No morir en el intento

Manuel Clouthier Carrillo

Aquel que cree que una empresa es sinónimo de riqueza y garantía de permanencia no sabe de lo que está hablando

“Hay que distinguir entre la gente buena (a la) que le ha ido mal y los pillos, y ustedes los quieren tratar igual, no se vale”, les decía reiteradamente a los banqueros cuando fui consejero de diversos bancos sin ser accionista en los años noventa. A la gente buena a la que le ha ido mal hay que buscar cómo ayudarla y al pillo, como joderlo.

¿Cómo distinguir entre unos y otros? Muy fácil. Revisa su historia, su voluntad para llegar a un arreglo y pagar. Quien se dedica a la tarea empresarial, es decir a los negocios, sabe que su actividad no está exenta de problemas y por consecuencia de riesgos. Al contrario, el riesgo es intrínseco a la definición de empresario. La naturaleza del empresario es su capacidad para asumir riesgos calculados y todos los que participan en una empresa lo saben: los proveedores, los acreedores, los clientes, los empleados, el gobierno, los bancos, la comunidad en general, y por supuesto, los accionistas. Aquel que cree que una empresa es sinónimo de riqueza y garantía de permanencia no sabe de lo que está hablando.

El ambiente de los negocios está lleno de nuevos emprendimientos, de quiebras y de reacomodos empresariales y a nadie le asusta ello, es parte de la dinámica del mercado.

Nos dice George Gilder en su libro El espíritu de la libre empresa: “El índice de quiebras de negocios no es, por otra parte, un índice de deterioro económico sino más bien de cambio industrial”. ¿Quién no recuerda en el giro comercial a Salinas y Rocha, Gigante o SuKasa? Hoy ya no existen. O Zapaterías Canadá que fue comprado en remate por Almacenes Coppel. O Banca Serfín que fue adquirido por Banco Santander, o Banoro que quebró y se quedó Banorte con él. ¿Quién no recuerda que Aurrerá fue comprado por Walmart, y Cervecería Cuauhtémoc, ícono del Grupo Monterrey, adquirido por Heineken?

Si revisamos la lista de los ricos del pueblo, Sinaloa da cuenta de estos reacomodos en una generación, sin contar los narcos y los políticos que se dedican a joder al pueblo. Hoy, los nombres son los Coppel y los Ley en el sector comercio; los Carranza en la pesca; en el sector hotelero el Neto Coppel y la familia Berdegué; Farmacon en el farmacéutico; en el automotriz el Grupo Premier; en el restaurantero destacan Grupo Los Arcos y Panamá, por mencionar empresas que hace una generación no existían o no sobresalían.

En el ámbito periodístico hace 50 años dominaba el mercado sinaloense la cadena de El Sol de Sinaloa, mientras hoy en el norte y centro del estado dominan los periódicos El Debate, y en el mercado del sur domina el periódico Noroeste. Aun así, el periodismo impreso es una industria del pasado que la tecnología ha venido a revolucionar como lo hizo con los relojes y con la fotografía, telefonía, televisión, entre otros giros.

Hoy el reto de los periódicos es cómo transitar de lo impreso a lo digital sin morir en el intento, nos dice Adrián López, director de los periódicos Noroeste; o en el caso del periodismo independiente, cómo transitar sin perder “la virginidad”. No está fácil, porque una de las decisiones empresariales más difíciles es entender “que a veces es necesario podar el árbol para salvar el tronco”. Es decir, las decisiones de abandono.

Hoy el periódico Noroeste de Sinaloa vive una profunda crisis, que no es la primera, y esperemos no sea la última porque eso significaría que seguiremos cumpliendo con la misión de ayudar a los sinaloenses en el ejercicio de su derecho humano a la información.

Ya en 1995, ante la severa crisis económica del “error de diciembre”, siendo yo director, estuvimos a punto de la quiebra, pero gracias a la confianza de banqueros como Manuel Coronado y Sandra Luz Barraza, así como del apoyo de empresarios como don Pepe Lichter, don Roberto Tarriba, don Pancho Madero, don Octavio Rivera Farber, don Leovi Carranza, don Enrique Murillo, y de nuestros lectores y anunciantes, Noroeste salió adelante.

Hoy el principal acreedor es el fisco, pero la ética y los intereses de los funcionarios de Hacienda es diferente a la de aquellos banqueros y empresarios.

Diputado federal independiente

@ClouthierManuel

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