con la clase política en general y aún haciendo lo dicho, no asegura un gran posicionamiento.

La estrategia de Peña-Ochoa es arriesgada y con pocas posibilidades de efectividad, pues va en contra de la lógica, recordemos el caso del PAN en 2006, que para retener la presidencia optó por desvincularse de Vicente Fox y elegir a un candidato que se diferenciara de él, donde Felipe Calderón captó simpatizantes y logró conservar el poder.

Todo indica que, en esta ocasión, la disciplina partidaria y la pleitesía presidencial como principal apuesta mercadológica, cobrará factura.

Enrique Ochoa Reza tiene la casi imposible misión de reformar la desgastada imagen del PRI y asegurar los triunfos electorales de 2017, principalmente en Estado de México, pues de no hacerlo, él sabe que se despediría de su nuevo cargo y su partido de Los Pinos.

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