Star Wars, el despertar del celuloide

Herles Velasco

Cuando voy a Guadalajara y paso por la avenida Mariano Otero en un punto en el que hoy hay un enorme edificio de fachada deslavada, rodeado de malla ciclónica, en automático regreso a mi infancia, cuando al pasar por ese lugar había ahí mismo un impecable edificio amarillo dentro de un campo verde perfectamente cuidado; claro que en los albores de los 90 encontrar productos de la marca Kodak , y que salían de ese lugar para todo el país, era tan común como hoy los cafés de la tienda de la sirena verde; Kodak estaba en su apogeo y se notaba. Con la llegada de lleno de la posfotografía a mediados de aquellos mismos años 90, Kodak sucumbió a pesar de haber sido ellos quienes sacaron por primera vez al mercado la cámara digital un par de décadas antes. En los 2 miles, prácticamente todas las plantas de Kodak alrededor del mundo estaban en la misma situación que la de Guadalajara. Sin embargo, Kodak sobrevivió en los límites de la bancarrota a costa de préstamos e intentos de ganar demandas por violación de patentes a otras compañías, hasta 2013, cuando ocurrió el milagro. De unas semanas para acá, la cuenta de Kodak en Twitter muestra, a la menor provocación, publicidad de la nueva película de Star Wars: El despertar de la fuerza; y con razón, ya que la mayor parte del nuevo capítulo de la famosa saga fue filmado con celuloide empacado en amarillo, rojo y negro ¿por qué? por lo que pareciera un capricho (ok, parece también nostalgia). J.J. Abrahams, y también el futuro director del capítulo VIII de la Guerra de las Galaxias, Rian Jonhsonse, se han unido a esta moda retro a la que también es afecto el rey de las “Serie B”, Quentin Tarantino —quien dijo en Cannes hace un año que la tecnología de la era digital está matando al cine y su magia— todos ellos, salvadores (o hipsters) del negativo, sin suficientes argumentos técnicos o la motivación estética necesaria para dicha decisión, el espectador gana muy poco. Todo parece apuntar a un sentimiento altruista y, ahora sí, de nostalgia para con la marca ya que no sólo es más caro el celuloide que el moderno chroma, sino que los resultados son imperceptibles cuando la película se reproduce a través de los proyectores digitales actuales y que se usan en prácticamente todas las salas del mundo; hay que decir que el encanto del celuloide consiste, como en otros soportes análogos como el acetato, en percibir ciertos “errores” propios del proceso. J.J. Abrahams se tomó muy en serio, al menos en los materiales, aquello de devolver a Star Wars ese encanto de las primeras tres películas (si usted es milenial, léase la IV, V y VI); y el contenido puede ser estupendo, lo otro que quieren vender no, a menos que los fans tuvieran acceso a copias en negativo y contaran con un proyector análogo. Y no quiere decir que tomarse la molestia de hacer un producto a la manera tradicional con químicos y negativos y más y más trabajo no tenga su encanto, al contrario; pero no vale de mucho tener el whiskey más fino del mundo si lo vas a acabar sirviendo con sprite.

@Lacevos

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