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Repensemos las pensiones

Gerardo Esquivel

El sistema de pensiones de nuestro país es inefectivo, ya que un buen número de mexicanos no alcanzará a recibir la pensión mínima

Esta semana tuve la oportunidad de participar en la reunión 540 del Salzburg Global Seminar. Este seminario reunió en Salzburgo, Austria a invitados de diferentes países para discutir diversos aspectos en torno al tema del envejecimiento (pensiones, salud, cuidados, etc.). Dicho seminario tiene lugar bajo las reglas de anonimato de Chattam House, por lo que es posible comentar sobre lo discutido en la reunión siempre y cuando no se atribuya nada de lo dicho a alguien en particular.

Uno de los grupos de trabajo discutió sobre los sistemas de pensiones y la forma de asegurar y mejorar la cobertura de los grupos vulnerables, entendiendo por vulnerables a todas aquellas personas que por una u otra razón podrían llegar a su vejez con ingresos por debajo de la línea de pobreza. Esto incluye a personas que se mantuvieron fuera de la fuerza de trabajo; a aquellos que sí participaron en la fuerza laboral pero que lo hicieron en el sector informal; a aquellos que tienen bajos ingresos o bajas calificaciones y que, por lo tanto, tienen bajos ingresos incluso durante su vida laboral; a aquellos que, aunque hubieran tenido ingresos altos durante su vida laboral, entraron y salieron del mercado de trabajo y, por lo tanto, pudieron no haber contribuido lo suficiente como para tener acceso a una pensión razonable; a aquellos que trabajan en actividades con ingresos esporádicos (como artistas o escritores, por ejemplo); a aquellos que trabajan en sectores sujetos a un posible cambio estructural (por ejemplo, aquellos que laboran en sectores que podrían ser mecanizados eventualmente), etc.

Después de discutir sobre las ventajas y desventajas de los distintos sistemas de pensiones, el grupo llegó a un acuerdo sobre cuál podría ser un sistema de pensiones cercano al ideal. Dicho sistema debería tener al menos tres pilares: el primero, uno básico, debería ser una pensión no contributiva, es decir, que no sea financiada mediante contribuciones directas a la seguridad social sino mediante impuestos generales. Esto lograría una desvinculación de las personas con respecto a su situación en el mercado laboral y podría garantizar un ingreso mínimo a cualquier persona durante su vejez. Esto sería particularmente benéfico para aquellos que nunca se incorporaron a la fuerza laboral (especialmente mujeres) y para aquellos que por alguna razón trabajaron en el sector informal o que contribuyeron intermitentemente al sistema de pensiones. Este pilar podría ser de acceso universal en aquellos países en donde la pobreza en la vejez sea muy generalizada o podría estar sujeta a algunas restricciones (means tested) en aquellos países con mayor nivel del ingreso.

El segundo pilar debería ser del tipo solidario intergeneracional (también conocido como Pay as you Go). Este esquema tiene la ventaja de que contendría un componente de aseguramiento social para los trabajadores (es decir, la pensión se recibe o no dependiendo del tiempo que uno viva), además de que lo recibido estaría en función del ingreso de los contribuyentes. Este pilar garantizaría una segunda fuente de ingresos para los trabajadores que hayan contribuido al sistema. Para que este esquema funcione las contribuciones deberían ser suficientes para incorporar la mayor esperanza de vida y debería establecerse una edad de retiro mayor a la tradicionalmente utilizada.

Finalmente, un tercer pilar que consista de cuentas de ahorro individuales. Esto contribuiría al ahorro personal y tendría la ventaja de que tomaría en cuenta la heterogeneidad de los individuos en torno a su actitud frente al ahorro y la incertidumbre. Así, individuos más precavidos podrían ahorrar más si así lo desearan, con la ventaja de que los recursos ahorrados les pertenecerían a ellos e incluso podrían heredarlos a sus descendientes en un momento dado (lo que difiere de los otros dos componentes). Para que este esquema funcione, sin embargo, es preciso una regulación muy estricta de las administradoras de fondos de retiro para evitar que los altos costos de administración terminen “comiéndose” los recursos de los ahorradores.

Un esquema de pensiones con estas características sería deseable para cualquier economía porque combinaría las características de tres esquemas que en ocasiones han sido vistos como alternativos. Esta discusión resulta muy oportuna para México considerando que la OCDE ha sugerido recientemente que el sistema de pensiones de nuestro país debe ser revisado, ya que es inefectivo en términos de su cobertura, su fragmentación y del hecho de que un buen número de mexicanos no alcanzará a recibir la pensión mínima garantizada que prometió el nuevo sistema, por lo que será el gobierno el que deba asumir dichos costos en el futuro. Estamos a tiempo de iniciar esta discusión y de hacerlo con seriedad y rigurosidad. Hagámoslo ahora antes de que el futuro nos alcance.

Economista.

@esquivelgerardo

[email protected]

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