En 1966 se estrenó la película El bueno, el malo y el feo, protagonizada por Clint Eastwood, que tuvo, por cierto, una excelente banda sonora, producida por Ennio Morricone, cuyo recuerdo nos lleva a otras películas del viejo oeste americano.

Tal vez desde entonces, se hizo frecuente calificar ciertas acciones de las personas y de las instituciones con los mismos adjetivos de los personajes de la mencionada película. Así pues, el 30 de abril terminó otro periodo de sesiones de la LXIII Legislatura del Congreso mexicano. ¿Qué fue lo bueno, lo malo y lo feo?

Desde luego que cualquier clasificación será subjetiva y cada uno tendrá la mejor opinión. Pero me parece que el Congreso de México dio un paso adelante al legislar a favor del uso medicinal y científico de la marihuana.

Con estas reformas a la Ley General de Salud se reconocen las propiedades medicinales al THC (tetrahidrocannabinol), lo que permitirá a pacientes importar medicamentos antes prohibidos, y que ayudarán a sobrellevar algunos de los efectos negativos a consecuencia de diversas enfermedades. Era importante también que México abriera este asunto al campo de la investigación para desarrollar e innovar en este campo de la medicina. Por cierto, México cuenta con una gran riqueza herbolaria, cuyo uso curativo es ancestral y propia de los pueblos originarios de América.

Seguramente con esta determinación las discusiones sobre otros usos de la marihuana continuarán; en particular los diputados de Acción Nacional mantendremos firme nuestra posición para evitar legalizar el cultivo, comercialización y uso recreativo de la marihuana, por sus graves efectos en la salud y por los trastornos sociales que genera. En esta materia sociedad y autoridades no tenemos derecho a bajar la guardia en torno a la creación y ejecución de políticas públicas asertivas para la prevención de las adicciones.

Lo malo, a mi juicio, de este periodo, es que no se aprobó la legislación en materia de desaparición forzada de las personas. Este es un grave problema social que lacera las fibras más sensibles de las familias. México seguirá lastimado mientras no exista justicia plena por la desaparición de los 43 en Iguala, en 2014.

Los registros oficiales señalan a más de 30 mil desaparecidos en México, pero existe una cifra negra que se confirma con los continuos hallazgos de fosas clandestinas a lo largo y ancho del territorio nacional.

Otro problema grave y que pone en entredicho a las autoridades son las llamadas fosas comunes, que luego de que son abiertas por la fuerza e insistencia de los ciudadanos, tal como ocurrió en Tetelcingo y Jojutla, Morelos, se comprueba que la autoridad es negligente, que también desaparece personas pues las inhuma sin registro o sin carpeta de investigación y por supuesto, sin la identificación plena.

Lo feo de este periodo, a mi juicio, se lo llevan quienes se negaron a iniciar el desafuero del diputado federal Antonio Tarek Abdalá Saad, hombre acusado de malversar más de 23 mil millones de pesos asignados al sector salud en Veracruz, cantidad que por ejemplo, equivale a un año del presupuesto total para el estado de Morelos.

Lamentable, que ni siquiera el costo electoral por el encubrimiento de la corrupción haya podido mover las conciencias de muchos.

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses