Ricardo Anaya

Javier Lozano

Ricardo Anaya tiene todo para encabezar la regeneración del Partido Acción Nacional. Por eso estoy con él y lo apoyo en su intención de llegar a la presidencia de nuestro instituto político

Ricardo Anaya tiene todo para encabezar la regeneración del Partido Acción Nacional. Por eso estoy con él y lo apoyo en su intención de llegar a la presidencia de nuestro instituto político.

Ricardo es un hombre con sólida preparación académica. Es licenciado y maestro en Derecho además de ser doctor en Ciencias Políticas por la UNAM con tesis laureada sobre los principios de doctrina del PAN. Su trayectoria profesional y de servicio público es amplia. Lo conocí cuando él era subsecretario de Turismo y yo ocupaba la titularidad de la Secretaría del Trabajo en el gobierno de Felipe Calderón. Desde entonces me llamó la atención su análisis agudo y su estructura mental y comunicacional.

A los 21 años, Anaya fue candidato a diputado en el más difícil distrito de su natal Querétaro, en plena sierra. Más tarde, logró ser diputado local y coordinador de su bancada en el Congreso de esa entidad además de haber sido presidente estatal del PAN. Como diputado federal presidió no hace mucho la Mesa Directiva de la Cámara de manera ejemplar a pesar de su corta edad (hoy tiene 36 años). Es consejero nacional del partido y fue coordinador del grupo parlamentario de Acción Nacional en San Lázaro.

El efímero paso por la presidencia nacional del PAN (mientras Gustavo Madero buscaba una curul plurinominal en la Cámara de Diputados) ha sido la época de mayor dignidad y congruencia en la dirigencia de nuestro instituto político desde finales de 2010 a la fecha.

Me atrevo a decir que una de las razones por las que ganó la contienda interna Gustavo Madero el año pasado fue porque Anaya era su compañero de fórmula. Fresco, articulado, confiable y congruente vino a darle a ese proyecto aquello de lo que carecía en su origen.

El tiempo me dio la razón en cuanto a las críticas que expresé públicamente por determinadas conductas y decisiones de Gustavo Madero. Ello me provocó intentos de sanción y amenazas de expulsión de las filas del partido. Me apena decirlo pero el tiempo me ha dado la razón.

Hoy puedo afirmar que apoyo a Ricardo Anaya porque no es hechura, ni herencia, ni entenado de Gustavo Madero. Si así fuera, no sólo me apartaría del proyecto sino que formularía críticas similares a las que he pronunciado hacia el todavía jefe nacional de nuestro partido.

Confío en que Anaya y la planilla que ayer se registró podrán sacar adelante al PAN. Confío en que Ricardo suma, une y proyecta bien. Es un panista que combina juventud con experiencia. Es la imagen fresca que puede reconquistar a los jóvenes y otros grupos de la sociedad de los que nos hemos apartado.

Estoy convencido de que el PAN gobierna y legisla mejor, mas no hemos sido capaces de defender a cabalidad los logros de nuestras gestiones. Creo que con Ricardo Anaya podremos tomar la senda que nos lleve de la contemplación a la acción; de ser una tibia oposición a ser contrapeso y nuevamente una opción confiable de gobierno; y a dejar de ser igual de vulgares políticos como aquellos que tanto criticamos para volver a ser distintos y distinguibles a partir de la congruencia, la eficacia y la honestidad. Que así sea.

Senador del PAN

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