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México en la era Trump, una difícil relación

Enriqueta Cabrera

México no puede negociar en condiciones de amenaza y debilidad, sino de respeto mutuo y de igualdad

Donald Trump al asumir la presidencia de Estados Unidos, afirmó que esa ceremonia sería recordada no sólo como una transferencia pacífica y ordenada del poder, sino por su particular significado al regresar el poder de Washington a la gente. Refrendó sus promesas al electorado. Por su tono y contenido, el discurso inaugural de Trump fue una nueva arenga de campaña. “Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no serán olvidados.” Habló contra el establishment de Washington, reiteró a los estadounidenses que su voz, sus esperanzas y sus sueños definirán el destino de América.” Definió que el movimiento que llevó a su gobierno “determinará el rumbo del país y de todo el mundo.” Mantuvo su promesa de recuperar empleos y empresas, de acabar con tratados comerciales injustos y que de ahora en adelante Estados Unidos estará primero siempre.

 

Se comprometió a unificar al país, claramente dividido, pero aún cuando fue electo y asumió la presidencia, no logra persuadir a todos los estadounidenses. La ceremonia de inauguración en el Capitolio, estuvo acompañada de protestas en Washington y en otras ciudades, el panorama es complejo. Donald Trump asume la Presidencia de Estados Unidos con un país dividido, con la aprobación del 40% la más baja de los últimos presidentes. Obama tenía el 79% de aprobación, George W. Bush el 62%, Reagan el 58%.

 

Destaca que la Casa Blanca de Trump, inmediatamente después de la ceremonia en el Capitolio estableció tres cuestiones de interés para México: Llamará a Canadá y a México para que se renegocie y se modifique el TLCAN que está en vigor desde 1994, afirmando que se cambia o Estados Unidos se retira. Esto en el marco de una política más amplia de acabar con “tratados comerciales fallidos” que dañan a los trabajadores estadounidenses.

 

Dejó planteado el peor escenario: iniciar una negociación, a partir de amenazas. Es el TLCAN un tratado fallido, ¿cómo y por qué? Si desapareciera el tratado México y Estados Unidos sufrirían graves consecuencias allá. Se perderían prácticamente de inmediato 5 millones de empleos, se encarecerían muchos productos para los consumidores, nuevos aranceles perjudicarían a ambos países, sufrirían mucho más los estados de la frontera, como Texas, Arizona o California, se complicarían o destruirían cadenas de producción. Tal vez México debiera aprovechar la oportunidad para entablar otras relaciones comerciales.

 

El otro tema abordado ya también por la Casa Blanca es la construcción del muro y el problema de los “ilegales” que roban empleos a los trabajadores estadounidenses según ha reiterado Trump con una visión tan estrecha como desconocedora de una parte de Estados Unidos.

 

De manera que para México las cosas están claras: la relación entrará en una tensión inmediata y tendrá que definir una nueva forma de relación con Estados Unidos. Que deja planteadas varias interrogantes, ¿es posible y conveniente iniciar una negociación bajo amenazas? ¿Qué repercusiones tendría por un lado abrir una negociación que podría llevar meses y crear una gran incertidumbre en materia económica y comercial para México? La relación con México es compleja y habría que revisar no sólo las cuestiones a las que se refiere hoy el recién llegado Presidente, sino también otras cuestiones que tienen que ver con la relación bilateral y la colaboración de México con Estados Unidos en materia de seguridad, de frontera, de ciudades en esa línea fronteriza perfectamente integradas y a las que algunos han llamado una especie de tercer país. Se tendría que analizar también por parte de los Estados fronterizos de ambos países los impactos en el empleo, la economía, el comercio, los intercambios…

 

Pero sobre todo México tiene que tener una estrategia clara. No se puede negociar en condiciones de amenaza y debilidad, sino de respeto mutuo y de igualdad, esa es la primera condición. Tampoco puede aceptar injerencias en nuestra soberanía, ni violación unilateral a los acuerdos o tratados. México negoció la devolución del Chamizal y demostró que tenía la razón de acuerdo con los tratados firmados. México sabe negociar y lo hizo también en el TLCAN que resultó en beneficios para los tres países por más que ello se desconozca hoy .

 

Hay lecciones de la historia que no se debieran olvidar: hay ocasiones en que simplemente no se negocia. No lo hizo México cuando la nacionalización del petróleo por Lázaro Cárdenas, ni cuando durante el gobierno de Reagan México encabezó del grupo multinacional de Contadora para impedir la intervención de Estados Unidos en Centroamérica durante el gobierno de Miguel de la Madrid. Y por cierto que Reagan en su segundo periodo regularizó la situación de alrededor de 2.5 millones indocumentados. Tampoco negoció Venustiano Carranza con Estados Unidos cuando la intervención armada en Veracruz en plena Revolución, ni cuando 10,000 soldados del ejército de Pershing intervinieron en Chihuahua buscando a Villa. México simplemente exigió la salida de las tropas estadounidenses del país, no negoció.

 

Lo que no debiera olvidar Trump, o conocer si no lo conoce, es el gran entramado y complejidad de la buena relación con México y lo mucho que significa para Estados Unidos. Y habría que recordarle que fueron muchos trabajadores mexicanos los que participaron en la construcción en su país de los de ferrocarriles y de carreteras a principios de siglo, de cultivos en el campo durante la II Guerra Mundial. ¿No sabe Trump, que California no sería la quinta economía del mundo sin el trabajo de los mexicanos y los latinos? ¿Ya calculó lo que significaría acabar con el TLCAN para Estados Unidos? En materia de frontera lo que se necesita es un acuerdo migratorio, que los republicanos han cancelado por lo menos en dos ocasiones en años recientes.

 

Lo que no puede hacer México es sentarse a negociar bajo amenazas, sin tener un rumbo claro de lo que se puede hacer. Y no habría que olvidar que Canadá es también parte del TLCAN. ¿Acaso no sería mejor agregar algunas cláusulas al Tratado, que abrirlo a una negociación sin rumbo y de alto costo? No todo es blanco y negro, ni “yo digo y tu aceptas” porque te amenazo. El interés nacional es mucho más complejo que eso y el respeto a los Tratados, a los derechos humanos y al derecho internacional también.

Periodista y analista internacional

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