La crisis que vino de fuera

José Luis de la Cruz Gallegos

La caída del precio del petróleo y la apreciación global del dólar muestran que los capitales van a Estados Unidos

La aseveración fue ampliamente utilizada durante la recesión de 2009. México enfrentaba la segunda peor crisis en 80 años, menos de tres lustros después de haber vivido la más devastadora en la historia moderna del país.

La culpa era del exterior, eso se dijo, pero no se vio a tiempo. La especulación que se hizo con derivados financieros provocó la caída en cascada de instituciones que corrieron riesgos para aumentar ganancias.

¿Había evidencias que permitían anticiparlo? El enorme déficit de cuenta corriente de Estados Unidos era el más obvio. En noviembre del 2004 Obstfeld y Rogoff mostraron que el desequilibrio era insostenible. También estimaron la magnitud de la depreciación del dólar norteamericano que era necesaria para corregir dicho problema.

Dicho escenario implicaba enormes movimientos de dinero. Basta recordar que en aquel entonces Estados Unidos requería más de 2 mil millones de dólares diarios para cubrir su déficit de cuenta corriente, el resto del mundo era el encargado de enviárselos.

Otra señal fue cuando la Reserva Federal decidió dejar de publicar el agregado monetario conocido como M3. El mismo permite inferir el tamaño de requerimientos financieros de una economía. Para 2006 ya era claro que Estados Unidos había entrado en una dinámica financiera de alta especulación. No era algo nuevo, había enseñado sus primeros síntomas en 2001, cuando se conoció que algunos encargados de la supervisión preventiva fueron parte de la especulación.

El último aviso notable se dio en 2007 con el inicio del quebranto hipotecario. A partir de ese momento se derrumbó la pirámide de derivados financieros que se construyó para ganar dinero con la especulación. Cuando los estadounidenses dejaron de pagar sus hipotecas sólo era cuestión de tiempo.

En México se subestimó lo anterior, así como la evidencia que se gestaba en Europa, el déficit de cuenta corriente de Grecia y España mostraba su insolvencia y necesidad de financiamiento.

No se atendieron las señales y todos conocemos el resto de la historia. La devaluación del dólar frente al euro superó 85%, la crisis en Estados Unidos corrigió el déficit. La reducción en las tasas de interés y el financiamiento de la Reserva Federal ayudaron a la estabilización de su economía, pero también contribuyeron a incubar el episodio de volatilidad e incertidumbre que estamos viviendo.

Las tasas de interés disminuyeron a niveles históricamente bajos, eso facilitó la reactivación del crédito. Varios gobiernos cometieron el error de endeudarse improductivamente. Los países petroleros pensaron que su burbuja especulativa alrededor no terminaría y aplicaron dichos recursos a su gasto público. Lamentablemente la mayor parte lo hizo en gasto corriente.

Las naciones que apostaron por China se equivocaron, al terminarse el efecto especulativo de los altos precios de los llamados commodities se acabó la abundancia para Brasil, Venezuela, Ecuador y Rusia. Con el menor crecimiento de China llegó la época de la restricción.

No se aprendió la lección de los años 70, cuando el boom petrolero y el flujo de financiamiento barato tendieron una trampa en la que América Latina cayó. El error le dejó fuera de la parte productiva del inicio de la globalización.

Hoy los vientos de una nueva crisis financiera recorren las bolsas asiáticas. La caída del precio del petróleo y la apreciación global del dólar muestran que los capitales van a Estados Unidos. Entre diciembre pasado y enero de 2016 las reservas de China disminuyeron en cerca de 200 mil millones de dólares. ¿Dudas sobre lo que pasa?

Se necesitan más de 19 pesos para comprar un dólar, en una economía abierta con libre movimiento de capitales sabemos lo que eso significa. El gobernador del Banco de México señaló los primeros pasos de política fiscal, apuntan a un ajuste estructural que disminuirá el gasto de gobierno. De acuerdo a la lógica del FMI eso implica que el financiamiento no es una opción, se debe gastar menos. Ahora sólo falta ver la magnitud del ajuste y lo que implicará para el PIB en 2016 y 2017.

Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios